miércoles, 28 de febrero de 2018

LA ORACIÓN CUARESMAL






1. Durante la Cuaresma oímos frecuentemente las palabras: oración, ayuno, limosna, que ya recordé el Miércoles de Ceniza. Estamos habituados a pensar en ellas como en obras piadosas y buenas que todo cristiano debe realizar, sobre todo en este período. Tal modo de pensar es correcto, pero no completo. La oración, la limosna y el ayuno requieren ser comprendidos más profundamente si queremos insertarlos más a fondo en nuestra vida y no considerarlos simplemente como prácticas pasajeras, que exigen de nosotros sólo algo momentáneo o que sólo momentáneamente nos privan de algo. Con tal modo de pensar no llegaremos todavía al verdadero sentido y a la verdadera fuerza que la oración, el ayuno y la limosna tienen en el proceso de la conversión a Dios y de nuestra madurez espiritual. Una y otra van unidas: maduramos espiritualmente convirtiéndonos a Dios, y la conversión se realiza mediante la oración, como también mediante el ayuno y la limosna, entendidos adecuadamente.

Acaso convenga decir que aquí no se trata sólo de prácticas pasajeras, sino de actitudes constantes que dan una forma duradera a nuestra conversión a Dios. La Cuaresma, como tiempo litúrgico, dura sólo cuarenta días al año: en cambio, debemos tener siempre a Dios; esto significa que es necesario convertirse continuamente. La Cuaresma debe dejar una impronta fuerte e indeleble en nuestra vida. Debe renovar en nosotros la conciencia de nuestra unión con Jesucristo, que nos hace ver la necesidad de la conversión y nos indica los caminos para realizarla. La oración, el ayuno y la limosna son precisamente los caminos que Cristo nos ha indicado.

En las meditaciones que seguirán trataremos de entrever cuán profundamente penetran en el hombre estos caminos: que significan para él. El cristiano debe comprender el verdadero sentido de estos caminos si quiere seguirlos.

Jesús enseña a sus discípulos a orar.





2. Primero, pues, el camino de la oración. Digo primero, porque deseo hablar de ella antes que de las otras. Pero diciendo primero, quiero añadir hoy que en la obra total de

nuestra conversión, esto es, de nuestra maduración espiritual, la oración no está aislada de los otros dos caminos que la Iglesia define con el termino evangélico de ayuno y limosna. El camino de la oración quizá nos resulta más familiar. Quizá comprendemos con más facilidad que sin ella no es posible convertirse a Dios, permanecer en unión con Él, en esa comunión que nos hace madurar espiritualmente. Sin duda, entre vosotros, que ahora me escucháis, hay muchísimos que tienen una experiencia propia de oración, que conocen sus varios aspectos y pueden hacer partícipes de ella a los demás. En efecto, aprendemos a orar orando. E1 Señor Jesús nos ha enseñado a orar ante todo orando Él mismo: «y pasó la noche orando» (Lc. 6,12); otro día, como escribe San Mateo, «subió a un monte apartado para orar y, llegada la noche, estaba allí sólo» (Mt. 14,23). Antes de su pasión y de su muerte fue al monte de los Olivos y animó a los apóstoles a orar, y Él mismo, puesto de rodillas, oraba. Lleno de angustia, oraba más intensamente (cf. Lc 22,39- 46). Sólo una vez, cuando le preguntaron los apóstoles: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1), les dio el contenido más sencillo y más profundo de su oración: el «Padrenuestro.

