sábado, 7 de marzo de 2020

USO DEL INCENSARIO



El incensario se utiliza en las ceremonias solemnes, durante los siguientes momentos:

·         En la procesión de entrada, lo lleva el "turiferario" (que es el nombre del acólito o monaguillo que se encarga del incensario). Sólo lo lleva ondeando de forma lateral alrededor de 90 grados (45° a la izquierda y más o menos en ángulo similar a la derecha). El incensario se toma con la mano izquierda en la punta de la cadena, y con la derecha un poco más abajo, que es la que proporciona el vaivén.
·         Cuando el sacerdote llega al presbiterio, el turiferario se lo entrega y el sacerdote inciensa el altar, el sagrario y el santo patrono de la iglesia. Después lo entrega de nuevo al turiferario y éste se retira.
·         Durante el evangelio, de nueva cuenta entrega el turiferario el incensario al sacerdote para que incensé el evangelio. Cuando termina de incensar lo entrega al turiferario y este permanece a un lado hasta que termina el evangelio.

·         Durante el ofertorio, después de que el sacerdote se lava las manos, de nueva cuenta se entrega el incensario al sacerdote para que incensé el altar.
·         Durante la consagración, el turiferario debe hincarse al frente del altar, y al momento de que el sacerdote levanta el pan el turiferario lo inciensa por tres veces hacia adelante, en tres ocasiones. Esto es, levanta el incensario e inciensa uno, dos, tres. Después baja el incensario y otra vez, uno, dos, tres. Y una vez más. Igual se hace 3 x 3 cuando el sacerdote levanta el cáliz.

·         Generalmente no se utiliza el incensario en la procesión de salida (donde sólo se lleva como en la entrada). Sin embargo, esto depende del gusto del sacerdote celebrante, por lo que vale la pena preguntarle antes que si quiere se use el incensario al final.




La función que desempeñan los acólitos en la Hermandad no sólo requiere de una preparación técnica (por ejemplo, saber manejar el incensario o cuándo levantar el cirial) sino que además precisa de cierta formación litúrgica y catequética de manera que el “saber hacer” vaya acompañado del “saber por qué se hace”. Así la participación en los cultos internos y externos se hace más activa y se es más consciente del auténtico privilegio que el ser acólito representa.

Para poner en marcha alguna actividad formativa, tratar cuestiones de organización los hermanos que actualmente integran el grupo de acólitos como a todos aquellos que estén interesados en formar parte del mismo deberían tener una reunión a celebrar en la Casa de Hermandad cona catequesis realizada por el Promotor Sacramental y el Diputado de Culto






La incensación



A. Los ministros

Un acólito porta el turíbulo. A éste se le denomina turiferario. Una forma de tenerlo es poner la argolla del disco en el meñique de la mano derecha, mientras sostiene la otra argolla con el pulgar o con el índice de la mano derecha, al tiempo que coloca la mano izquierda sobre el pecho. Mientras esté humeante el incensario, el turiferario debe de estar balanceándolo.

Otro acólito puede portar la naveta. La lleva en la mano derecha, y pone la mano izquierda sobre el pecho. Si no hay posibilidad de tener dos acólitos, el mismo turiferario lleva la naveta en la mano izquierda, pegada al pecho, mientras que en la derecha lleva el incensario.




La preparación del incensario

Antes de las celebraciones litúrgicas debe de prepararse el incensario en la sacristía, colocando carbones encendidos en su interior.

Antes de cada incensación, debe de ponerse incienso en el turíbulo. La norma general es que el celebrante principal sea quien ponga los granos de incienso, aunque en algunas ocasiones, como para incensar el Cuerpo y Sangre de Cristo en la consagración, puede hacerlo otro ministro.

Para poner el incienso debe procederse de la siguiente forma: el turiferario pasa el turíbulo a la mano izquierda y, con la mano derecha, toma la cadena unida a la tapa, y la levanta; luego, sujeta esa cadena con la mano izquierda y, con la mano derecha, toma las cuatro cadenas por la mitad y eleva el incensario a la altura del pecho del celebrante. Cuando ha hecho eso, otro acólito le acerca la naveta destapada al celebrante. El celebrante toma incienso de la naveta con la cuchara y lo deposita sobre los carbones encendidos. Luego bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada. En la forma tradicional, al inicio de la Misa se bendice diciendo: Ab illo benedicaris, in cuius honore cremáberis (Seas bendecido por Aquél en cuyo honor serás quemado). Una vez que el celebrante ha bendecido el incienso, el turiferario baja la mano derecha y suelta las cadenas; luego, se pasa el disco de la mano izquierda a la derecha.




