martes, 31 de marzo de 2020

CARTAS DE ESPERANZA 1 DE ABRIL DE 2020





1 de abril de 2020

Amabilísimo hermano:

"No se preocupe! ... Dios quiere hacer de sí un prodigio de confianza, vaya al encuentro de sus deseos."

Me han quitado los abrazos y los besos. Los encuentros y las risas. Me han hecho evitar el contacto físico, el roce, la ternura, el cariño. Me han quitado las reuniones, las confesiones y las misas. Los paseos por el parque y los cines. El café en el bar, las compras, el deporte. Me han quitado muchas cosas y lo entiendo, me he detenido. Hay un bien mayor que esa felicidad vana que busco con ahínco haciendo cosas. Esa felicidad de estar yo bien, sin problemas, de prosperar adecuadamente en la vida. Ese afán mío por tener, por hacer, por lograr. Ese sueño tan humano, tan de carne, tan de tierra. Me lo han quitado todo de un plumazo. Y me han llevado a cuidarme para cuidar a otros. Y yo sonrío. 

Porque si algo no pueden quitarme es la alegría ni tampoco la esperanza. No pueden lograr que viva sin un sentido. No pueden, atándome a mi casa, a las patas de mi cama, matar mi sonrisa, silenciar mi canto, opacar mi luz. No puede este virus detener la primavera, apagar la voz de mil cantos, evitar mis aplausos para esos que dan su vida por salvar mil vidas. No pueden agotar mi creatividad en ese afán mío por ocupar mis horas, mi tiempo, mi vida. No puede la enfermedad cerrar mis ojos, oscurecer mi ánimo. Me haré contador de historias. Soñador de mil sueños. 

Reiré con mis chistes, con los de otros. Lucharé, resistiré, venceré. No solo yo, sino todos. No caerá sobre mí nunca el desánimo ni la pena. No dejaré de gritar que hay vida más allá de los hospitales. Que hay sueños resistentes a las derrotas. No dejaré de soñar con las alturas, encendiendo el mundo con un fuego nuevo. Respiraré muy hondo queriendo que no se apaguen los pulmones. Alentaré a las plantas para que den sus flores. 

Inventaré melodías entre bosques de luces. Amaneceré feliz cada mañana. Y volveré a abrazar, a sentir la vida que florece. No me quitarán la sonrisa de mis labios. Y sentiré que la vida ha crecido con fuerza en mi interior. La soledad me habrá dado hondura. Las privaciones libertad interior ante la vida. El dolor físico y espiritual me habrán unido más a la cruz de Cristo. Me sentiré más libre, más pleno. Esa distancia infinita entre cada uno se acortará de nuevo.

 No estará mal dar la mano, un beso, un abrazo. No me sentiré extraño en las distancias cortas. Pero quizás habré aprendido algo nuevo. Me habré acostumbrado a estar conmigo mismo. Sin distracciones, sin miedos ni agobios. La soledad no es mala compañera, aunque sea impuesta. Ya no contagiaré, ya no me contagiarán. Esos anhelos llenan hoy mi alma al vivir el presente. Cada hora pasa a su ritmo. No corre el tiempo, no se escapa.

 Es como un desgranar los misterios del rosario, cada ave María, muy lentamente. No tendré la agenda llena, quizás sí de encuentros virtuales programados. Pero poco más. El mundo se detiene. Y no logran quitarme la sonrisa. Algunos querrán sacar ventaja de todo esto. 
Otros pensarán que alguien tiene la culpa. Aparecerán los que no esbocen sonrisas. Y los que quieran aumentar el odio y la rabia. Y habrá otros, hombres de bien, con bondad en el alma, que vivan salvando vidas, entregando la propia. Dando su tiempo, invirtiendo sus horas. 

Por salvar más vidas por encima de la muerte. Y muchos rezarán en lo escondido. Y habrá solidaridad donde antes había egoísmo. Y se harán servicios gratis que antes se cobraban. La primavera irá venciendo el frío. Lo hará sin percatarse del mal que aqueja al mundo. Seguirá su curso desde la semilla muerta y enterrada. Con el sol que irá tomándole horas a la noche. Y sentiré que soy más viejo, o quizás más joven. Pero más sabio al fin si he sabido enfrentar mis horas y mis miedos. Si he vivido con conciencia nueva. 

