viernes, 26 de abril de 2019

REFLEXIÓN PASCUAL.






1. En la gloria de Dios Padre



Jesús descendió a los infiernos pero está sentado a la derecha de Dios, el todopoderoso y único Santo que VIVE y reina en esa unidad Trinitaria como afirmamos en el gloria: ''Tu solus Altissimus, Iesu Christe, Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris''. De forma solemne las campanas han repicado en la noche santa de Pascua acompañando este solemne ''Gloria'' anunciando al mundo que Cristo ha salido glorioso del sepulcro: ¡ha resucitado! También, junto a María, contemplamos los misterios gloriosos del Rosario.




Sin embargo, la expresión de ''gloria'' en el tiempo litúrgico en el que entramos adoptará un puesto secundario; ahora será el "¡Aleluya!" la exclamación cantada que unirá al pueblo fiel en la alegría de la resurrección, la cual nos acompañará hasta la próxima cuaresma.



La exclamación ''Aleluya'' que compartimos con el judaísmo -nuestros hermanos mayores en la fe - es una exclamación de alabanza a Dios. Más fueron los primeros cristianos quienes ya en el primer siglo de vida de la Iglesia ligaron esta palabra a la Pascua; es más, parece que en los primeros siglos únicamente se cantaba el domingo propio de Resurección. No será hasta el siglo VI cuando se introduzca en las celebraciones del resto del año litúrgico, por decisión de San Gregorio Magno.



Aleluya, aleluya, alegrémonos y gocemos y démosle gracias, Aleluya. El cántico en sí ya es una alusión al misterio que celebramos, pero además, que estas palabras formen parte del último libro de la Bíblia es otro detalle que invita a pensar que una vez que el mundo que conocemos llegue a su fin, será cuando el triunfo pascual de Jesucristo cobre su sentido pleno y absoluto sobre la almas buenas que creyeron y esperaron ser participes de su gloria.



Se hizo popular hace años una frase del Padre Arrupe que decía que la muerte del creyente era el último amén para este mundo y el primer "aleluya" para el siguiente; frase ciertamente bella, pero que no deja de ser un comentario coloquial a lo que ya San Agustín había dicho: los que en la Tierra digan «Amén» para aceptar a Dios plenamente, en el Cielo dirán «Aleluya» para cantar su gloria y su poder.






2. Luz de nuestras oscuridades



El Cirio es un símbolo del cuerpo del Señor, glorioso y resucitado. Por eso aparecen en él la Cruz y los clavos, pues la vida vino por la muerte. Y los números del año presente están para que no perdamos de vista que Él es el mismo ayer, hoy y siempre.



Los caminos de nuestra vida están cargados de oscuridades y sólo Jesucristo luz del mundo que supera toda luz, puede sacarnos de la penumbra. Lo lograremos no sólo dejándole entrar en nuestra vida sino situándolo en el centro donde alumbre a todos y no debajo del celemín.



Estamos llamados a ser luz, pero jamás podremos con nuestra luz propia poder llegar a desterrar tantas penumbras que nos rodean, eso sólo se puede lograr con la luz de Cristo que la liturgia de exequias tan bien resume al pedir: que su resplandor de ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestra camino hasta que lleguemos a Él, claridad eterna.



La luz visible del Cirio pascual acompañará los sacramentos que se celebran en las parroquias durante todo el año, más esta la luz también está presente de forma indivisible en el corazón de muchísimos creyentes. Ahí los Santos, los que mejor saben vivir las Pascua dado que viven en estado de gracia, de cara a Dios ya aquí, y finalmente una vez terminado su camino. Participan mejor esta fiesta no sólo por que están más cerca de Dios, sino por que han dejado atrás la penumbra. Catalina de Siena comentaba: ''Si sois sólo lo que tenéis que ser, prendereis fuego al mundo''. Y es que santidad y alegría no dejan de ser dos rasgos totalmente pascuales.



Y así llega esta cincuentena, la fiesta de la luz, la Resurrección florida; llamada para los no creyentes a creer y para los creyentes como invitación a "resucitar" ya aquí en nuestra vida mortal a la gracia que no sólo pasa por la confesión y la comunión para cumplir con la Pascua, sino además en lo que en la vida espiritual se conoce como conversión de costumbres. Como nos dice San Pablo: ''como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva'' (Rom 6, 4).






3. Frente al sepulcro las preguntas



Los grandes pensadores de los últimos siglos han tratado de sentenciar de un modo u otro lo que ha supuesto la figura de Jesús de Nazaret. El filósofo Ortega y Gasset reconocía que Jesucristo había ido creando -en muchos aspectos- un nuevo pensamiento cuyo principio del amor al enemigo aventajaba en mucho a los mismísimos griegos, a pesar de lo muy fino que estos habían hilado en temas de pensamiento. Ortega escribió: “Yo no concibo que ningún hombre, el cual aspire a henchir su espíritu indefinidamente, pueda renunciar sin dolor al mundo de lo religioso; a mí, al menos, me produce enorme pesar sentirme excluido de la participación en ese mundo". Porque hay un sentido religioso, como hay un sentido estético y un sentido del olfato, del tacto, de la visión.(...) Pues si hay un mundo de superficies, el del tacto, y un mundo de bellezas, hay también un mundo, más allá, de realidades religiosas.



