sábado, 28 de julio de 2018

HISTORIA Y SIGNIFICADO DE LA CORONACIÓN DE UNA IMAGEN DE LA VIRGEN MARÍA






Una de las formas más solemnes de veneración a una imagen de la Virgen María es coronarla canónicamente con una diadema o corona real.



¿De dónde procede esta manera tan peculiar de honrar a María? Esta costumbre de representar a santa María Virgen como Reina procede del Concilio de Éfeso (año 431). Posteriormente varios padres de la Iglesia le darán el título de Reina, como san Juan Damasceno (+749), que la llama “Reina, Dueña, Señora”.



El papa Pío XII en su encíclica Ad Caeli Reginam dirá: “La Beatísima Virgen ha de ser proclamada Reina no sólo por su divina maternidad, sino también en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo en la obra de nuestra eterna salvación” (n. 14).



Los pintores y escultores cristianos representaron con frecuencia a la Madre del Señor sentada en su trono y adornada con las insignias reales, rodeada de ángeles y santos, y algunos la representaron con su Hijo ciñéndole una insigne corona.



De las misiones a la Liturgia

Coronar a una imagen de la Virgen María no es una celebración muy antigua en la liturgia, ya que las primeras coronaciones canónicas se remontan a finales del siglo XVI, cuando los religiosos capuchinos al finalizar las misiones que realizaban recogían joyas entre los fieles, como signo de desprendimiento, y las fundían haciendo con ellas una corona para la Virgen.



La primera vez que se corona canónicamente a una imagen de la Virgen fue probablemente a la imagen de Santa María della Febbre, en una de las sacristías de la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 27 de agosto de 1631.



Hasta el siglo XIX la mayoría de las coronaciones fueron fundamentalmente en Italia, y hasta finales de ese siglo fueron incorporadas al conjunto de las celebraciones litúrgicas. Al incluirse el rito de la Coronación Canónica en el Pontifical Romano, esto contribuyó a que el rito se extendiera a toda la Iglesia.




En México, la primera coronación canónica fue la de Nuestra Señora de la Esperanza de Jacona, Michoacán, el 14 de octubre de 1886. Este acontecimiento motivó al Arzobispo de México a pedir la coronación pontificia para Nuestra Señora de Guadalupe, y se procedió a coronarla el 12 de octubre de 1895. A partir de entonces varias imágenes veneradas en México se han coronado pontificalmente, entre ellas la patrona de la Diócesis de Tepic, Nuestra Señora del Rosario de Talpa, el 12 de mayo de 1923.



Tres clases de coronaciones

En 1981, el papa san Juan Pablo II –año en que se aprobó el nuevo Ritual de la Coronación de una imagen de Santa María– dio a los obispos diocesanos la facultad de conceder la coronación en sus respectivas Diócesis. Tenemos así tres clases de coronación: Canónica Pontificia, Canónica Diocesana y coronación Litúrgica. Veamos cada una de ellas.




La coronación Canónica Pontificia es la que otorga la Santa Sede por la importancia que esta imagen tiene: su historia se encuentre debidamente documentada, goce de una probada devoción desde sus inicios hasta la actualidad, un extendido culto, petición de un gran número de fieles y autoridades eclesiásticas. Una vez concedida la coronación el Papa nombra a un delegado para que en su nombre efectúe la coronación. Este tipo de coronación tiene un mayor peso que las siguientes.



La coronación Canónica Diocesana es la que otorga el Obispo Diocesano y tiene similares requisitos que la anterior, aunque en menor grado, porque goza de una gran devoción entre los feligreses de esa Parroquia. Es el Obispo diocesano quien la corona u otro Obispo.



La coronación Litúrgica es aquella que no necesita ningún permiso del Obispo diocesano, porque tiene un grado de veneración más local y la realiza un sacerdote.



Todas las imágenes de la Virgen María pueden llevar una corona, pero solamente aquéllas que tienen mayor importancia en la devoción del Pueblo de Dios, un mayor culto y un activo apostolado cristiano en la región o en la nación podrán ser objeto de una coronación canónica. Es al Obispo diocesano y a la comunidad local a quien le compete el juzgar sobre la oportunidad de coronar canónicamente una imagen de la Santísima Virgen María.