Si me he dejado modelar por el Dios de mi camino. Oculto entre mis cuatro paredes, atado como yo a las patas de mi cama. Clavado a mi propio madero desde el que observo la vida sin poder andar entre la gente, entre los bosques. Recluido en un aparente mal sueño que es esta vida misma que Dios me ha dado. 

Esta vida y no otra. Y ese Dios al que increpo, o suplico pidiéndole aire, esperanza, y luz. Ese mismo Dios es el que dibuja con gesto pícaro una sonrisa en mi rostro. Para que dé esperanza a otros y siembre luz en esta noche. Y sea yo uno de esos brotes verdes que entre las arenas del desierto parece desafiar a la muerte. Porque el bien siempre vence al mal. Y la generosidad es más fuerte que cualquier egoísmo.

Que no caigamos en el miedo, en la histeria,en la desesperanza… que no conducen a nada. 

Que el Señor nos dé serenidad para afrontar esta situación de emergencia que nos toca vivir.


Enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.


La Mantilla Española



Historia y usos de la mantilla Los orígenes de la mantilla pueden remontarse a la cultura ibérica, en la que las mujeres usaban velos y mantos para cubrirse y adornarse la cabeza. Posteriormente, durante toda la Edad Media, la mujer siguió usando tocados muy variados, algunos de ellos con ciertas influencias árabes. A finales del siglo XVI el uso del manto, denominado ya por aquella época mantilla de aletas, se generalizó en toda España al considerarse una prenda más dentro de los trajes populares. Sin embargo, en cada región mantuvo una fisonomía propia, al ajustarse a condicionamientos tanto físicos como sociales. Así, por ejemplo, las mantillas en las tierras más frías tenían por finalidad el abrigo, y utilizaban para la hechura diferentes tipos de paño; sólo algunas se guarnecían con terciopelo, sedas y abalorios, con lo que se le daba una doble utilidad de abrigo y adorno. Por el contrario, en las zonas más cálidas, eran de tejidos suaves y ligeros, configurando una prenda más ornamental y lujosa. En el siglo XVII empiezan a usarse las mantillas de encaje, como se aprecia en algunos retratos femeninos de Velázquez, formando parte del guardarropa de algunas mujeres elegantes. Sin embargo, su uso no se generalizó a las damas cortesanas y de alta condición social hasta bien entrado el siglo XVIII, pues hasta entonces la mantilla era usada casi exclusivamente por las mujeres del "pueblo". Fue también en este siglo cuando las mantillas de paño y seda fueron sustituidas totalmente por las de encaje. Fue, pues, en el siglo XIX cuando la mantilla adquirió una relevante importancia como tocado distinguido de la mujer española. La reina Isabel II, gran aficionada a los encajes, impulsó en gran manera el uso de la mantilla. Tanto ella como sus damas la lucieron en numerosos actos, como se manifiesta en varios retratos de la reina plasmada por sus pintores con esta singular prenda. A partir de 1868 el uso de la mantilla se abandonó en algunos lugares. No obstante, en Sevilla y otras ciudades de Andalucía continuó gozando de gran predilección. Algo que también ocurrió en Madrid, donde el empleo de la mantilla estaba tan arraigado a las costumbres que las damas de la nobleza madrileña la convirtieron en símbolo de su descontento durante el reinado de Amadeo de Saboya y su esposa María Victoria. El rechazo hacia ellos y a las costumbres foráneas fue protagonizado por las mujeres, que se manifestaron por las calles madrileñas llevando, en lugar de sombreros, la clásica mantilla y peineta española. Un hecho que pasó a la historia como "la conspiración de las mantillas". En el siglo XX en Andalucía, y en concreto en Sevilla, la mantilla usada como prenda cotidiana para pasear por las tardes se fue desarraigando de las costumbres femeninas. Únicamente en el primer tercio del siglo las mujeres utilizaban para ir a misa pequeñas mantillas, conocidas por toquitas y de media luna. De esta manera, el uso de la mantilla fue quedando relegado a ciertas conmemoraciones y actos, y muy especialmente para la Semana Santa.