Dado que es imposible encerrar en un breve discurso todo lo que se puede decir o lo que se ha escrito sobre el tema de la oración, querría hoy poner de relieve una sola cosa. Todos nosotros, cuando oramos, somos discípulos de Cristo, no porque repitamos las palabras que Él nos enseñó una vez –palabras sublimes, contenido completo de la oración–; somos discípulos de Cristo incluso cuando no utilizamos esas palabras. Somos sus discípulos sólo porque oramos: «Escucha al Maestro que ora; aprende a orar. Efectivamente, para esto oró Él, para enseñar a orar», afirma San Agustín (Enarrationes in Ps. 56,5). Y un autor contemporáneo escribe: «Puesto que el fin del camino de la oración se pierde en Dios, y nadie conoce el camino excepto el que viene de Dios, Jesucristo, es necesario (...) fijar los ojos en Él sólo. Es el camino, la verdad y la vida. Sólo Él ha recorrido el camino en las dos direcciones. Es necesario poner nuestra mano en la suya y partir» (Y. Raguin, Chemins de la contemplation, Desclee de Brouwer, 1969, p.179). Orar significa hablar con Dios –o diría aún más–, orar significa encontrarse en el único Verbo eterno a través del cual habla el Padre, y que habla al Padre. Este Verbo se ha hecho carne, para que nos sea más fácil encontrarnos en Él también con nuestra palabra humana de oración. Esta palabra puede ser muy imperfecta a veces, puede tal vez hasta faltarnos; sin embargo, esta incapacidad de nuestras palabras humanas se completa continuamente en el Verbo, que se ha hecho carne para hablar al Padre con la plenitud de esa unión mística que forma con Él cada hombre que ora; que todos los que oran forman con Él. En esta particular unión con el Verbo está la grandeza de la oración, su dignidad y, de algún modo, su definición.

Es necesario sobre todo comprender bien la grandeza fundamental y la dignidad de la oración. Oración de cada hombre. Y también de toda la Iglesia orante. La Iglesia llega, en cierto modo, tan lejos como la oración. Dondequiera que haya un hombre que ora.

La plegaria del Padrenuestro.





3. Es necesario orar basándose en este concepto esencial de la oración. Cuando los discípulos pidieron al Señor Jesús: «Enséñanos a orar», Él respondió pronunciando las palabras de la oración del Padrenuestro, creando así un modelo concreto y al mismo tiempo universal. De hecho, todo lo que se puede y se debe decir al Padre está encerrado en las siete peticiones que todos sabemos de memoria. Hay en ellas una sencillez tal, que hasta un niño las aprende, y a la vez una profundidad tal, que se puede consumir una vida entera en meditar el sentido de cada una de ellas. ¿Acaso no es así? ¿No nos habla cada una de ellas, una tras otra, de lo que es esencial para nuestra existencia, dirigida totalmente a Dios, al Padre? ¿No nos habla del pan de cada día, del perdón de nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos, y, al mismo tiempo, de preservarnos de la tentación y de librarnos del mal?

Cuando Cristo, respondiendo a la pregunta de los discípulos «enséñanos a orar», pronuncia las palabras de su oración, enseña no sólo las palabras, sino enseña que en nuestro coloquio con el Padre debemos tener una sinceridad total y una apertura plena. La oración debe abrazar todo lo que forma parte de nuestra vida. No puede ser algo suplementario o marginal. Todo debe encontrar en ella su propia voz. También todo lo que nos oprime; de lo que nos avergonzamos; lo que por su naturaleza nos separa de Dios. Precisamente esto, sobre todo. La oración es la que siempre, primera y esencialmente, derriba la barrera que el pecado y el mal pueden haber levantado entre nosotros y Dios.

A través de la oración, todo el mundo debe encontrar su referencia justa: esto es, la referencia a Dios: mi mundo interior y también el mundo objetivo, en el que vivimos y tal como lo conocemos. Si nos convertimos a Dios, todo en nosotros se dirige a Él. La oración es la expresión precisamente de este dirigirse a Dios; y esto es, al mismo tiempo, nuestra conversión continua: nuestro camino.

Dice la Sagrada Escritura:

«Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, así la palabra que sale de mi boca no vuelve a mi vacía, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión» (Is 55,10?11).

La oración es el camino del Verbo que abraza todo. Camino del Verbo eterno que atraviesa lo íntimo de tantos corazones, que vuelve a llevar al Padre todo lo que en Él tiene su origen.

La oración es el sacrificio de nuestros labios (cf Heb 13,15). Es, Como escribe San Ignacio de Antioquia, «agua viva que susurra dentro de nosotros y dice: ven al Padre» (cf. Carta a los romanos VII 2).