El filósofo, que sólo se concebía a sí mismo y a sus circunstancias, crítico, incrédulo pero sorprendido por el mensaje cristiano al que tantas vueltas le dió, sabemos que murió besando por dos veces un crucifijo, a la vez que pedía la gracia de creer.



Y es que sin duda el amor al prójimo, la otra mejilla... son claves primordiales del mensaje que el Señor nos vino a traer; sin embargo, todo ello queda incompleto si omitimos su Resurrección enfocada a la nuestra, o dicho de otra forma más oracional: "la vida del mundo futuro". La espera en la esperanza; la preparación para nuestro final aquí, con lo que supone preparar la maleta espiritual no sólo de lo que Dios me va examinar, sino de lo que me permitirá ser digno o nó de sentarme en el banquete de su Reino, es invitación a mantener firme la balanza entre las obras y oración.



De nada sirve tratar de imitar al maestro en todo y a la vez no aceptar que es el Unigénito de entre los muertos, el Único que salió de la fosa después de haber bajado a ella. Siempre ante el sepulcro el hombre se topa con las preguntas a las que autónomamente tendrá que dar respuesta. Creer que no es Dios de muerte y de muertos sino que está vivo; Él vive y nos ofrece vivir plenamente. Ciertamente, ''este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro todo gozo" (Sal.117). Hoy caemos en la cuenta de que sólo por el sepulcro vacío cobra sentido nuestra existencia. Es esta Octava de Pascua un tiempo apropiado para ir al cementerio, pues esto no puede limitarse al mes de Noviembre, ahora es el mejor momento para interiorizar junto a los sepulcros de los seres queridos la verdad que la Iglesia en su liturgia y doctrina, por medio de la Palabra de Dios, nos transmite en las próximas semanas. La liturgia bizantina de este día dice textualmente: ''con su muerte ha vencido a la muerte.Y a los muertos ha dado la vida''. Y es que en Cristo se ancla nuestro sentimiento de vivir eternamente, sólo por Él con Él y en Él.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:Texto de Rodrigo Huerta Migoya

lunes, 22 de abril de 2019

¿POR QUÉ HOY LA IGLESIA CATÓLICA CELEBRA EL "LUNES DEL ÁNGEL"?






Hoy lunes de Pascua, la Iglesia celebra el llamado “Lunes del Ángel”, llamado así porque fue precisamente un ángel en el sepulcro, el que anunció a las mujeres que el Señor Jesús había resucitado.

Radio Vaticano recuerda la explicación que dio el Papa Juan Pablo II en 1994.

“¿Por qué se le llama así?”, se le preguntó al Pontífice, poniendo en evidencia la necesidad de destacar la figura de aquel ángel, que dijo desde lo más profundo del sepulcro: “Ha resucitado”.




Estas palabras “eran muy difíciles de pronunciar, de expresar, para una persona. También, las mujeres que fueron al sepulcro lo encontraron vacío, pero no pudieron decir "ha resucitado"; solo afirmaron que el sepulcro estaba vacío. El ángel dice más: "no está aquí, ha resucitado”.

Así lo narra el Evangelio según San Mateo: "El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: 'Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho'". (Mt 28, 5-7)

Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Como criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles.



El resplandor de su gloria da testimonio de ello: Cristo es el centro del mundo de los ángeles y estos le pertenecen, más aún, porque los hizo mensajeros de su designio de salvación.

Desde hoy, hasta el final de la Pascua en Pentecostés, se recita la oración del Regina Coeli en vez del Ángelus.

En 2009, el Papa Emérito Benedicto XVI señaló que el  “alégrate” María pronunciado por el ángel resuena en una invitación a la alegría: “Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia, quia surrexit Dominus vere, alleluia”, es decir “Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya, porque verdaderamente el Señor ha resucitado, aleluya”



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: ACI Prensa


sábado, 20 de abril de 2019

El Domingo de Resurrección




 EL Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la Iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios.




Nos dice San Pablo: "Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales". No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos. Las pascuas cristianas -llenas de profundas simbologías- celebran la protección que Cristo no ha cesado ni cesará de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable. Además de que todos los evangelistas lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.

Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?

Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?, son preguntas que cabe preguntarse.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz -suma de todos los bienes mesiánicos-, en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto : "Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él" (Col. 3 1-4).



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: aciprensa.com

viernes, 19 de abril de 2019

CORAZÓN DE JESÚS, VIDA Y RESURRECCIÓN NUESTRA




"Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25).

"Cor Jesu, vita et resurrectio nostra, ten piedad de nosotros"

Esta invocación de las letanías del Sagrado Corazón.. fuerte y convencida como un acto de fe, encierra en una frase lapidaria todo el misterio de Cristo Redentor; nos recuerda las palabras dirigidas por Jesús a Marta, afligida por la muerte de su hermano Lázaro: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25).




Jesús es la vida que brota eternamente de la divina fuente del Padre: "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres(Jn1,1.4).