La Coronación de la Virgen de Covadonga
El 8 de septiembre de 1918 fueron coronadas canónicamente las imágenes de la Virgen de Covadonga y del Niño Jesús que porta en brazos. El entonces Obispo de Oviedo, Mons. Javier Baztán y Urniza, había solicitado del Papa Benedicto XV esta gracia, así como la concesión de un Jubileo extraordinario, extensivo a los meses comprendidos entre marzo y octubre de ese año, en el que se conmemoraba, además, el duodécimo centenario de la batalla de Covadonga.
La ceremonia de coronación fue presidida por el cardenal asturiano Victoriano Guisasola y Menéndez, Arzobispo de Toledo, en presencia de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, del Gobierno de España y de autoridades locales. El sermón fue pronunciado por el Obispo de Plasencia, Mons. Ángel Regueras y López. Finalizado el acto, las imágenes coronadas de la Virgen y el Niño fueron conducidas desde la explanada de la basílica hasta la Santa Cueva en una procesión encabezada por la Cruz de la Victoria, que fue llevada al Santuario para la ocasión. 


Tal y como narran las crónicas, fue coronada también la imagen del Niño, que la Virgen porta en su brazo izquierdo; y fue coronada antes que la de Ella, para indicar que la realeza de María es participación de la de Cristo.
Por todo ello, el 8 de septiembre de 2017 se declarará abierto el Año Jubilar Mariano de Covadonga, en el que se conmemorará aquella efeméride. La Santa Sede ha concedido la gracia de la indulgencia a cuantos peregrinen a Covadonga y cumplan los requisitos establecidos por ella para alcanzar el perdón y el don de una vida nueva en Cristo. Este Año Jubilar será clausurado el 8 de septiembre de 2018.La Costumbre de Coronar Imágenes de María

La Costumbre de Coronar Imágenes de María

La costumbre de coronar imágenes de santa María fue iniciada a finales del siglo XVI por un capuchino italiano llamado Jerónimo Paolucci de Calboli da Forli (1552-1620). La primera imagen que fue coronada fue la de Nuestra Señora, venerada en la Steccata en Parma. Tuvo lugar el 27 de mayo de 1601. Con este gesto, que expresaba una profunda piedad mariana, fray Jerónimo concluía un período de predicaciones al estilo de las misiones populares. Al mismo tiempo, la coronación de la imagen tenía un sentido social, porque este fraile concibió la idea de coronar a la Virgen al ver el ostentoso lucir de joyas de las damas de Parma. Pretendía con ello inducir a la nobleza parmesana a inspirarse en el ejemplo de la Virgen y entregarse al socorro de los pobres. Otros capuchinos siguieron el ejemplo de fray Jerónimo y fueron extendiendo la costumbre de coronar imágenes de María.



Un seguidor de fray Jerónimo fue el Conde Alejandro Sforza, el cual, en su testamento hizo donación de sus bienes al Cabildo del Vaticano para que promovieran la coronación de imágenes de la Virgen. La primera de ellas fue la “Madonna della Febbre”, en la sacristía de la Basílica Vaticana (1631), coronada con el oro legado por el Conde Sforza. La intervención del Cabildo Vaticano supuso que las coronaciones pasaran al ámbito de vigilancia y acción de los Romanos Pontífices y que alcanzaran gran difusión. A finales del siglo XIX la Congregación de Ritos promulgó un “Ordo” (29 marzo 1897) basado en el que tenía el Capítulo Vaticano y lo incorporó como apéndice al “Pontificale Romanum”.

Los Papas favorecieron esta costumbre de coronar imágenes de la Virgen, coronando personalmente o mediante legados algunas imágenes. Una de las primeras coronaciones papales fue el 3 de mayo de 1782, en que Pío VI coronó a “Santa Maria del Popolo” en la Catedral de Cesena.

El Obispo de Menorca Bartolomé Pascual, solicitó al Papa Pío XII la “coronación pontificia” de la Virgen del Toro, lo que fue concedido con fecha 22 de septiembre de 1942. Habiendo comprobado la gran devoción de Menorca a la Virgen del Toro –se dice en el decreto- “a ti, Ilmo. y Rvdmo. Señor, te conferimos por las presentes letras el encargo de hacer dicha coronación”. Finalmente, el día 12 de septiembre de 1943 la imagen de nuestra patrona sería solemnemente coronada, en nombre del Santo Padre.