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuentes: Catequesis de Juan Pablo II, 14/2/79

lunes, 26 de febrero de 2018

ROSARIO DE LA BUENA MUERTE





El rosario es uno de los actos religiosos católicos más unido a la devoción a la Virgen María. Por eso, se propone el canto de este rosario que tanto ha sonado por los pueblos durante la Semana Santa.


ROSARIO DE LA BUENA MUERTE



*Danos Señor buena muerte, por tu santísima muerte.



Primer Misterio

- Por la jornada que hiciste, del cielo al mundo a salvarnos.

- Por la humildad y pobreza, con que naciste en Belén.

*

- Por la sangre que vertiste, cuando te circuncidaron.

- Por el dulcísimo nombre, de Jesús que te pusieron.

*

- Por la humildad con que fuiste, en el templo presentado.

- Por la abstinencia y ayuno, que en el desierto guardaste.

*

- Por el celo de las armas, con que andabas predicando.

- Por la muy solemne entrada, que hiciste en Jerusalén.

*

- Por la Cena del Cordero, que en el jueves celebraste.

- Por lo liberal que fuiste, en darnos tu cuerpo y sangre.



María Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Líbranos del enemigo, en nuestra última hora.



Segundo Misterio

- Por la oración en el huerto, que hiciste a tu Eterno Padre.

- Por el gran sudor de sangre, que en tu cuerpo padeciste.

*

- Por la grande mansedumbre, con que dejaste prenderte.

- Por la crueldad con que fuiste, de los verdugos atado.

*

- Por el tropel con que fuiste, llevado a casa de Anás.

- Por las injurias y oprobios, que en su presencia te hicieron.

*

- Por las prisa y vilipendio, con que ante Caifás te llevaron.

- Por la cruel bofetada, que recibiste de Malco.

*

- Por la aflición y con que fuiste, presntado ante Pilato.

- Por los falsos testimonios, que contra ti levantaron.



María Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Líbranos del enemigo, en nuestra última hora.



Tercer Misterio

- Por lo ultrajado que fuiste, en tu presencia ante Herodes.

- Por el desprecio que oiste, de este rey y sus privados.

*

- Por la ignonimia y desprecio, con que volviste a Pilato.

- Por lo que en este ida y vuelta, te ultrajaron los soldados.

*

- Por la burla y velamiento, de tus ojos soberanos.

- Por los cinco mil azotes, que a la columna te dieron.

*

- Por el dolor que pasaste, al coronarte de espinas.

- Por los desprecios que oiste, siendo sacado al balcón.

*

- Por la sentencia de muerte, que dio contra ti Pilato.

- Por la interior alegría, que con la Cruz recibiste.



María Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Líbranos del enemigo, en nuestra última hora.



Cuarto Misterio

- Por la fatiga y congojas, que con la Cruz padeciste.

- Por las caídas que diste, hasta llegar al Calvario.

*

- Por la vergüenza y dolor, que hubiste al ser desnudado.

- Por el terrible dolor, que pasaste al esclavarte.

*

- Por las blasfemias que oiste, al poner la Cruz en alto.

- Por la sed que padeciste, en tu boca soberana.

*

- Por el amargo que en ella, dejó la hiel y vinagre,

- Por la promesa que hiciste, del Paraíso al ladrón.

*

- Por el perdón que pediste, para todos tus contrarios.

- Por la aflicción y congojas, que al expirar padeciste.



María Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Líbranos del enemigo, en nuestra última hora.



Quinto Misterio

- Por la llaga que te abrieron, en tu pecho sacrosanto.

- Por aquella sangre y agua, que por ella derramaste.

*

- Por las penas y amarguras, de tu Santisima Madre.

- Por la aflicción que pasó, viéndote muerto en sus brazos.

*

- Por el dolor que sintió, al verte dar sepultura.

- Por las angustias y penas, que en su soledad pasó.

*

- Por tu muerte y sepultura, por tu santa resurrección.