En Semana Santa era tradicional que las damas se vistieran de negro luciendo sus mejores galas: en la cabeza peineta de carey sobre la cual se ponían la mantilla negra de encaje, que se lucían acompañando a las procesiones y visitando las iglesias de la ciudad, especialmente el Jueves y Viernes Santo.
 Hasta mediados de siglo esta tradición se mantuvo fielmente
de madres a hijas; en algunas casas sevillanas de un cierto rango social se vestían todas las mujeres de la familia, e incluso tenían siempre en reserva una mantilla por si llegaban invitadas de fuera de la ciudad. Hubo unas décadas en las que esta costumbre pareció decaer, pero actualmente la tradición de vestirse de mantilla en Semana Santa vuelve a tomar auge. La famosa Feria de Abril de Sevilla, así como la de otros muchos pueblos, era también la oportunidad de muchas mujeres para ponerse la mantilla, aunque en este caso se lucía de encaje blanco. Esta costumbre perduró con fuerza hasta el primer tercio de nuestro siglo. Luego, poco a poco, la mujer se fue despojando de esta prenda tan frágil para tales ambientes festivos, ya que la delicadeza del encaje imponía un cuidado especial que la incomodaba para bailar y divertirse. También la fiesta nacional de los toros ha estado siempre muy ligada a esta prenda, ya que las mujeres acudían engalanadas con sus mantillas blancas a las plazas de toros. Aunque no es tan frecuente como años atrás, actualmente siguen viéndose los coches de caballos llevando a la plaza grupos de mujeres con sus mantillas blancas de encaje, que lucen con gracia en los palcos.



Tipos de mantillas



El encaje, por su belleza, arraigó pronto en los gustos y modas del siglo XVI, tanto en las masculinas como en las femeninas. Posteriormente, la mujer pasó a ser su principal consumidora, usándolos tanto para ropa de casa, ropa interior, vestimenta y accesorios. Una de las principales aplicaciones del encaje fue la mantilla. De los numerosos tipos de encajes, los más genuinos para las mantillas son los de bolillos, y entre ellos los de Blonda y de Chantilly.

El encaje de Blonda se elabora con dos tipos de seda (retorcida y mate para hacer el tul del fondo y brillante y lasa para los dibujos), y se caracteriza por los motivos grandes de tipo floral, especialmente por los bordes con amplias ondas, llamadas puntas de castañuela. Dados sus magníficos contrastes y el peso del mismo, resulta una gran elegancia, adaptándose tanto a la mantilla blanca como a la negra.

El encaje de Chantilly se llama así porque el origen de su fabricación fue en esta pequeña ciudad francesa. Sus diseños son de carácter vegetal, y presentan abundancia de hojas, flores, escudetes y guirnalda. El Chantilly es un encaje más etéreo que la Blonda, y se considera más elegante para la mantilla negra.

Un tercer tipo de mantillas es el de las bordadas en tul. Aunque vulgarmente a estas mantillas se las califica como de encaje, hay que aclarar que únicamente su fondo de tul se incluiría dentro del encaje, pero no así su ornamentación, ya que los motivos se van bordando a mano imitando los motivos decorativos del Chantilly y la Blonda.



 Artículo enviado por:




Jesús Manuel Cedeira Costales.


lunes, 30 de marzo de 2020

CARTAS DE ESPERANZA 31 DE MARZO DE 2020




31 de marzo de 2020

Estimado hermano:

Cuando consideramos nuestras propias fuerzas toda esperanza y confianza flaquean. ¡Madre, a ti extendemos las manos e imploramos abundantes dones de tu amor!

La imagen de estos dias es el Papa caminando solo bajo el agua, pero en compañía de un pueblo.

Es el mensaje de estos días: estamos juntos sobre las aguas, pero en la misma barca, y Dios está con nosotros.

Pidamos por los profesionales sanitarios: médicos, enfermeras, auxiliares… por todo el personal de los hospitales que son los cirineos que ayudan a los enfermos a vencer la enfermedad.

Que Dios les proteja, les cuide, les fortalezca y les ayude en esta hora difícil.


Enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.


CÓMO SERÁ LA CELEBRACIÓN DE LA PASCUA ESTE AÑO DEL CORONAVIRUS




Ante la difícil situación que pasan muchos fieles e iglesias en el mundo debido a la pandemia de COVID-19, el Vaticano por medio de un decreto ha informado este viernes 20 de marzo de 2020 sobre medidas específicas en la celebración “litúrgica” validas para la celebración de la Pascua en las diócesis.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos emitió un decreto en el que considera el impedimento en la celebración de misas comunitarias en los templos debido a la actual crisis de posibles contagios de fieles por pandemia de coronavirus.