La costumbre de coronar imágenes de María continúa en nuestros días, si bien en el año 1981 se renovó el rito, con el deseo de armonizar esta costumbre con la visión sobre María que presentaba el Concilio Vaticano II. 



Aunque el uso de coronar imágenes de la Virgen no se inició hasta el siglo XVI, la atribución a María del título de “Basilissa” o “Reina” pertenece a la tradición milenaria de la Iglesia. Se trata de un apelativo que no se encuentra como tal en la Sagrada Escritura, pero que las primeras generaciones de cristianos aplicaron a María inspirándose en las palabras del Ángel, que anuncia que el Hijo que va a nacer heredará “el trono de David, su Padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 32-33), y en las palabras de Santa Isabel, que llama a María “la madre de mi Señor” (Lc 1, 43).




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales




Fuentes:

Escrito para el Full Dominical.

www.lasenda.org.mx
www.jubileocovadonga2018.com


sábado, 21 de julio de 2018

¿POR QUÉ SANTIAGO APÓSTOL ES EL PATRÓN DE ESPAÑA?






En la tradición militar de España, el grito de guerra «¡Santiago y cierra España!» ha sido utilizado desde la Reconquista por los soldados antes de cada carga en ofensiva.

Santiago de Zebedeo, conocido como Santiago el Mayor, es el patrón de numerosos pueblos y ciudades en todo el mundo, pero ante todo es popular por ser el patrón de Galicia y de España. Según distintas tradiciones orales, Santiago –uno de los apóstoles de Jesucristo– desembarcó en la Bética Romana, siguió caminando por la vía romana que unía la Itálica con Mérida, continuó hacia Coimbra y Braga y terminó en Iria-Flavia, Padrón, en Galicia.

Tras un largo periplo por la Península Ibérica, Santiago regresó a Jerusalén y en el año 44 fue decapitado con una espada. No obstante, sus discípulos recogieron su cadáver y lo embarcaron con dirección a la Hispania Romana. Siempre según la tradición, la nave desembarcó en la costa marítima gallega, donde fue trasladado al lugar donde se halla la catedral compostelana en la actualidad.

No vano, existen pocas evidencias históricas que puedan demostrar que el apóstol viajara realmente a la Península. «Pese a todos los esfuerzos de la erudición de ayer y de hoy, no es posible, sin embargo, alegar en favor de la presencia de Santiago en España y de su traslado a ella, una sola noticia remota, clara y autorizada», explica Sánchez Albornoz en su obra «En los albores del culto jacobeo».

Con todo, el relato quedó enraizado en la tradición ibérica y en el año 1630, siendo dicho monarca Felipe IV, el papa Urbano VIII decretó oficialmente que el Apóstol Santiago, el Mayor, fuera considerado solo y único Patrón de la Nación Española. «Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada», afirmó en una ocasión Francisco de Quevedo.



¡Santiago y cierra España!

En la tradición militar de España, el grito de guerra «¡Santiago y cierra España!» ha sido utilizado por los soldados desde la Reconquista hasta la época moderna antes de cada carga en ofensiva. El significado de la frase es, por una parte, invocar al apóstol Santiago, que según la leyenda se apareció durante la Batalla de Clavijo para combatir junto a los cristianos, y por otro, la orden militar cierra, que en términos militares significa trabar combate, embestir o acometer.



Diego o Jaime derivan de Santiago

Santiago deriva en numerosos nombres muy comunes en España, en especial en Galicia: Jacobo, Jacob, Yago, Iago, Jaime, Tiago, Santiago o Diego. Sin embargo, todos son variantes en español del nombre hebreo Ya'akov, que significa, según la etimología popular contenida en la Biblia, «sostenido por el talón». En el caso del nombre de Diego, todo hace pensar que es la incorrecta separación del nombre Santiago: San Tiago.