- Por tu admirable Ascensión, en el monte de los olivos.

*

- Por tu gloria que posees, a la diestra de Dios Padre.



María Madre de Gracia, Madre de Misericordia.

Líbranos del enemigo, en nuestra última hora.




ORACION FINAL



Este rosario Señor que ahora os hemos rezado a vuestras plantas me ofrezco, aunque pecador ingrato, más vaya por la pasión que pasaste en Jueves Santo también viernes en la cruz te sacaron a lo alto y te dejaron caer sobre unos duros peñascos, donde las llagas y heridas de nuevo se renovaron, hay Jesús del alma mía quien pudiera contemplarlo, yo soy la oveja perdida que ando por campo vedado y ahora me vengo Jesús a recogerme a tu lado. Por el Padre que me crío, por el Padre que se me ha dado, por el Padre que por mi quiso ser muerto y crucificado y a las ánimas benditas ofrezcamos estos pasos y en la gloria celestial todos juntos nos veamos.





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.


Fuente: (Popular). 

sábado, 24 de febrero de 2018

EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA CUARESMAL EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO




En el tiempo litúrgico de cuaresma, como es sabido, los católicos están obligados a guardar el ayuno y la abstinencia de comer carne. Básicamente el ayuno obliga a todos los fieles católicos entre 18 y 59 años y consiste en abstenerse de comer alimento sólido el miércoles de ceniza y el viernes santo, permitiéndose una comida al mediodía y dos pequeñas colaciones, una por la mañana y otra por la noche.

Para cumplir el precepto de la abstinencia los fieles han de evitar comer carne (u otro alimento determinado por la Conferencia Episcopal) el miércoles de ceniza y todos los viernes del año que no coincidan en solemnidad. Sin embargo, muchas conferencias episcopales han autorizado que los fieles sustituyan esta mortificación -excepto en cuaresma- por alguna obra de piedad o de caridad. Una descripción más detallada de estas normas se puede consultar en el artículo La obligación de guardar ayuno y abstinencia los días de penitencia.

La norma del ayuno y la abstinencia tiene un sentido de penitencia. En efecto, el Señor indicó a sus discípulos que debían ayunar cuando Él no estuviera entre nosotros: “días vendrán cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán” (Mt 9, 15). En el actual momento en que el Señor no está con nosotros, por lo tanto, debemos ayunar.

Sin embargo, hoy día en ciertos ambientes es fácil encontrar críticas a la norma del ayuno y de la abstinencia. Se echa en cara de los católicos que con las actuales disposiciones de la Iglesia no peca quien se abstiene de comer carne, pero come pescado de calidad o mariscos. O quien espera a las doce de la noche para comer embutidos después de un viernes o para romper el ayuno del miércoles de ceniza con una abundante cena. ¿Qué se puede contestar a estas críticas?



La norma de la abstinencia de la carne en otras épocas era una penitencia con un sentido claro de mortificación. En momentos históricos en que difícilmente llegaban a todas las ciudades alimentos variados de calidad, abstenerse de carne significaba pasar el día comiendo verduras o pescado malo. Hoy día los medios de transporte permiten comer cualquier alimento de calidad en cualquier población, y efectivamente la norma de la Iglesia lo permite. Quienes actúan de esta manera no cometen pecado. Actualmente la penitencia que impone la Iglesia con esta normativa no es la mortificación, sino la obediencia. Lo que cuesta no es abstenerse de la carne, sino obedecer a la Iglesia. Y se debe tener en alta estima la actitud de quienes obedecen a la Iglesia en los actuales tiempos en que se da tanta deslealtad.

Ciertamente quienes esperan a comer carne a que pasen las doce de la noche después de un viernes, no pecan. Manifiestan obediencia a la Iglesia. No conozco ningún caso real al respecto, pero si se diera, los pastores de almas no deben gravar la conciencia de quienes comen carne pasadas las doce de la noche, pues si la Suprema Autoridad de la Iglesia no lo exige, no lo pueden exigir quienes no tienen potestad para dar normas. Se puede alegar que quienes actuaran de esta manera –lo cual, como ya ha quedado indicado, es verdaderamente infrecuente– actúan en contra del espíritu de la ley, pero no es correcto usar el espíritu de la ley para obtener una interpretación contraria a la letra de la ley.