Además de cara a las próximas festividades pascuales, determinó algunas “sugerencias para los Obispos”, es decir, para las iglesias locales.

En primer lugar, asegura la nota vaticana, que la fecha de la Pascua no puede ser cambiada. El decreto explica que el Triduo, serie de tres días que va desde la tarde del Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección, es el “corazón del año litúrgico” por ende, la fecha de la celebración no puede variar.

Segundo, la Misa crismal, si puede ser pospuesta, según lo indique cada obispo a los fieles y a la propia comunidad.

Tercero, cuando no sea posible que hayan fieles en las celebraciones debido a las restricciones sanitarios del gobierno, los obispos y los párrocos pueden celebrar las misas a puestas cerradas en catedrales e iglesias parroquiales. Los fieles desde sus casas pueden unirse a distancia a la celebración de los “misterios del Triduo Pascual” vía streaming live o por tv o radio.


“La Conferencia Episcopal y las diócesis no deben faltar a ofrecer subsidios para ayudar en la oración familiar y personal”.

Jueves Santo, los sacerdotes de las parroquias pueden “concelebrar la Misa en la Cena del Señor; se concede excepcionalmente a todos los sacerdotes la facultad de celebrar en este día, en un lugar adapto, la Misa sin el pueblo”. El Lavatorio de los pies, ya facultativo, queda omitido. “Al final de la misa de la Cena del Señor se omiten las procesiones y el Santísimo Sacramento se debe custodiar en el tabernáculo”. “Los sacerdotes que no tienen la posibilidad de celebrar la Misa rezarán en cambio las Vísperas”.

Viernes Santo, en las iglesias catedrales y parroquiales, en medida de las reales posibilidades de quien es responsable, el obispo/el párroco, celebrará la Pasión del Señor. En la oración universal el Obispo diocesano tendrá cuidado de establecer una especial intensión para los enfermos, los muertos, quien se encuentra en situación de sufrimiento.

Domingo de Pascua. Vigilia Pascual, se celebrará solo en las Iglesias catedrales y parroquiales, en medida de las reales posibilidades establecidas de quien corresponda. Para el inicio de la Vigilia o lucernario”, se omite encender el fuego, se prende el cirio y omitida la procesión, se sigue el anuncio pascual. Sigue, la Liturgia de la Palabra. Para la Liturgia bautismal, solamente se renuevan, las promesas bautismales. Por tanto, la liturgia eucarística.

A aquellos de no puedan unirse a la Vigilia Pascual celebrada en la iglesia, rezarán el Oficio de las Lecturas indicadas para el Domingo de Pascual.

Para los monasterios, los seminarios, las comunidades religiosas, decide el Obispo de la Diócesis.
Las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano, podrán ser transferidas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre.

El decreto ha sido firmado el 19 de marzo, solemnidad de san José, patrón de la Iglesia Universal.  El documento oficial del Vaticano ha sido firmado por cardenal Robert Sarah, prefecto del dicaserio y el secretario arzobispo Arthur Roche.
Artículo enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuente:
aleteia.org

domingo, 29 de marzo de 2020

CARTAS DE ESPERANZA 30 DE MARZO DE 2020




30 de marzo de 2020

Estimado hermano:

Quien sirve desinteresadamente a otros, está en camino hacia la verdadera realeza…

Es un buen momento para conocernos mejor como especie, para conocer nuestros defectos y, en la medida de lo posible, ponerles solución.

Esta crisis sanitaria ha demostrado, una vez más, que somos capaces de opinar con tanta vehemencia como ignorancia.

 Los ciudadanos de a pie llenamos conversaciones, grupos de Whatsapp, las redes sociales expresando nuestra opinión sobre lo que otros – curiosamente, los que saben, los que han estudiado, los que tienen experiencia- deberían hacer.

“Deberían haber hecho” o “lo que deben hacer es” son dos expresiones utilizadas por muchos para expresar sus quejas soportadas por su profundo conocimiento en la materia.

Pidamos para que aprendamos a asumir tantas realidades dolorosas como nos toca afrontar a lo largo de la vida, incluida esta del coronavirus, desde la luz de la fe, en la esperanza de que todo es pasajero, de que Dios tiene siempre la última palabra.

Enviado por:Jesús Manuel Cedeira Costales.

MUY REFLEXIVO Y CONMOVEDOR.