Jesús es vida en Sí mismo: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en si mismo" (Jn 5,26).



En el Último ser de Cristo, en su Corazón, la vida divina y la vida humana se unen armónicamente, en plena e inseparable unidad.


Pero Jesús es también vida para nosotros "Dar la vida" es el objetivo de la misión que El, Buen Pastor, recibió del Padre: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10,10).



Jesús es también la resurrección.

 Nada es tan radicalmente contrario a la santidad de Cristo - el Santo del Señor (L.c. 1,35; Me 1,24) - como el pecado; nada es tan opuesto a El, fuente de vida, como la muerte.


Un vinculo misterioso une pecado y muerte (Sb 2,24; Rm 5,12; 6,23; etc): ambas son realidades esencialmente contrarias al proyecto de Dios sobre el hombre, que no fue hecho para la muerte, sino para la vida.




Ante todo expresión de muerte, el Corazón de Cristo se conmovió profundamente, y por amor al Padre y a los hombres, sus hermanos, hizo de su vida un "prodigioso duelo" contra la muerte (Misal Romano, Secuencia de Pascua): con una palabra restituyó la vida física a Lázaro, al hijo de la viuda de Naín, a la hijo de Jairo; con la fuerza de su amor misericordioso devolvió la vida espiritual a Zaqueo, a María Magdalena, a la adúltera y a cuantos supieron reconocer su presencia salvadora.

 Nadie como María ha experimentado que el Corazón de Jesús es "vida y resurrección":

De El, vida, María recibió la vida de la gracia original y, en la escucha de su palabra y en la observación atenta de sus gestos salvíficos, pudo custodiarla y nutrirla.


Por El, resurrección, Ella fue asociada de modo singular a la victoria sobre la muerte: el misterio de su Asunción en cuerpo y alma al cielo es el consolador documento de que la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte se prolonga en los miembros de su Cuerpo Místico, y, como primero entre todos, en María, "miembro excelentísimo" de la Iglesia (Lumen Gentiurn, 53).


Glorificada en el cielo, la Virgen está, con su corazón de Madre, al servició de la redención obrada por Cristo. "Madre de la vida"., está cerca de toda mujer que da a luz un hijo, está al lado de todo fuente bautismal donde, por el agua y por el Espíritu (Jn 3,5) nacen los miembros de Cristo; "Salud de los enfermos", está donde la vida se consume afectada por el dolor y la enfermedad; "Madre de misericordia".




Ella llama a quien ha caído bajo el peso de la culpa para que vuelva a las fuentes de la vida; "Refugio de pecadores" señala, a quienes se habían alejado de El, el camino que conduce a Cristo; "Virgen dolorosa" junto al Hijo que muere (Jn 19,25), Ella está donde la vida se apaga.




Invoquémosla con la Iglesia: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente:

Corazonada - Diócesis de Getafe

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA COLECTA DEL VIERNES SANTO PARA TIERRA SANTA?




La tradicional colecta del Viernes Santo es un apoyo a los católicos de escasos recursos.

En Tierra Santa, los católicos sólo representan el 2% de la población total.

A través de un comunicado, la Comisaría de Tierra Santa y la Custodia de Tierra Santa de los Franciscanos en Israel, hicieron un recordatorio sobre la tradicional colecta del Viernes Santo cuyo destino son los cristianos que viven en aquellas latitudes.



Los franciscanos son los representantes del Papa en Tierra Santa desde 1342, y además de dar presencia católica en los lugares santos en países como Israel y Jordania, brindan su apoyo a los cristianos a nivel religioso, económico, social y político. En Tierra Santa, los católicos sólo representan el 2% de la población total y existe el riesgo de que desaparezcan.

Paulo VI dio un fuerte impulso a la ayuda que reciben los cristianos a través de su Exhortación Apostólica Nobis in animo, del 25 de marzo de 1974. Desde esa fecha, han aumentado las actividades sociales, caritativas, culturales y benéficas en Tierra Santa entre los cristianos de escasos recursos.

El documento señala que “existe un centenar de bulas papales que se refieren a Tierra Santa y otros tantos decretos y Cartas a la congregación de Propaganda Fide que ayuda a los hijos de San Francisco en su misión de Tierra Santa.”

También señala que en los últimos decenios, la Congregación para las Iglesias Orientales ha sido quien, a nombre de la Santa Sede, se ha interesado en poner de manifiesto las necesidades de Tierra Santa, y las normas emanadas por Paulo VI, incluidas las que se refieren a los Comisarios.

El 80% de la colecta que reciben los franciscanos se ha destinado a las obras pastorales y sociales, y solo el 20% a los santuarios. También recuerda que la Custodia solamente recibe el 65% de la colecta, mientras que el otro 35% está destinado a otras instituciones que trabajan en Tierra Santa.

Las actividades del Patriarcado Latino, por mandato de la Santa Sede, están sostenidas por los Caballeros del Santo Sepulcro y por otras instituciones.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:desdelafe.mx

miércoles, 17 de abril de 2019

DÍA DEL AMOR FRATERNO: JUEVES SANTO




Es Jueves Santo. Hoy Jesús nos enseña como amar auténticamente con toda el alma y con todo el corazón.