Sin embargo, la cuestión quedaría incompleta tal como hemos planteado hasta el momento pues queda pendiente concretar la necesidad de ayunar y hacer penitencia. Un planteamiento como el que estamos haciendo puede parecer un simple formalismo o un cumplimiento externo de la ley, y no podemos olvidar que el Señor imprecó a los fariseos por ello (cf. Mt 23 16-23).

El ayuno y la penitencia son obligatorios para los cristianos por disposición divina, aunque las formas concretas de realizar estas prácticas las ha de concretar cada uno. Como ya hemos visto la Iglesia puede considerar oportuno imponer de modo obligatorio ciertas prácticas, pero se debe advertir que su cumplimiento no agota necesariamente el mandato que nos dio el Señor de hacer penitencia y ayunar. Será cada fiel cristiano el que en conciencia debe hacer examen sobre si cumple realmente con el mandato del Señor con el ayuno y la penitencia que hace.



En este sentido se debe tener en cuenta que la penitencia en los tiempos actuales no se debe reducir a lo que se refiere a alimentos. En un mundo en que abundan los medios materiales se puede ayunar de todo lo que signifique consumismo. Juan Pablo II recomendó el ayuno de televisión por cuaresma: “¡En cuántas familias el televisor parece sustituir, más que favorecer, el diálogo entre las personas! Cierto ayuno, también en este ámbito, puede ser saludable, tanto para dedicar mayor tiempo a la reflexión y a la oración, como para cultivar las relaciones humanas” (Juan Pablo II, Ángelus, 10 de marzo de 1996). Del mismo modo los cristianos podrían hacer ayuno de internet, y varios Obispos lo han recomendado.

Por lo tanto, todos los cristianos deben hacer penitencia y han de ayunar: también aquellos que esperan a las doce de la noche para comer carne o quienes comen mariscos y pescados de calidad en viernes de cuaresma.




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuentes: Escrito de Pedro María Reyes Vizcaíno,

miércoles, 21 de febrero de 2018

HISTORIA Y USO DE LA MANTILLA: ORIGEN, EVOLUCIÓN Y USOS




La evolución de esta prenda estuvo marcada por factores sociales, religiosos e incluso climáticos

Historia de la mantilla



Aunque el origen no es del todo bien conocido, se cree que los primeros velos y mantos que utilizaban las mujeres como adorno y como prenda de abrigo, son el origen de las primeras mantillas conocidas; fueron utilizadas, principalmente, como piezas ornamentales en el vestuario de la mujer.


El origen de la mantilla, según algunos historiadores, se remonta a la época de los Íberos ya que aparecen figuras prerrománicas con finos tocados en la cabeza. Otra teoría defiende que provienen del velo musulmán, adoptado de buen grado por las mujeres mozárabes.

La mantilla es una prenda popular española consistente en un elegante tocado de encaje, un velo que enaltece el rostro femenino. La mantilla es la prenda que identifica a la mujer española en el mundo y forma parte además de diferentes tradiciones tanto religiosas como culturales, tales como la Semana Santa o las corridas de toros.




Evolución de la mantilla

La evolución de esta prenda estuvo marcada por factores sociales, religiosos e incluso climáticos. Estos últimos eran visibles, en el tipo de tejido utilizado para su confección. En la zona norte se utilizaban tejidos tupidos con una finalidad clara: servir de abrigo.


En la zona sur, se utilizaban tejidos con fines meramente ornamentales, como la seda. En ambos casos, podían ir finamente ornamentadas, las de "fiesta" que se lucían en ocasiones señaladas, o sencillamente adornadas, las de "diario".



Cuando se empezó a utilizar la mantilla

Los primeros usos de la mantilla se dieron entre el pueblo. No eran utilizadas por las altas clases sociales o aristocracia. Eran utilizadas, más a modo de manto de abrigo que como prenda ornamental, sin hacer uso de la peineta.


