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martes, 30 de enero de 2018

El Papa a los cofrades: “Ayuden a llevar la cruz de la pobreza, el descarte y la indiferencia”


“Sean cirineos compasivos que ayuden a llevar la cruz a todos aquellos hermanos nuestros que cargan con el peso injusto de la pobreza, el descarte y la indiferencia”. Con este mensaje del Papa concluyó ayer domingo 12 de noviembre el III Congreso Internacional de Cofradías y Hermandades que ha acogido Murcia durante el pasado fin de semana.


Francisco se dirigió a los participantes de este encuentro que acogió la ciudad durante cinco días a través de una carta remitida por la Secretaría de Estado del Vaticano que se leyó durante la eucaristía de clausura. En ella, Jorge Mario Bergoglio invita además a hermanos y cofrades a caminar con toda la Iglesia con la mirada fija en Jesús Nazareno.

En esta misma línea, se manifestó el prefecto del Dicasterio para los Laicos, Kevin Farrell, que viajó a Murcia para alentar a los congresistas en su tarea pastoral. No solo participó con una ponencia en la que subrayó la importancia de acercar a los jóvenes la tradiciones populares y la religiosidad popular, sino que presidió la eucaristía de clausura celebrada en la catedral murciana.

Participación activa

“No hay que pensar que ser parte de una hermandad o de una cofradía es una cuestión de tradición o meramente cultural”, subrayó el cardenal irlandés, que destacó cómo “las hermandades y cofradías tienen sentido auténtico y ayudarán a regenerar al pueblo sólo si transmiten la fe y la educan, si alientan la vida cristiana de sus miembros fomentando la oración, los sacramentos y la participación activa en la comunidad eclesial”.

En esta misma línea, comentó a los asistentes que “custodiar las tradiciones es algo bueno pero es poco y puede ser ambiguo si falta la unidad de vida, la unidad que es lo que celebramos, lo que creemos y lo que hacemos”.

Lo cierto es que Murcia se ha volcado con este congreso organizado por la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y el Cabildo Superior de Cofradías de la ciudad de Murcia. Prueba de ello es la procesión extraordinaria que se celebró el sábado por la tarde en la que participaron dieciséis tronos llegados de toda la región. Un acontecimiento histórico que hicieron posible más de 3.000 personas solo dentro del cortejo.


JOSÉ BELTRÁN (Actualizado 13/11/2017)


lunes, 11 de julio de 2016

Enseñanzas del Santo Padre Francisco sobre la liturgia: Piedad popular



69. Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio. En los países de tradición católica se tratará de acompañar, cuidar y fortalecer la riqueza que ya existe, y en los países de otras tradiciones religiosas o profundamente secularizados se tratará de procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura, aunque supongan proyectos a muy largo plazo. No podemos, sin embargo, desconocer que siempre hay un llamado al crecimiento. Toda cultura y todo grupo social necesitan purificación y maduración. En el caso de las culturas populares de pueblos católicos, podemos reconocer algunas debilidades que todavía deben ser sanadas por el Evangelio: el machismo, el alcoholismo, la violencia doméstica, una escasa participación en la Eucaristía, creencias fatalistas o supersticiosas que hacen recurrir a la brujería, etc. Pero es precisamente la piedad popular el mejor punto de partida para sanarlas y liberarlas.


70. También es cierto que a veces el acento, más que en el impulso de la piedad cristiana, se coloca en formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan. Hay cierto cristianismo de devociones, propio de una vivencia individual y sentimental de la fe, que en realidad no responde a una auténtica «piedad popular». Algunos promueven estas expresiones sin preocuparse por la promoción social y la formación de los fieles, y en ciertos casos lo hacen para obtener beneficios económicos o algún poder sobre los demás. Tampoco podemos ignorar que en las últimas décadas se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico. Es innegable que muchos se sienten desencantados y dejan de identificarse con la tradición católica, que son más los padres que no bautizan a sus hijos y no les enseñan a rezar, y que hay un cierto éxodo hacia otras comunidades de fe. Algunas causas de esta ruptura son: la falta de espacios de diálogo familiar, la influencia de los medios de comunicación, el subjetivismo relativista, el consumismo desenfrenado que alienta el mercado, la falta de acompañamiento pastoral a los más pobres, la ausencia de una acogida cordial en nuestras instituciones, y nuestra dificultad para recrear la adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural.

La fuerza evangelizadora de la piedad popular

122. Del mismo modo, podemos pensar que los distintos pueblos en los que ha sido inculturado el Evangelio son sujetos colectivos activos, agentes de la evangelización. Esto es así porque cada pueblo es el creador de su cultura y el protagonista de su historia. La cultura es algo dinámico, que un pueblo recrea permanentemente, y cada generación le transmite a la siguiente un sistema de actitudes ante las distintas situaciones existenciales, que ésta debe reformular frente a sus propios desafíos. El ser humano «es al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece». Cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la evangelización entendida como inculturación. Cada porción del Pueblo de Dios, al traducir en su vida el don de Dios según su genio propio, da testimonio de la fe recibida y la enriquece con nuevas expresiones que son elocuentes. Puede decirse que «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo». Aquí toma importancia la piedad popular, verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal.