¿Quién ha dicho esas historias?,
¿que el Cristo este año no sale?,
si está vestido de blanco,
de azul, en los hospitales...

¿Quién dice que el Nazareno
no puede hacer penitencia,
si están todos atendiendo
a enfermos en las urgencias?

¿Cómo que Jesús Caído
no saldrá el Miércoles Santo?
Mírale tú en nuestros médicos
que caen rendidos, exhaustos,
con humildes cireneos
ayudando a cada paso:
celadores, enfermeras, administrativas,
codo a codo, sin descanso.

Igual que en la Borriquita
pasó Jesús por la tierra,
nuestros héroes camioneros
pasan las noches en vela
para abastecer mercados
de barrio, farmacias, tiendas...

Ejército, Guardia Civil, Policía,...
patrullan calles desiertas,
y no están con sus familias
sino cuidando a las nuestras.
Y lejos de las ciudades,
Jesucristo está doblado sobre los surcos de tierra,
se hace a la mar en un barco,
tiende cables, cava pozos
o pastorea el ganado.

Nadie diga que el Señor
no está en las calles presente,
cuando en las Iglesias solitarias
los Sacerdotes celebran Misa diariamente.

Nadie diga que el Cautivo
no va a salir este año, mientras haya una voz buena
llamando al que está encerrado.

Nadie diga que el Gran Poder
no va en su anda,
cuando tantas vidas orantes
se ofrecen y aman.

Con cansancio en la  mirada,
con buen humor, sin fallarnos,
también Cristo está presente
en cualquier supermercado,
reponiendo estanterías
o a pie de caja cobrando.

Jesús viene en un camión
de blanco y verde pintado,
recoge nuestros desechos
y se va sin ser notado.

Cuando veo a tanta gente
que a los suyos ha enterrado,
siento que también salió
la Piedad del barrio bajo,
la Virgen de las Angustias
con su Hijo en el regazo.

Y aunque a todos nos asuste
el pasar por el Sepulcro,
ahí está la fortaleza
de Aquel que ha vencido al mundo.

Tal vez no haya procesiones
con imágenes talladas
pero ya ves, Cristo sale
al encuentro de tu alma,
en mil rostros escondido,
sin cirios y sin campanas.

Que aunque no haya procesiones
por España en primavera,
seguirá oliendo el incienso
que pone su gente buena.

El amor salta las tapias,
el corazón no se encierra;
será una "Semana Santa"
más que nunca, y verdadera.



Artículo enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.


Fuente:
P. Álvaro Sáenz. Sacerdote español

LA PIEDAD POPULAR Y EL CORONAVIRUS





La modernidad ilustrada y de progreso siempre ha visto con recelo las manifestaciones de la religiosidad popular, como algo anticuado, símbolo de épocas pasadas, poco letrada … Ahora, últimamente, se le da una categoría de “cultura popular”, pero silenciando los elementos religiosos. También algunos planteamientos pastorales han querido hacer un catolicismo racionalista y docto, lejos de los sentimientos y tradiciones del pueblo.

Por otra parte, el pasado 15 de marzo, vimos al Papa que, en plena pandemia del Covid-19, caminaba solitario por las calles de Roma para rezar y depositar un ramo de flores ante la Virgen Salus Populi Romani, protectora de Roma. Luego siguió peregrinando hacia la Iglesia de San Marcello al Corso, para arrodillarse ante el Cristo milagroso que los romanos sacaron en procesión durante la peste de 1522. Francisco es todo un ejemplo de buen pastor, que siente y valora la piedad popular, que con estos gestos expresa lo que nos dijo en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Se trata de una verdadera espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos. No está vacía de contenidos…Es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros” (nº 124).

Ahora, en pleno siglo XXI, parecía que los avances científicos iban a solucionar los grandes males. Sin embargo ocurre que una pandemia no prevista hace tambalear todo el proceso de globalización de nuestro mundo, en sus múltiples sectores. Se quiera reconocer o no, esto nos debería hacer menos autosuficientes, más humildes. Así podremos aclarar nuestras mentes para responder a los muchos interrogantes que nos hacemos los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad, que deseamos encontrar un sentido a lo que está pasando. Cuando vemos que los medios humanos están desbordados ante la virulencia del coronavirus, ¿Qué hacemos? ¿Tenemos que admitir que sólo nos queda la triste resignación?