A principios del siglo XVII, comienza una evolución de la mantilla dejando paso a una pieza más ornamental en el vestuario femenino, al sustituir, poco a poco, el paño por los encajes. Poco a poco, empieza a extenderse el uso de esta prenda como ornamento, aunque habría que esperar hasta bien entrado el siglo XVIII para que la mantilla empiece a ser utilizadas por las clases más altas
.




La reina Isabel II (1833-1868), muy aficionada al uso de tocados y diademas, empieza a popularizar el uso de la mantilla, costumbre que pronto adoptan las mujeres más cercanas a ella. Las damas cortesanas y de altos estratos sociales, comienzan a utilizar esta prenda en diversos actos sociales, lo que contribuye, en gran medida, a darle un aire distinguido, tal y como ha llegado a nuestros días (aunque su uso es muy limitado y poco generalizado).



Su uso, tiene un claro retroceso, a la muerte de la soberana, aunque mantiene un cierto arraigo en el centro y sur de la península. Como podemos ver, se mantiene su uso, en lugares donde la utilización no tiene nada ver como prenda de abrigo sino meramente ornamental. Aun hoy en día perdura esta costumbre y es más fácil ver mantillas en el centro o sur de nuestro país que en la zona norte.

"La revolución de las mantillas, fue una forma de protesta de las mujeres españolas frente a las nuevas costumbres extranjeras"



El reducido uso de la mantilla en épocas siguientes al reinado de Isabel II, tiene, entre otros motivos, su origen en el uso de otras costumbres que imponían los nuevos monarcas. Un hecho reseñable, es el conocido como "la conspiración de las mantillas". Una forma de protesta de las mujeres españolas frente a las nuevas costumbres extranjeras que parecían querer imponer Amadeo I rey de España (Amadeo de Saboya 1845-1890) y su esposa Maria Victoria. Amadeo I renunció al trono de España al cabo de poco tiempo (tres años aproximadamente), debido a la "ingobernabilidad" de los españoles.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la mantilla deja de ser una prenda de uso "cotidiano" en eventos, y empieza su declive. Tan solo se conserva, una pequeña "mantilla" que suelen utilizar las señoras en la iglesia, a la que se la conocía como "toquilla" (pañuelo, generalmente triangular, que se ponen las mujeres en la cabeza). Podemos indicar que se trata de una versión "reducida" de la mantilla, que se viste sin peineta.



Actualmente, la mantilla se puede ver, casi de forma exclusiva, en los toros, la Semana Santa y en las bodas. No es fácil verla en otros eventos o ceremonias. Y hablando de ceremonias, vamos a ver cómo "vestir" la mantilla.


Vestir la mantilla



Para cualquier tipo de evento (Semana Santa, boda, toros...) la mantilla deberá contar con el largo adecuado a cada persona. Por la parte delantera, deberá contar con un largo hasta la altura de las manos, y por la parte trasera, un largo unos dedos por debajo de la altura de la cadera. Para evitar el "vuelo" de la mantilla, es conveniente sujetarla al vestido de forma discreta (generalmente por los hombros).



Dicen los estilistas, que un truco para hacer una buena sujeción y con suficiente "holgura", es ladear la cabeza al lado izquierdo, y sujetar la mantilla del hombro derecho y viceversa (ladear la cabeza hacia la derecha y sujetar la mantilla en el hombro izquierdo).

¿Qué tejido elegir para la mantilla?



Tiene varias opciones en función del presupuesto y del gusto personal:

Blonda

Es un tipo de encaje de seda, caracterizado por la utilización de grandes motivos, sobre todo florales, que se realizan en seda más brillante que el resto de la mantilla (que se suele realizar en seda mate, para hacer resaltar más los bordados). Tiene una característica muy peculiar, que son las ondulaciones de sus bordes, al que algunos autores han denominado "puntas de castañuelas" por su similitud con estas.