Jesús, en la última cena, se acercó a cada uno de sus discípulos y les lavó los pies, en un gesto de servicio y amor que sus discípulos no olvidarían jamás.

Jesús nos enseña que el cristiano debe AMAR y SERVIR al prójimo, como Él lo hizo con cada uno de nosotros. “Un CORAZÓN SIN FRONTERAS” nos habla de vivir el amor sin barreras, sin condicionamientos, ni condiciones, porque estamos llamados amar siempre, a servir siempre. Que sepamos seguir su ejemplo y seamos capaces de darlo todo por nuestros hermanos.



Señor te damos gracias por este día del amor fraterno,

gracias por tu amor y tu fidelidad.

Gracias por que nos llamas a ser contigo amor.

Porque en tus palabras reconocemos que no hay mayor amor

que dar la vida por los amigos.

Danos tu Espíritu, que en esta jornada abramos nuestro corazón

y nuestra mente para acogiendo al otro, al pequeño al vulnerable,

te acojamos a ti. Amen.



¡FELIZ DÍA DEL AMOR FRATERNO!



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:hospitalidad.wordpress.com

martes, 16 de abril de 2019

SEMANA SANTA EN ESPAÑA



La Semana Santa en España se celebra con la salida a la calle de procesiones organizadas por hermandades o cofradías. Las manifestaciones de fe están influidas por la tradición, que a su vez está vinculada con las costumbres de cada pueblo.



La Semana Santa coincide con la última semana de Cuaresma del calendario católico. Está situada entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección. A veces se la llama Semana Mayor.​ La procesión hasta el Sábado Santo recibe el nombre de estación de penitencia. Las procesiones que tienen lugar el Domingo de Resurrección no son de penitencia, sino de gloria. El cortejo cuenta con unas andas, llamadas pasos —en algunas localidades llamadas "tronos"—, sobre las que procesionan esculturas con los personajes evangélicos relacionados con la detención, muerte y resurrección de Cristo. Los hermanos de las cofradías que participan en el cortejo lo suelen hacer ataviados con túnicas y gorros cónicos forrados con una tela que les sirve de antifaz. Estos hermanos suelen conocerse como nazarenos o penitentes.

Algunas celebraciones en enclaves concretos han recibido reconocimiento de Interés Turístico Internacional o Nacional. La Semana Santa en España está en un expediente para ser declarada manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (PCI). 




Calendario litúrgico católico
La Semana Santa es la posterior a la quinta semana de Cuaresma. La Semana Santa da comienzo a la Pascua, que dura siete semanas. El último fin de semana de cuaresma recibe atención por parte de algunas cofradías españolas que celebran algunas procesiones por considerarse Viernes de Dolores, Sábado de Pasión y Domingo de Ramos. El conocido como Domingo de Ramos sí está reconocido por la Iglesia como comienzo de la Pascua y recibe el nombre oficial de Domingo de Pasión.​ El nombre "de Ramos" le viene dado porque en muchas ciudades españolas se celebra ese día una procesión con la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una borriquita recibido con alabanzas hechas con ramas (de olivo y de palmera) por los jerusalemitas y los apóstoles.
Al Domingo de Pasión (o de Ramos) le sigue un lunes, un martes y un miércoles sin mención específica en el calendario litúrgico pero que en el seno de la festividad hispana reciben el nombre de Lunes Santo, Martes Santo y Miércoles Santo. El Jueves Santo y el Viernes Santo sí reciben esta mención en el calendario litúrgico ya que en esos días se sitúa la última cena, el arresto y la crucifixión de Jesús. El Sábado Santo recibe el nombre católico de Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección recibe el nombre de Domingo de Pascua