¡No solamente de cosas materiales vivimos las personas! (cf. Mt 4,4). La fe en Dios no quita nada a las ciencias de la salud, pero puede ayudar mucho cuando nos estamos jugando la vida o la muerte. No despreciemos o infravaloremos la fe de los sencillos y sus expresiones de piedad porque consuelan, confortan, dan esperanza y crean fraternidad en
las más variadas situaciones límites que ha podido vivir la humanidad. ¡Todas las ayudas son pocas en estos tiempos calamitosos!

La “mística popular”, a través las advocaciones populares de Cristo, la Virgen y los Santos, se convierten en intercesores de nuestra salud y bien morir. Así lo entiende nuestro pueblo, cuando rezan, hacen una promesa o enciende una lámparilla a la Patrona de su pueblo o al Cristo de su Cofradía. Ellos saben pasar del “amor a lo visible y llegar al amor de lo invisible” (2Cor 4,18). Esto nos lo ratifica el Papa cuando dice: “Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo, que se aferran a un rosario, aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado” (EG 125).


+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España






Artículo enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuente:
Texto de Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España


sábado, 28 de marzo de 2020

CARTAS DE ESPERANZA 29 DE MARZO DE 2020




29 de marzo de 2020

Querido hermano:

Nosotros permanecemos firmes, con confianza inamovible, creyendo en lo bueno del hombre, en la victoria del bien. Sobre esto construimos todo.

Este momento de gran incertidumbre nos enseña algo que ya sabíamos pero que preferimos olvidar: somos muy vulnerables.

La percepción de la vulnerabilidad es, en esta ocasión, colectiva, y nos hace ver que de un día para otro nuestras preocupaciones cotidianas carecen de sentido si no tenemos otras cosas que damos por supuestas (tener salud, trabajo, una economía que funciona).

Quizás sea un excelente momento para mejorarnos, para cambiar algunos hábitos, algunos pensamientos, para repensar nuestra filosofía y forma de vivir.

Pidamos por quienes sufren los daños colaterales de esta crisis.

De un modo especial por los empresarios que ven peligrar su medio de subsistencia y por los obreros que, como consecuencia, se quedan sin trabajo.

Que pronto todo pueda volver a la normalidad.
.

Enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.


EL PAPA: VUELVE A DIOS. ¿CÓMO, SI NO PUEDO SALIR A CONFESARME?




Francisco termina la misa de Santa Marta invitando a hacer la comunión espiritual y reza por los médicos y enfermeros que trabajan sin descanso en plena crisis de la pandemia de coronavirus.

El papa Francisco sigue acompañando “al pueblo de Dios” con las misas de la mañana en Casa Santa Marta, vía streaming live, desde el Vaticano.

Italia superó anoche a China en número de fallecidos por coronavirus. En las últimas 24 horas hay 4.480 personas más positivas en este país europeo.

Al inicio de la misa, el Papa recordó el mensaje que recibió por parte de un sacerdote de Bérgamo, ciudad foco de contagio, al norte de Italia, que le pedía que rezara por “los médicos de Bérgamo, Treviglio, Brescia, Cremona, que están al límite del trabajo y están dando la propia vida para salvar a los enfermos”.

“También oremos por las autoridades; para ellos no es fácil gestionar estos momentos. A veces sufren la incomprensión. Tanto los médicos, el personal sanitario, como las autoridades son, en estos momentos, columnas que nos ayudan a seguir adelante y nos defienden de esta crisis. Rezamos por ellos”, afirmó.

Vuelve a tu papá
En su homilía, el Papa inició su reflexión pensando en el libro del profeta Oseas -“Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer”- y el recuerdo de una canción que cantaba hace 75 años Carlo Buti, un artista popular de Florencia, “escuchado con tanto sentimiento por las familias italianas en Buenos Aires.

Este artista cantaba: “Vuelve a tu papá, que una canción de cuna te cantará”.

“Dios es tú papá, no es tu juez, regresa a casa, escucha, ven. Recuerdo cuando era un niño y me lleva enseguida al papá del capítulo 13 del Evangelio según Lucas.

Ese papá que dice: Vio a su hijo venir de lejos, ese hijo que se había ido con el dinero y lo había despilfarrado, pero esperaba verlo de lejos. Subía a la terraza varias veces al día para esperarlo día tras día, mes tras mes, y tal vez, años, esperando al hijo”.