Chantilly

Como su nombre indica, utilizan un tejido proveniente de esta ciudad francesa, ligero y elegante. Al igual que el resto de las mantillas, suele estar profusamente bordado de diversos motivos.

Tul

Es un tejido delgado y transparente, de seda, hilo o algodón, y podemos decir que el tachado de más "corriente" para las mantillas. Suelen utilizarse a modo de imitación de las mantillas de blonda y chantilly. Son las conocidas mantillas de encaje.

Elegir una peineta




En cuanto a la peineta, deberemos decantarnos por una adecuada a nuestra altura y la de nuestra "pareja", si va acompañada. Las mejores son las de carey, aunque hay otras variedades. Si es bajita, puede optar por una peineta alta, aunque son más difíciles de llevar. Si se es alta, y de cara alargada, puede optar por una peineta más baja (y mucho más cómoda de llevar). En todo caso, hay que ajustarla bien al moño y cubrirla de forma correcta y bien equilibrada con la mantilla.

Llevar la mantilla como Dios manda



No hay una norma fijada, pero sí hay unas pautas marcadas por el protocolo social y la tradición.

¿Cómo vestir correctamente?

Para empezar, el vestido debe ser negro liso totalmente, de una pieza y sin brillos. "Un modelo básico que haga forma, pero sin que se ciña en exceso al cuerpo. Tampoco faldas globo, vuelos o similar". Tejidos hay para elegir: crepé, lana fina, seda… y terciopelo dependiendo de la climatología que acompañe a la Semana Santa. El largo debe ser, como mínimo, tapando la rodilla, con manga larga o francesa y cuello a la caja o barco. Nada de escotes de pico o demasiados pronunciados, así como están prohibidas las chaquetas y las toreras. Y menos de encaje.

Las medias deben ser negras o como mucho transparentes, finas, sin costuras o adornos. Se excluyen también las de rejilla o tupidas. Y como zapatos, unos de tipo salón, sin plataforma y con tacón medio. "Debe ser de una altura con la que se esté cómoda para realizar toda la procesión, porque a veces se lleva demasiado alto y cuesta andar, estropeando todo el conjunto".

No debe faltar un peinado con un recogido bajo o a media altura. Y nada de ponerse flores en el pelo ni en el escote

Los complementos son uno de los puntos en donde más se falla. “Vestirse de mantilla no es disfrazarse y muchas mujeres se ponen demasiadas cosas", comenta Urquízar. Los pendientes deben ser sobrios, nada llamativos, con preferencia por la plata envejecida, el oro blanco, las perlas o azabaches. En estas fechas está prohibidos los corales, que se utilizan para las mantillas blancas. Si no se lleva la medalla de la cofradía, se puede completar el conjunto con una cadenita con una cruz o un collar de perlas discreto.

Uno de los puntos fundamentales es la propia mantilla, que debe sujetarse a la peineta con un broche de plata u oro blanco no demasiado brillante, y que nunca supere el largo de la falda. Los guantes se recomiendan negros cortos sin encaje, que pueden acompañarse con un rosario. El maquillaje, como el resto del conjunto, tenderá a ser lo más natural posible. Igual que la manicura. Por supuesto, no debe faltar un peinado con un recogido bajo o a media altura. Y nada de ponerse flores en el pelo ni en el escote.

"A la hora de elegir cómo vestirse de mantilla hay que tener en cuenta una cosa: menos es más". Y más en estas fechas donde se impone la sobriedad.

Los 10 Mandamientos Para Vestir De Mantilla



En unos días llega la Semana Santa y con ella una etapa de creencia y respeto, en la que nazarenos, costaleros, saetas y mantillas llenan las calles, y es en estas últimas donde vamos a hacer hincapié, ya que, como todo, tiene su protocolo y a veces, sobre todo si te vistes por primera vez, puedes no saber muy bien qué llevar y cómo llevarlo.


¿A qué edad se puede vestir de mantilla?

Nunca antes de los 18 años. Pero cada vez es mas usual ver niñas y jovencitas en las estaciones de penitencia vistiendo mantilla, saltándose las pautas marcadas por el protocolo social y la tradición.