123. En la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo. En algún tiempo mirada con desconfianza, ha sido objeto de revalorización en las décadas posteriores al Concilio. Fue Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi quien dio un impulso decisivo en ese sentido. Allí explica que la piedad popular «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer» y que «hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe». Más cerca de nuestros días, Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un «precioso tesoro de la Iglesia católica» y que en ella «aparece el alma de los pueblos latinoamericanos».

124. En el Documento de Aparecida se describen las riquezas que el Espíritu Santo despliega en la piedad popular con su iniciativa gratuita. En ese amado continente, donde gran cantidad de cristianos expresan su fe a través de la piedad popular, los Obispos la llaman también «espiritualidad popular» o «mística popular». Se trata de una verdadera «espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos». No está vacía de contenidos, sino que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el uso de la razón instrumental, y en el acto de fe se acentúa más el credere in Deum que el credere Deum. Es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»; conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: «El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador». ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera!

125. Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).

126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización.

Papa Francesco, Esortazione Apostolica Evangelii Gaudium (24 novembre 2013)
Fotografía: Blog del Padre Ojeda

viernes, 11 de marzo de 2016

Nuevo decálogo sobre Cuaresma y Piedad popular



La Cuaresma en el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia

Por Jesús de las Heras Muela


1. PREPARACIÓN A LA PASCUA

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua.


2. LAS DIMENSIONES Y ÁMBITOS DE LA CUARESMA

La Cuaresma es tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).


3. LA CENIZA, SU SÍMBOLO POR EXCELENCIA

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza.



Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido dereconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


4. TIEMPO PARA DEJAR LO SUPERFLUO E IR A LO FUNDAMENTAL

A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.


5. TIEMPO PARA LA CONFESIÓN Y LA COMUNIÓN

También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.




6. EL SENTIDO DEL AYUNO CUARESMAL

La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un “ejercicio” que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma).


7. CAMINO CUARESMAL, CAMINO HACIA LA CRUZ

El camino cuaresmal termina con el comienzo del Triduo pascual, es decir, con la celebración de la Misa in Cena Domini. En el Triduo pascual, el Viernes Santo, dedicado a celebrar la Pasión del Señor, es el día por excelencia para la “Adoración de la santa Cruz”.

Sin embargo, la piedad popular desea anticipar la veneración cultual de la Cruz. De hecho, a lo largo de todo el tiempo cuaresmal, el viernes, que por una antiquísima tradición cristiana es el día conmemorativo de la Pasión de Cristo, los fieles dirigen con gusto su piedad hacia el misterio de la Cruz.


8. LO QUE ES Y DICE LA CRUZ DE CRISTO

Contemplando al Salvador crucificado captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor.

En las manifestaciones de devoción a Cristo crucificado, los elementos acostumbrados de la piedad popular como cantos y oraciones, gestos como la ostensión y el beso de la cruz, la procesión y la bendición con la cruz, se combinan de diversas maneras, dando lugar a ejercicios de piedad que a veces resultan preciosos por su contenido y por su forma.


9. ILUMINAR EL SENTIDO DE LA ADORACIÓN DE LA CRUZ DE CRISTO

No obstante, la piedad respecto a la Cruz, con frecuencia, tiene necesidad de ser iluminada. Se debe mostrar a los fieles la referencia esencial de la Cruz al acontecimiento de la Resurrección: la Cruz y el sepulcro vacío, la Muerte y la Resurrección de Cristo, son inseparables en la narración evangélica y en el designio salvífico de Dios. En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada con gemas y convertida en signo de bendición, tanto cuando se traza sobre uno mismo, como cuando se traza sobre otras personas y objetos.




10. LOS OTROS ASPECTOS DE LA PIEDAD POPULAR SOBRE EL MISTERIO DE CRISTO CRUCIFICADO

El texto evangélico, particularmente detallado en la narración de los diversos episodios de la Pasión, y la tendencia a especificar y a diferenciar, propia de la piedad popular, ha hecho que los fieles dirijan su atención, también, a aspectos particulares de la Pasión de Cristo y hayan hecho de ellos objeto de diferentes devociones: el “Ecce homo”, el Cristo vilipendiado, “con la corona de espinas y el manto de púrpura” (Jn 19,5), que Pilato muestra al pueblo; las llagas del Señor, sobre todo la herida del costado y la sangre vivificadora que brota de allí (cfr. Jn 19,34); los instrumentos de la Pasión, como la columna de la flagelación, la escalera del pretorio, la corona de espinas, los clavos, la lanza de la transfixión; la sábana santa o lienza de la deposición. Estas expresiones de piedad, promovidas en ocasiones por personas de santidad eminente, son legítimas. Sin embargo, para evitar una división excesiva en la contemplación del misterio de la Cruz, será conveniente subrayar la consideración de conjunto de todo el acontecimiento de la Pasión, conforme a la tradición bíblica y patrística.



lunes, 29 de febrero de 2016

La fuerza evangelizadora de la piedad popular



Por Rony De La Rosa

Tomando este título de la Exhortación Apostólica, “Evangelii Gaudium”, (La Alegría del Evangelio) del Papa Francisco, en su capítulo tercero de los numerales 122 al 126, vemos como el Santo Padre da la importancia que tiene para el pueblo Cristiano “La Piedad Popular”, la fuerza que tiene esta forma de expresión de nuestros pueblos.