Ternura de Padre
“Regresa donde tu papá, es la ternura del Padre que nos habla. 

Te está esperando. Es la ternura de Dios la que nos habla, especialmente durante la Cuaresma. 

Es hora de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre o volver con papá”.

“No, Padre, me avergüenzo de volver porque… Ya sabe Padre, he hecho mucho, he hecho mucho…”. ¿Qué dice el Señor? “Vuelve, te curaré de tu infidelidad, te amaré profundamente, porque mi ira se ha ido. Seré como el rocío; tú florecerás como un lirio y echarás raíces como un árbol libanés”.

Vuelve con tu padre que te está esperando.
El Dios de la ternura nos curará; nos curará de muchas, muchas heridas de la vida y de muchas cosas feas que hemos hecho. ¡Todo el mundo tiene lo suyo!

Volver a Dios
Pero pensar esto: volver a Dios es volver al abrazo, al abrazo de nuestro padre. Y pensar en esa otra promesa que hace Isaías: “Si tus pecados son tan feos como la escarlata, te haré blanco como la nieve“.

Es capaz de transformarnos, es capaz de cambiar nuestros corazones, pero quiere que demos el primer paso: volver. No es ir a Dios, no: es regresar a casa.

“Y la Cuaresma siempre se centra en esta conversión del corazón que, en el hábito cristiano, toma forma en el sacramento de la Confesión”.

“Es el momento de… no sé si “ajustar cuentas”, no me gusta eso… dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace”.

¿Dónde puedo encontrar a un confesor?

“Sé que muchos de vosotros, por Pascua, os confesáis para encontraros con Dios. Pero muchos me dirán hoy: “Pero Padre, ¿dónde puedo encontrar a un sacerdote, un confesor, porque no puedo salir de casa?”.

“Y quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace… ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?”.

Haz lo que dice el Catecismo. Está muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: “Señor, he hecho esto, esto, esto… Perdóname”.

Y pídele perdón de todo corazón, con el acto de dolor y prométele: “Me confesaré más tarde, pero perdóname ahora”.

E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano.

Acto de dolor
Piensen en ello: ¡es hora! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de contrición bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.

Sería bueno que hoy en nuestros oídos resonara este “vuelve”, “vuelve a tu padre, vuelve a tu padre”. Te está esperando y te hará una fiesta”.

También hoy Francisco terminó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitándonos a hacer la comunión espiritual. 

A continuación, la oración recitada por el Papa:
A tus pies, oh Jesús mío, me postro y te ofrezco el arrepentimiento de mi corazón contrito que se abandona en su nada y en tu santa presencia. 

Te adoro en el sacramento de tu amor, deseo recibirte en la pobre morada que mi corazón te ofrece. Esperando la felicidad de la comunión sacramental, quiero poseerte en espíritu. 

Ven a mí, oh Jesús mío, que yo vengo a Ti. Que tu amor inflame todo mi ser, para la vida y para la muerte. Creo en ti, espero en ti, te amo. ¡Que así sea!

A continuación, los números del catecismo de la Iglesia referidos a lo dijo el Papa en la homilía sobre la contrición:

1451 Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar” (Concilio de Trento: DS 1676).

1452 Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta”(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677).


Artículo enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuentes
aleteia.org

viernes, 27 de marzo de 2020

CARTAS DE ESPERANZA 28 DE MARZO DE 2020



28 de marzo de 2020

Querido hermano:

Educar significa servir desinteresadamente a la singularidad y originalidad del prójimo; es servir abnegadamente a la gran idea que Dios ha puesto en cada persona; es, en definitiva, servir a Dios mismo.

Estos momentos son buenos para enseñar a nuestros hijos (y enseñarnos) cómo hablar desde la humildad, saber reconocer cuando no sabemos, no temer mantenernos callados en una conversación cuando no tenemos conocimiento del tema que se trata. 

Tomar la decisión de no hablar porque no queremos aportar más ignorancia e incertidumbre a la que ya hay.
Educar a nuestros hijos (y educarnos) en la humildad, en las ganas de aprender, en saber decir “no sé” puede ser una lección que una crisis tan excepcional como esta nos deje como herencia.

Pidamos por todos los que guardan cuarentena, bien por tener el virus, bien por haber convivido con personas infectadas, bien por conducta responsable y seguridad de todos. 