Historia

Baja Edad Media y Renacimiento
Dentro del periodo cofrade bajomedieval podemos distinguir tres periodos: de 1050 a 1150, los comienzos; de 1150 a 1350, el apogeo; de 1350 a 1500, cuando se produce un cambio de mentalidad. ​Aunque hoy se use indistintamente el término "cofradía" y "hermandad", en todos los documentos bajomedievales son llamadas cofradías. En esta etapa se juntaban miembros del mismo gremio o estamento con fines benéficos o para rendir culto a un santo patrón.
La religiosidad del europeo occidental de la Edad Media era comunitaria y, aunque en la sociedad había pecado, la religión impregnaba toda la vida social. La religiosidad también era festiva y era motivo de algunas celebraciones. Además, la piedad de aquel hombre estaba llena de santos y devociones particulares.
Las cofradías pueden ser piadosas,​ constructoras​ (que apoyaban la construcción de edificios religiosos, hospitales, puentes, etc.), benefactoras (para dar ayuda a desaparados, realizar entierros, de reparto de dinero o comida, etc), de personas pertenecientes a un grupo social (gremiales, de clérigos, etc), de personas pertenecientes a una misma etnia o región y religioso-políticas (militares, de merced a cautivos, de caridad, etc.). Dentro de las cofradías piadosas están las cultuales (de Cristo,​ de María​ o de santos​), las parroquiales,​ las que de salvación personal o de la de difuntos​ y las de penitencia.
Las cofradías de penitencia, que son las que procesionan en Semana Santa, se fundan a partir del siglo XVI. Para el sacerdote Federico Gutiérrez, experto en temas de Semana Santa, estas se organizan en el siglo XVI como resultado del desafío de Lutero a la sede de Roma a partir de 1517, del Concilio de Trento de 1545 y de los primeros autos de fe. En estas circunstancias el pueblo sentía la necesidad de salir a la calle a demostrar su catolicismo en un culto público.​ El historiador José Sánchez Herrero dice que el origen de las cofradías de penitencia tiene su origen en nueve factores:
La gran mortandad de 1348 a 1350. La peste negra provoca un descenso de la población del 40 al 60 por cierto y las epidemias se repiten de forma cíclica cada siete o quince años hasta el 1400. Castilla se recuperará demográficamente a lo largo del siglo XV pero la región de Cataluña no lo hará hasta mucho más tarde.
Esta alta mortandad provoca un cambio de concepto y de mentalidad en torno a la muerte. La devoción cristiana ya no es gozosa, sino que es dolorosa. Por ello se hace hincapié en la Pasión y la muerte de Jesús y no en la resurrección.
A partir del siglo XIV los grupos de flagelantes se hicieron más nutridos en Europa. Aunque existían antes de las epidemias de peste se hicieron más numerosos.
Se desarrollará un teatro en torno a la muerte. Entre 1430 y 1440 llegan a Castilla y León las "danzas de la muerte", que son unas representaciones litúrgicas y paralitúrgicas de la Pasión o Descendimiento.
El papel de san Vicente Ferrer. Aunque las cofradías de flagelantes que procesionaban entonando cánticos de penitencia y disciplinándose en público existieron en Europa desde antes del siglo XIII. Algunos grupos fueron condenados por el papa Clemente VI y sus líderes, como Gerardo Segareli en el 1300 y Dolcino de Novara en 1307, fueron ejecutados. Otros permanecieron dentro de la Iglesia. Hubo otro grupo de flagelantes próximo a san Antonio de Padua, que falleció en 1231. Hubo otro grupo en Perugia promovido por el eremita agustino fray Rainiero Fasani en el 1260. A finales del siglo XIV y comienzos del XV los dominicos impulsaron a disciplinantes como el beato Ambriosio de Siena, el beato Juan Dominici y Venturino de Bérgamo.
Desde 1399 san Vicente Ferrer recorre los caminos de España creando compañías de disciplinantes y fomenta la práctica de la flagelación poniendo como ejemplo a santo Domingo, san Francisco de Asís y san Bernardo. Procesionaban de noche, encapuchados y vestidos con una túnica particular. Estos grupos iban a misa, se confesaban, comulgaban los domingos y ayunaban determinados días. Se criticaba a los que se flagelaban por dinero o comida y se decía que eran falsos disciplinantes. Vicente Ferrer escribió un libro de reglas para los disciplinantes titulado Ordinacions y establisments para la cofradia de Preciosa Sanch de J.C. anomenada dels Disciplinants. El manuscrito jamás se ha encontrado, ni tampoco la edición impresa publicada en Barcelona en 1547.
Aunque se ha mencionado a algunas cofradías disciplinantes y flagelantes, lo cierto es que tras el siglo XVI fueron en declive y los obispos empezaron a reprobarlas ya en el siglo XVII. Finalmente, Carlos III las prohibió mediante una Real Cédula del 20 de ferbero de 1777, alegando que no eran edificantes ni verdaderamente devocionales.
La fundación de las cofradías de Pasión procede de la devoción substancial en la vida franciscana a estos misterios y la posesión y guarda de los Santos Lugares en Tierra Santa. Cuando los franciscanos que habían estado en Tierra Santa regresan a sus respectivas provincias de origen, hicieron surgir muchas prácticas conmemorativas de la Pasión, las cofradías de Pasión, el Vía Crucis
Por toda España surgieron cofradías en torno a reliquias supuestamente verdaderas de la cruz de Jesús. Estas reliquias pudieron haber sido traídas de Tierra Santa por los franciscanos. Este culto a la verdadera cruz (la Vera Cruz) hizo que se creasen cofradías con este título. La primera documentación de una cofradía de la Vera Cruz data de 1494 en la iglesia de San Juan de Puerta Nueva de Zamora.19​ En 1506 el franciscano fray Diego de Bobadilla creó la Cofradía de la Vera Cruz de Salamanca.19​21​ En 1515 se crea otra en un convento franciscano de Alcañices. En Sevilla también se creará una cofradía de la Vera Cruz en fecha indeterminada de la mano de una cofradía de la Sangre creada en torno a 1448 en una capilla de la Casa Grande de San Francisco.
En 1420 el beato Álvaro de Córdoba regresa de Tierra Santa y haya en Sierra Morena un lugar soleado y escarpado topográficamente parecido a Jerusalén. Posteriormente, construyó capillas en sitios de ese paraje y las bautizó como cada uno de los Santos Lugares. Este fue el primer vía crucis de Europa. Un siglo después, el noble sevillano Fadrique Enríquez de Ribera realizó un viaje a Jerusalén de 1518 a 1520 y, a su regreso a Sevilla, organizó un vía crucis desde su palacio hasta un templete o humilladero con una cruz. Desde el palacio hasta la cruz había la misma distancia que desde la casa de Poncio Pilatos al Gólgota de Jerusalén, por lo que el palacio hispalense pasó a ser conocido como Casa de Pilatos.
La acción de los genoveses. En España existía una abundante población de origen genovés. En el siglo XVI los genoveses fundan la cofradía de la Piedad en Valladolid, mientras la corte de Carlos I se encontraba en esa ciudad. El 1579 hay constancia de grupos de genoveses disciplinantes que procesionaban el Jueves Santo en Sevilla, aunque sin cofradía formada.
La acción de los castellanos. En Valladolid se fundó en 1531 una cofradía de disciplinantes bajo la advocación de la Pasión y ese mismo año se fundó en Sevilla la Hermandad de los Martirios y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que en 1577 pasó a llamarse Hermandad de la Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para emular a la de Valladolid.
Sacar las imágenes a la calle. Las procesiones en la Baja Edad Media se hacían con las reliquias o simplemente con un crucifijo.La Cofradía de la Vera Cruz debió de procesionar con un crucifijo por Sevilla a partir de 1468. También hay constancia de que se sacaba en procesión un crucifijo del convento de San Agustín de Sevilla que llevaba ahí desde 1314.El hecho de sacar a las esculturas religiosas en procesión es algo que se produce a partir del siglo XVI.