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:www.abc.es

sábado, 14 de julio de 2018

LA VIRGEN DEL CARMEN







Santa María del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen o Nuestra Señora del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, en la ciudad de Haifa, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como 'jardín'. Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.



En España, Puerto Rico y Costa Rica es patrona del mar, también es patrona de la Armada Española. Es considerada Reina y Patrona de Chile, de sus Fuerzas Armadas y de los Carabineros; es patrona de la Policía Nacional, y del Ejército Nacional de los colombianos, de los marineros y de los conductores en Colombia; en Bolivia es la Patrona de la Nación y de sus Fuerzas Armadas; en el Perú es “Patrona del criollismo" y "Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de Lima", y en Venezuela es la patrona del Ejército y los conductores. Además, fue la patrona del Ejército de los Andes que liderado por el general José de San Martín, gestó la independencia de Argentina y Chile.



Esta advocación da nombre a todas aquellas personas que se llaman Carmen, Carmela o Carmelo, y que celebran su onomástica en la festividad de Nuestra Señora del Carmen, el 16 de julio, que la Iglesia católica conmemora con calidad de memoria facultativa.



ORIGEN DE LA DEVOCIÓN





La veneración remonta al grupo de ermitaños que, inspirados en el profeta Elías, se retiraron a vivir en el Monte Carmelo, considerado el jardín de Israel ("Karmel" significa "jardín"). Estos devotos, después de las cruzadas, formaron en Europa la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas). El Monte Carmelo, situado en la actual Israel, ha sido un sitio de devoción religiosa desde la antigüedad. En la Biblia Hebrea se le menciona con el nombre de Hakkarmel (lugar del jardín), en el libro del profeta Isaías como un lugar de gran belleza y aparece también en relación al profeta Elías. No aparece, sin embargo, en el Nuevo Testamento.




Según la tradición carmelita, el 16 de julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se le había aparecido, a San Simón Stock, superior general de la Orden, a quien le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita. Según esa tradición moderna, la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo. Esta veneración recibió reconocimiento papal en 1587 y ha sido respaldada por los Pontífices posteriores, en especial lo referente al escapulario.



La devoción mariana hacia la Virgen del Carmen se extendió a muchos países de Europa, entre ellos a España y desde éste a numerosos países de América, destacando entre ellos Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, México, Panamá, Perú, Puerto Rico y Venezuela.



DEVOCIÓN EN ESPAÑA






España es uno de los países donde más arraigada se encuentra esta advocación. Los pescadores han nombrado a la Virgen del Carmelo su fiel protectora y, además, la Marina Española le ha concedido el título de Patrona. Por esta razón, la Virgen del Carmen es conocida como "la estrella de los mares" (Stella Maris).





El primer convento carmelita de la Península Ibérica aparecería en Perpiñán (Francia), entonces ciudad de la Corona de Aragón, estableciéndose su fecha fundacional entre 1265 y 1269. Su propagación fue rápida por toda la península ibérica, llegando a Sevilla en 1358, ciudad desde la que se impulsará la creación de la destacada Provincia Bética Carmelitana, en 1499. En esta época empezarán a surgir las primeras comunidades femeninas de religiosas carmelitas en todo el territorio. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, también durante el siglo XVI, introdujeron profundas reformas en el seno de la Orden dando origen a los "Carmelitas Descalzos", una nueva congregación más austera que se separa de la orden matriz, la cual pasó a llamarse "Carmelitas Calzados" o de la "Antigua Observancia". A pesar de esta división, continuaron en siglos sucesivos su camino espiritual por todo el mundo.





Prácticamente todos los pueblos y ciudades de la costa española rinden culto religioso a la Virgen del Carmen, organizándose procesiones y vistosas romerías marítimas portando su imagen cada 16 de julio.