Que el Señor les dé paciencia, y que este tiempo les sirva de provecho para reflexionar sobre la propia vida y sobre la necesidad que tenemos de Dios.

Enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.

¿POR QUÉ NO CAMBIAR LA FORMA DE TU EXAMEN DE CONCIENCIA?




Al final, el examen de conciencia se redujo poco a poco a una lista de pecados. Como si se tratara de un formulario a rellenar, como en la aduana: “¿Qué tiene que declarar? ¡Marque la casilla correcta!”. ¿Y si en vez de hacer un examen de conciencia, realizaras una “revisión de vida”?
En realidad, una lista, por muy bien elaborada que esté, nunca será más que un instrumento para ayudarnos a hacer un examen de conciencia. Nunca sustituirá a la oración personal, al cuestionamiento leal mediante el cual nos colocamos frente a nosotros mismos y a nuestro pecado, por supuesto, pero especialmente frente a Dios y a su llamada. Puede llevar a un diálogo con el Señor, pero no puede sustituirlo. El examen de conciencia no puede limitarse a examinar una hoja de papel. Hay que reconocer que incluso la expresión “examen de conciencia” no es muy satisfactoria. Destaca algo cierto: nuestra fidelidad o infidelidad al Señor es una cuestión de conciencia, se hace dentro de nosotros mismos. En cambio, el riesgo es centrarse en sí mismo, identificar el pecado y la mala conciencia, reducir la conversión a un esfuerzo de lucidez y desarrollo personal. Todo esto es más psicológico que espiritual, más moralizante que evangélico. ¿Acaso no deberíamos hablar más bien de “revisión de vida”?

¿Cómo buscar sus pecados?
Esta expresión incluye una pedagogía específica, la famosa trilogía “ver, juzgar, actuar”, pero también refleja una intuición que concierne a todos los fieles. Se trata de poner el Evangelio en la vida, y de poner vida en el Evangelio. Es en nuestra vida donde tenemos que percibir y responder a la llamada de Dios. Por lo tanto, también debemos buscar nuestro pecado en ella. Concretamente, basta con revisar los diversos lugares y momentos que caracterizan nuestros días y ponerlos bajo la mirada del Señor.
Para algunos cristianos, esto puede ser muy valioso y un verdadero progreso espiritual. Sin embargo, el riesgo de permanecer en una perspectiva moralizante no está completamente excluido. Estamos pasando de una moral más individual y conformista a una moral más social e incluso política, pero seguimos en el terreno de la moralidad.
Básicamente, si estamos en la escuela de Cristo, es la Revelación la que nos da el verdadero entendimiento de nuestro pecado así como de todo lo demás. “Y por tu luz, vemos la luz”, dice el Salmo 36. Analizar nuestra conciencia o nuestra vida, nunca nos eximirá de analizar la Palabra de Dios. Es a la luz del Evangelio como podemos ver claramente dentro de nosotros mismos y releer nuestra historia. Este ejercicio espiritual se llama el discernimiento, es allí donde el discípulo es instruido, el pecador es convertido, el santo es formado. Cuestionarios, fórmulas, diversas meditaciones pueden ayudar. Podemos utilizarlos, tanto para un acercamiento personal como para una celebración comunitaria, pero nada es mejor que lo que lleva a la escucha del Señor, una escucha directa y profunda.

 Las herramientas esenciales que resulta útil consultar
Desde este punto de vista, hay algunos textos fundamentales a los que podemos volver sin cesar: el Decálogo (la segunda parte del Catecismo de la Iglesia Católica ofrece un comentario exhaustivo), las Bienaventuranzas, el Padrenuestro y, sobre todo, el Mandamiento Nuevo. También podemos simplemente meditar sobre una lectura bíblica: la del día, la del domingo, la que nos interesa actualmente. Amós nos habla de los pobres, Salomón nos habla de sabiduría, San Pablo nos habla de unidad, San Juan nos habla de amor fraterno, Pedro nos habla de Fe… Siempre es el Espíritu Santo quien nos habla, nos interpela, nos llama a convertirnos, nos abre a una renovación. Recuperarlos, paso a paso, nos pone frente a nuestra conciencia y frente a nuestra vida, pero sobre todo frente a Dios.

Artículo enviado por:
Jesús Manuel Cedeira Costales.
Fuentes
aleteia.org

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