Edad Contemporánea
Las vida cofrade experimentó altibajos durante los siglos XVII y XVIII.
La Edad Contemporánea (de la Revolución Francesa en adelante) en España, al igual que en otros países de Europa, ha estado marcada por la cuestión religiosa o conflicto, a menudo violento, entre clericalismo y anticlericalismo, que ha influido en los sucesivos cambios de régimen producidos en España, a las relaciones entre Iglesia y Estado y, de forma más local, a la vida en las cofradías de penitencia.
La invasión francesa (1808-1814) trajo consigo el saqueo o la destrucción del patrimonio de templos y monasterios e incluso el derribo de muchos de los mismos. Las desamortizaciones, que pretendían acabar con las instituciones que no generaban ningún beneficio económico, provocaron la exclaustración de muchos monasterios y la dispersión o pérdida del arte sacro que contenían.
La Revolución Gloriosa de 1868, que tenía un profundo carácter laicista y desacralizó muchos templos aduciendo un exceso de iglesias y parroquias.
Finalmente, se puede citar la II República (1931-1936), cuya Constitución establecía un Estado laico, cuestión rechazada de plano por la derecha y la Iglesia católica. Durante la II República y en la zona republicana de la Guerra Civil (1936-1939) que le sucedió, grupos anticlericales de izquierda arrasaron y asaltaron centenares de templos, destruyéndose por ende buena parte del patrimonio cofrade.
Entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX las ciudades donde había un buen número de hermandades católicas comienzan a crear federaciones locales vinculadas a la jerarquía eclesiástica con los apelativos de Federación, Consejo General o Agrupación de Hermandades y Cofradías. Las épocas de mayor formación de hermandades nuevas o de recuperación de hermandades pretéritas en el siglo XX fueron los años 20 y, tras el lapso republicano, a lo largo del franquismo. También se fundaron decenas de nuevas hermandades de penitencia durante los años 80 y 90.
A partir de la década de 1960, España empezó a destacarse como destino turístico internacional. A partir de 1980, el Estado ha ido considerando a la Semana Santa de diferentes lugares como de Interés Turístico Nacional o Internacional. En 1980, las primeras semanas en recibir la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional fueron Sevilla, Valladolid, Zamora, Málaga y Cuenca.
Con la Semana Santa, España se transforma. Cada persona, en cada lugar, se vuelca para vivir con intensidad una de las fiestas con más tradición de nuestro país. No dejes pasar la oportunidad de viajar a España en estas fechas: te esperan momentos muy especiales y un ambiente totalmente distinto a lo que has conocido.


Hay muchas formas de descubrir España: disfrutando de sus costas y playas, siguiendo una ruta monumental, recorriendo sus espacios naturales, practicando deportes como el golf... Pero si nunca has visitado nuestro país durante la Semana Santa, entonces tienes que venir. Incluso los que ya conozcan esta famosa fiesta deberían repetir, porque en cada zona de España se celebra de manera distinta.
En España, la Semana Santa se festeja con gran emoción. La gente participa vivamente de los actos y tradiciones. De día y de noche, las calles se convierten en espacios donde se mezclan la música de los tambores, el colorido de las flores y el arte de las esculturas religiosas, creando así una imagen conmovedora.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:wikipedia.org


lunes, 15 de abril de 2019

CIRINEOS




Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».