 Destacan las celebraciones de Almería, Roquetas de Mar (Almería), Adra (Almería), Garrucha (Almería), Águilas (Murcia), Algeciras (Cádiz), La Alfoquía (Almería), Arminza (Vizcaya), Amorebieta-Echano (Vizcaya), Barbate (Cádiz), (Isla Mayor (Sevilla), Cádiz, Camariñas (La Coruña), Cariño (La Coruña), Cee (La Coruña), Chiclana de la Frontera (Cádiz), Corralejo (Las Palmas de Gran Canaria), Corcubión (La Coruña), El Perelló-Sueca (Valencia), El Puerto de Santa María (Cádiz), Estepona (Málaga), Isla Cristina (Huelva), Rincón de la Victoria (Málaga), La Cala del Moral (Rincón de la Victoria, Málaga), La Isleta -Las Palmas de Gran Canaria, La Línea de la Concepción (Cádiz), La Orotava (Santa Cruz de Tenerife), Los Realejos (Santa Cruz de Tenerife), Los Urrutias (Murcia), Málaga, Marbella (Málaga), Marín (Pontevedra), Mazagón-Palos de la Frontera (Huelva), Molina de Aragón (Guadalajara), Puente Mayorga-San Roque (Cádiz), Puerto de la Cruz (Santa Cruz de Tenerife), Puerto del Son (La Coruña), Punta Umbría (Huelva), Revilla de Camargo-Camargo (Cantabria), Rota (Cádiz), San Fernando (Cádiz), San Pedro del Pinatar (Murcia), Suances (Cantabria), Santander (Cantabria), Santurce (Vizcaya), Santa Cruz de Tenerife (Santa Cruz de Tenerife), Torrevieja (Alicante), Santa Pola (Alicante), Vigo, Zahara de los Atunes (Cádiz). 




También es significativo el enraizamiento de esta advocación en determinadas localidades del interior de la península ibérica, y por tanto no vinculadas con el mar, pero consagradas históricamente a la Virgen del Carmen, como es el caso de La Cistérniga (Valladolid), Asturianos (Zamora), Baeza (Jaén), Beniaján (Murcia), Cáceres, Córdoba , Cox (Alicante), Dúrcal (Granada), Guadix (Granada), Hinojosa del Duque (Córdoba), Jerez de la Frontera (Cádiz), Las Fraguas (Cantabria), Peleas de Abajo (Zamora), Peñausende (Zamora), Rute (Córdoba), Cuevas de San Marcos (Málaga), San Fulgencio (Alicante) y Setenil de las Bodegas (Cádiz), entre otras.









Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales











Fuente: wikipedia.


sábado, 7 de julio de 2018

PLEGARIA PARA UNAS VACACIONES CRISTIANAS



 Señor Jesús, tú dijiste a tus discípulos
“venid conmigo a un lugar apartado y descansad un poco”,
te pedimos por nuestras vacaciones.
El afán de cada día multiplica nuestra vida
de quehaceres, urgencias, agobios, prisas e impaciencias.
Necesitamos el reposo y sosiego.
Necesitamos la paz y el diálogo.
Necesitamos el encuentro y la ternura.
Necesitamos la oxigenación del cuerpo y del alma.
Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.

Bendice, Señor, nuestras vacaciones.
Haz que sean tiempo fecundo para la vida de familia,
para el encuentro con nosotros mismos y con los demás,
para la brisa suave de la amistad y del diálogo,
para el ejercicio físico que siempre rejuvenece,
para la lectura que siempre enriquece
para las visitas culturales que siempre abren horizontes,
para la fiesta auténtica que llena el corazón del hombre.

Haz que nuestras vacaciones de verano sean tiempo santo
para nuestra búsqueda constante de Ti,
para el reencuentro con nuestras raíces cristianas,
para los espacios de oración y reflexión,
para compartir la fe y el testimonio,
para la práctica de tu Ley y la de tu Iglesia,
para la escucha de tu Palabra,
para participar en la mesa de tu eucaristía.

Tú vienes siempre a nosotros.
Tú siempre te haces el encontradizo.
Tus caminos buscan siempre los nuestros.
Haz que en las vacaciones de verano,
sepamos remar mar adentro y te encontremos a Ti,
el Pescador, el Pastor, el Salvador, el Hermano, el Amigo,
y encontremos a nuestros hermanos.
Juntos realizaremos la gran travesía de nuestras vidas.
En tu nombre, Señor,
también en vacaciones,
quiero estar dispuesto a remar mar adentro.
Ayúdame. Te necesito, también en vacaciones.
AMÉN.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales






Fuente: www.revistaecclesia.com

Estandarte

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