En el caso de la liturgia episcopal hay unas variaciones. La primera es que, si se encuentra en la cátedra o en la sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie. La segunda es que quien le presenta la naveta es el diácono, si lo hay, cuando se prepara el turíbulo fuera de la cátedra.

Si el que va a incensar es el celebrante, como ocurre en el ofertorio, el turiferario toma las cadenas por la mitad con la mano izquierda, y entrega el turíbulo al celebrante: le pone el disco en la mano derecha del celebrante y las cadenas en la mano izquierda. En caso de que el celebrante sea obispo, el turiferario le debe dar el incensario al diácono, y éste se lo entrega al obispo en la forma que hemos dicho.




C. Cómo incensar

Quien va a incensar toma la con la mano izquierda el disco y la parte superior de las cadenas, dejándola descansar contra el pecho. Con la mano derecha se deja que las cadenas pasen entre el dedo índice y medio, a la vez que con el pulgar se asegura, de modo que el incensario pueda controlar y dirigir fácilmente.

Una vez que ha tomado así el turíbulo, puede incensar. Pero antes debe de hacer una reverencia hacia el objeto o persona que se incensará, salvo que sea el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa.

Tras la reverencia, se acerca el incensario hasta el pecho, y se levanta hasta la altura de la cabeza, salvo cuando se inciensa el altar, que se queda en el mismo nivel.  Luego mueve el turíbulo hacia delante y hacia atrás de la persona u objeto que se inciensa. Si se hace una sola vez este movimiento se denomina “ictus”. Si se hace dos veces este movimiento se llama “ductus”.

Con tres ductus se inciensa: el Santísimo Sacramento, la reliquia de la Santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas solemnemente, también las ofrendas, la cruz del altar, el libro de los Evangelios, el cirio pascual, el Obispo o el presbítero celebrante, la autoridad civil que por oficio está presente en la sagrada celebración, el coro y el pueblo, el cuerpo del difunto.




Debe decirse que el Santísimo Sacramento se inciensa de rodillas.

Con dos ductus se inciensan las reliquias e imágenes de los Santos expuestos para pública veneración, y sólo al inicio de la celebración, cuando se inciensa el altar.

Finalmente, con ictus se inciensa el altar de este modo: a) si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo inciensa dándole enteramente la vuelta; b) en cambio, si el altar no está separado de la pared, el sacerdote, mientras camina, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar. Si la cruz está sobre el altar o junto a él, se inciensa antes que el mismo altar; si no, cuando el sacerdote pasa delante.

Cuando se hace la incensación del ofertorio, antes de hacerla al altar, deben de incensarse las ofrendas. Esto puede hacerse con tres ductus, como se dijo, o haciendo la señal de la cruz con el incensario sobre las ofrendas

Es aconsejable, después de cada ductus, bajar un poco la mano derecha y volver a subir hasta la altura de la cara para el siguiente ductus, para que se distingan bien los movimientos de la incensación.




D. Cuándo se usa el incienso

En la Misa se usa el incienso:

a) durante la procesión de entrada;

b) al comienzo de la Misa, para incensar el altar;

c) para la procesión y proclamación del Evangelio;

d) en la preparación de los dones, para incensar las ofrendas, el altar, la cruz, al celebrante, a los con celebrantes y al pueblo;

e) en el momento de mostrar la hostia y el cáliz, después de la consagración.

También se usa incienso, como se describe en los libros litúrgicos:

a) en la dedicación de una iglesia y de un altar;

b) en la consagración del sagrado crisma, cuando se llevan los óleos benditos;

c) en la exposición del Santísimo Sacramento con la custodia;

d) en las exequias de los difuntos;

e) en las procesiones de la Presentación del Señor, del Domingo de Ramos, de la Misa en la Cena del Señor, de la Vigilia pascual, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; en la solemne traslación de las reliquias, y en general en las procesiones que se hacen con solemnidad; y

f) En Laudes y Vísperas solemnes, que se puede incensar el altar, al Obispo y al pueblo mientras se canta el cántico evangélico.


Artículo enviado por:

Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuentes:

Monaguillos Católicos

 liturgiapapal.org

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