¿Qué color de mantilla usar?





La Mantilla en Semana Santa, es de color negro debido al luto que ha de llevarse ese día. De hecho, aunque la mujer no vista de mantilla es aconsejable vestir de negro si se acude a ver las cofradías ese día. No obstante, no basta sólo con llevar una Mantilla negra.




Las mantillas de color Blanco o Marfil, han sido usadas a lo largo de la Historia, tanto en Semana Santa el Domingo de Resurrección para festejar la resurrección de Jesucristo.




¿Qué días de la Semana Santa se debe llevar mantilla?

Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección.


¿Cómo se debe colocar la mantilla?

El Jueves Santo puedes dejar ver la frente y el pelo. El Viernes Santo debes cubrir la frente con la blonda que quedará unos 2 cms sobre la frente.



¿Qué tipo de mantilla usar?

Blonda para las señoras de más edad o de chantilly para las más jóvenes, estas últimas suelen ser más económicas.


El vestido

Debe ser de terciopelo o de crepé, de manga larga o semilarga, por las rodillas y con escote barco o a la caja. Si quieres llevar un escote en forma de pico puedes hacerlo siempre y cuando no se vea el canalillo.



En caso de frio, se acompañará de un abrigo de paño (no se pueden llevar pieles de ningún tipo).



El peinado.

El pelo debe ir recogido en un moño bajo donde se sujetarán la peina.




Maquillaje.

El maquillaje debe ser lo más sutil posible, recuerda que vas de luto así que opta por tonos rosados y nudes para labios y maquilla los ojos lo más natural que puedas, si quieres un ahumado opta por tonos como el gris perla o el bisón.




Pendientes.

Los pendientes suelen llevarse largos, de plata o con brillantes. Puedes optar por los llamados «de Virgen», de circonitas. Una buena opción es llevarlos a juego con el broche de la mantilla. También puedes llevar perlas, pero siempre largos.



Joyas.

El broche es el accesorio más importante, es el que sujeta la mantilla o la peineta por detrás, en la nuca. Debe ser de plata o de oro blanco. Usa un colgante con una Cruz a juego del resto de complementos. Por lo demás no es aconsejable nada más.


Bolso.

No es adecuado usar bolso cuando se acompaña en la estación de penitencia y de tener que llevarlo lo más indicado es llevar un bolso de mano o cartera de mano. Siempre discreto.



Medias.

Las medias han de ser lisas, negras y de cristal.



Calzado.

Un salón a media altura es lo más idóneo para la ocasión.



Rosario.

El Rosario de plata, perla, madreperla, nácar o azabache.



Guantes.


De encaje, de  rejilla o de terciopelo, serán cortos a la muñeca del mismo color que la mantilla.




Para tener en cuenta para vestir de mantilla.

La mantilla No debe sobrepasar el largo del vestido por detrás.

No debes llevar el pelo suelto o semirecogido y tampoco flequillo.

No debes llevar maquillaje muy marcado y nunca los labios rojos.

Nunca llevar gafas de sol.

Nunca llevar flores en el pelo.

Evitar vestidos muy ceñidos.

No llevar nunca un vestido entero de guipur (encaje).

Nunca llevar pendientes de corales.

No es aconsejable llevar reloj.

Nada de plataformas ni bailarinas.

No llevar medias tupidas, con encaje o de color carne.





En algunas cofradías es costumbre que las manolas porten velas encendidas, y/o medalla o emblema de la Cofradía que organiza el desfile procesional. Para ello atenderán a las observaciones que los responsables de estas les indiquen.




Se debe recordar que la mantilla en Semana Santa se lleva como señal de luto por la pasión y muerte de Jesucristo. Así que si vas vestida como tal debes guardar siempre la compostura.





No debes arreglarte solo por el postureo sino por la creencia que te lleva a hacerlo.








Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuentes:




Estandarte

  Estandarte Del fr. ant. estandart, y este del franco *stand hard”, mantente firme. Es una confección textil con colores y símbolos que rep...