San Mateo 27, 32; 16, 24




EL párrafo es de Marcos y en pocas palabras narra una historia que todos podríamos reconocer como la nuestra: "Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara la cruz de Jesús" (Mc. 15,21). Se hacía tarde, la sentencia había de ejecutarse y Cristo, quebrado por el brutal castigo, parecía no poder alcanzar el Gólgota. Los soldados, temerosos de no cumplir la ley, buscaron entonces a alguien que ayudase al Condenado en su tránsito hacia la infamia.

Es fácil imaginar el enojo de Simón. Nada le unía a Jesucristo. Ni tan siquiera la ira ciega de los acusadores. Él, al regresar de su faena, sólo pasaba por allí. Con certeza, protestó y se resistió. Compartir camino con un reo de muerte debía considerarse un acto ofensivo para el honor de un hombre libre. Aun así, de nada sirvió su oposición. Obligado, según precisa el evangelista, tomó sobre sus hombros el madero y acompañó al Nazareno en sus últimos pasos.

¿Qué somos nosotros sino cirineos que repudiamos y maldecimos el dolor con el que nos hace cargar la vida? Un dolor que jamás consideramos justo, que destroza nuestra lógica y se nos representa siempre impuesto, ajeno e incomprensible. También en nuestro caso se nos fuerza a beber del cáliz de la amargura, a soportar las cuchilladas que, de pronto y porque sí, se nos cruzan en cualquier momento y en cualquier esquina.

Ante una realidad tan inobjetable, constante y universal, puede uno insultar a los cielos, pedir cuentas del infortunio y cerrar el corazón al tenue y casi imperceptible sentido del sinsentido. O puede, como Simón, el africano, seguir adelante a pesar de todo, esperar luz en la negrura, confiar en esa calma improbable que quizás llegará tras la tormenta.

Para los que nos decimos cristianos, el primer cirineo recibió el maravilloso don de ser convertido por el Hijo de Dios en copartícipe de su obra salvífica, de ser instruido, de forma singular y directísima, en el conocimiento del evangelio de la cruz. Es digno de Cristo quien lleva su cruz con Él. Hay datos para concluir que Simón al cabo lo entendió. El hecho mismo de que en el texto se cite a sus hijos como personas conocidas por la primitiva comunidad cristiana nos hace pensar que el de Cirene, en aquellos metros esenciales, transmutó su humanísima rebeldía en bendita disponibilidad.

Esa llamada, que surge de la pesadumbre y ofrece una dimensión distinta a cuanto anubla nuestra alma y entristece nuestro tiempo, se nos hace sin duda a todos. Y aguarda ahí, eternamente paciente, la voluntad de unos brazos que, contra la propia razón y hasta contra la cordura, se manifiesten dispuestos a sobrellevar el enorme peso de la fe. De cirineo a cirineo, en mitad de esta dura chicotá que se alarga, ojalá que nunca se nos olvide oírla.

Simón de Cirene, de camino hacia casa volviendo del trabajo, se encuentra casualmente con aquella triste comitiva de condenados, un espectáculo quizás habitual para él. Los soldados usan su derecho de coacción y cargan al robusto campesino con la cruz. ¡Qué enojo debe haber sentido al verse improvisamente implicado en el destino de aquellos condenados! Hace lo que debe hacer, ciertamente con mucha repugnancia. El evangelista Marcos menciona también a sus hijos, seguramente conocidos como cristianos, como miembros de aquella comunidad (Mc 15, 21). Del encuentro involuntario ha brotado la fe. Acompañando a Jesús y compartiendo el peso de la cruz, el Cireneo comprendió que era una gracia poder caminar junto a este Crucificado y socorrerlo. El misterio de Jesús sufriente y mudo le llegado al corazón. Jesús, cuyo amor divino es lo único que podía y puede redimir a toda la humanidad, quiere que compartamos su cruz para completar lo que aún falta a sus padecimientos (Col 1, 24). Cada vez que nos acercamos con bondad a quien sufre, a quien es perseguido o está indefenso, compartiendo su sufrimiento, ayudamos a llevar la misma cruz de Jesús. Y así alcanzamos la salvación y podemos contribuir a la salvación del mundo.

Señor, a Simón de Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la gracia de la fe. Ayúdanos a socorrer a nuestro prójimo que sufre, aunque esto contraste con nuestros proyectos y nuestras simpatías. Danos la gracia de reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar que así caminamos contigo. Danos la gracia de reconocer con gozo que, precisamente compartiendo tu sufrimiento y los sufrimientos de este mundo, nos hacemos servidores de la salvación, y que así podemos ayudar a construir tu cuerpo, la Iglesia.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:texto de Rafael Padilla  y vatican.va




sábado, 13 de abril de 2019

9 DATOS QUE NECESITA SABER SOBRE DOMINGO DE RAMOS





El próximo 14 de abril se realiza el tradicional Domingo de Ramos que da inicio a la Semana Santa, uno de los tiempos litúrgicos más importantes en la vida cristiana.

A continuación, explicamos 9 datos que necesita saber sobre esta fecha tomados del documento Vaticano de 1988 titulado “Carta circular sobre la preparación y la celebración de las fiestas pascuales, Carta de fiestas pascuales” y del libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección”, del Papa Emérito Benedicto XVI.