La Congregación para el culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, nos habla abundantemente de la piedad popular y la Liturgia, nos dice; En el asegurar el crecimiento y la promoción de la Liturgia, "la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza", esta Congregación advierte la necesidad de que no sean olvidadas otras formas de piedad del pueblo cristiano y su fructuosa aportación para vivir unidos a Cristo, en la Iglesia, según las enseñanzas del Concilio Vaticano II.




La relación entre Liturgia y ejercicios de piedad ha sido abordada expresamente por el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la sagrada Liturgia. La piedad popular no puede ser ni ignorada ni tratada con indiferencia o desprecio, porque es rica en valores, y ya de por sí expresa la actitud religiosa ante Dios; pero tiene necesidad de ser continuamente evangelizada, para que la fe que expresa, llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico. Tanto los ejercicios de piedad del pueblo cristiano, como otras formas de devoción, son acogidos y recomendados, siempre que no sustituyan y no se mezclen con las celebraciones litúrgicas.

El papa en su exhortación nos dice, esto es así porque cada pueblo es el creador de su cultura y el protagonista de su historia. El ser humano «es al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece».[1] Cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; Puede decirse que «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo». Aquí toma importancia la piedad popular, verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal.

Con todo esto podemos ver que la piedad popular es una riqueza que no se puede dejar por un lado, pero también vemos la importancia que tiene el que sea autentica y bien llevada, que no substituya las celebraciones Litúrgicas, sobre todo la más importante la Santa Misa, vemos como muchas personas acompañan los cortejos procesionales de los domingos de cuaresma (Domingo, día Del Señor), pero se olvidan de asistir a Misa, que es lo más importante, también se puede observar como personas que durante otras épocas del año se olvidan que son cristianos, aparecen durante la cuaresma y su participación en la iglesia se reduce a los actos externos de esta época, precisamente de ahí es donde viene la fuerza evangelizadora de la piedad popular, para que ese encuentro con nuestra imagen de devoción, sea el inicio de un cambio, de una verdadera conversión hacia Jesucristo, para buscar ese camino hacia la santidad, que es lo que nos da el poder vivir por la eternidad junto a nuestro Salvador. Esta es una oportunidad que no se puede dejar pasar por alto para Evangelizar, vemos familias completas que tal vez, es la única temporada del año en que se reúnen para vivir su Fe, fue Pablo VI en su Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi quien explica que la piedad popular «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer».

Esa sed debe de ser saciada por los medios de evangelización, ya que es la fuerza del mismo Cristo, que al decir pobres y sencillos no habla solo de pobreza material, sino que de la pobreza espiritual, que es más abundante en nuestro tiempo, aprovechar esa riqueza inmensa que tenemos en nuestro país, que como nos dice, Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un «precioso tesoro de la Iglesia católica» y que en ella «aparece el alma de los pueblos latinoamericanos». Vivamos todas las manifestaciones de piedad popular, con intensidad, buscando a nuestro Señor, no solo con un sentimiento temporal, si no que reconociendo la fe que nos fue heredada a fuerza de lágrimas y sangre, que no podemos hacer a un lado, lo que esto significa verdaderamente, un acto religioso, de nuestra Fe, que debemos vivir como tales, buscando siempre a Dios, no tomarlo como un espectáculo o un evento social, que al finalizar cada cuaresma y Semana Santa, o bien cualquier tiempo litúrgico experimentemos ese cambio en nuestra vida que solo Nuestro Señor nos lo puede dar y que dure toda nuestra vida.

Fuentes Consultadas: JUAN PABLO II, Carta enc. Fides et ratio (14 septiembre 1998), 71: AAS 91 (1999), 60.


viernes, 11 de septiembre de 2015

Piedad Popular y Liturgia: La Semana Santa




138. "Durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén".



Stmo. Cristo de la Misericordia

Es muy intensa la participación del pueblo en los ritos de la Semana Santa. Algunos muestran todavía señales de su origen en el ámbito de la piedad popular. Sin embargo ha sucedido que, a lo largo de los siglos, se ha producido en los ritos de la Semana Santa una especie de paralelismo celebrativo, por lo cual se dan prácticamente dos ciclos con planteamiento diverso: uno rigurosamente litúrgico, otro caracterizado por ejercicios de piedad específicos, sobre todo las procesiones.

Función Principal de Instituto de Los Estudiantes 2015

Esta diferencia se debería reconducir a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. En relación con la Semana Santa, el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular.

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DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA
CIUDAD DEL VATICANO, 2002
(Fotografías: Diario El Comercio)


Estandarte

  Estandarte Del fr. ant. estandart, y este del franco *stand hard”, mantente firme. Es una confección textil con colores y símbolos que rep...