1. Este día se llama "Domingo de Ramos" o "Domingo de Pasión"

El primer nombre proviene del hecho que se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando la multitud lo recibió con hojas de palma (Juan 12:13).

El segundo nombre proviene del relato de la Pasión que se lee en este domingo. Porque de no ser así no se leería en un domingo, ya que en el próximo la lectura tratará sobre la Resurrección.

Según el documento del Vaticano “Carta circular sobre la preparación y la celebración de las fiestas pascuales” (Carta de fiestas pascuales) de 1988, el Domingo de Ramos “comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión”. “La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se han de evidenciar en la celebración en la catequesis del día”. 

2. Se realiza una procesión antes de la Misa

La procesión puede tener lugar solo una vez, antes de la Misa. Puede realizarse el sábado o domingo.

“La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos, que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso ‘Hossana’”, detalla la Carta de fiestas pascuales.



3. Se pueden portar palmas u otros tipos de plantas en la procesión

No es necesario utilizar hojas de palma en la procesión, también se pueden utilizar otros tipos de plantas locales como el olivo, sauce, abeto o de otros árboles.

Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: “A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión”.

4. Los fieles deben ser instruidos sobre la celebración

Según el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, “los fieles deben ser instruidos sobre el significado de esta celebración para que puedan captar su significado”.

“Debe recordarse oportunamente que lo importante es la participación en la procesión y no solo en la obtención de hojas de palma o de olivo”, que tampoco deben mantenerse “como amuletos, ni por razones terapéuticas o mágicas para disipar los malos espíritus o para evitar el daño que causan en los campos o en los hogares”, indica el texto.

5. Jesús reclama el derecho de los reyes en la entrada triunfal a Jerusalén

El Papa Emérito Benedicto XVI explica en su libro “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección” que Jesucristo reclamó el derecho de los reyes, conocido a lo largo de la antigüedad, de demandar modos de transporte particulares.

El uso de un animal (el burro) en el que nadie se había sentado aún es un indicador más del derecho de la realeza. Jesús quería que su camino y su accionar sean entendidos en términos de las promesas del Antiguo Testamento cumplidas en su persona.

“Al mismo tiempo, a través de este anclaje del texto en Zacarías 9:9, una exégesis ‘fanática’ del reino está excluida: Jesús no está construyendo sobre la violencia; no está instigando una revuelta militar contra Roma. Su poder es de otro tipo: es en la pobreza y la paz de Dios, que identifica el único poder que puede redimir”, detalla el libro.

6. Los peregrinos reconocieron a Jesús como su rey mesiánico

Benedicto XVI también señala que el hecho de que los peregrinos coloquen sus mantos en el suelo para Jesús camine por encima también “pertenece a la tradición de la realeza israelita (2 Reyes 9:13)”.

“Lo que hacen los discípulos es un gesto de entronización en la tradición de la monarquía davídica (del Rey David) y apunta a la esperanza mesiánica que surgió a partir de ésta”, indica el texto.

Los peregrinos, prosigue, “sacan ramas de los árboles y gritan versos del Salmo 118, palabras de bendición de la liturgia de los peregrinos de Israel que en sus labios se convierten en una proclamación mesiánica: '¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito sea el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en lo más alto!' (Mc 11: 9-10, ver Sal 118: 26)”.

7. “Hossana” es un grito de júbilo y una oración profética

En el tiempo de Jesús esta palabra tenía matices mesiánicos. En la aclamación de Hosanna se expresan las emociones de los peregrinos que acompañan a Jesús y a sus discípulos: la alabanza alegre a Dios en el momento de la entrada procesional, la esperanza de que la hora del Mesías había llegado.

Al mismo tiempo era una oración que indicaba que el reinado davídico, y por lo tanto el reinado de Dios sobre Israel, sería restablecido.

8. La multitud que aplaudió la llegada de Jesús no es la misma que exigió su crucifixión

En su libro, Benedicto XVI argumenta que en los tres evangelios sinópticos, así como en San Juan, se deja claro que quienes aplaudieron a Jesús en su entrada a Jerusalén no fueron sus habitantes, sino las multitudes que lo acompañaban e ingresaron a la Ciudad Santa con él.

Este punto se hace más claramente en el relato de Mateo, en el pasaje que sigue al Hosanna dirigido a Jesús: “Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó diciendo: ¿Quién es este? Y las multitudes decían: Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (Mt 21, 10-11).

Las personas habían oído hablar del profeta de Nazaret, pero no parecía tener ninguna importancia para Jerusalén, y la gente allí no lo conocía.

9. El relato de la Pasión goza de una especial solemnidad en la liturgia

La Carta de Fiestas Pascuales dice lo siguiente en el numeral 33:  

“Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada ya por diáconos o presbíteros, ya, en su defecto, por lectores, en cuyo caso, la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote".

En la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al principio el saludo al pueblo como de ordinario para el Evangelio, ni se signa el libro. Tan solo los diáconos piden la bendición al sacerdote.

Para el bien espiritual de los fieles conviene que se lea por entero la narración de la Pasión, y que no se omitan las lecturas que la preceden”.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: aciprensa.com

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