martes, 20 de febrero de 2018

20 DE FEBRERO: LOS SANTOS FRANCISCO Y JACINTA MARTO, NIÑOS VIDENTES DE FÁTIMA



Hoy el Señor nos invita a ver en Francisco y Jacinta, dos ejemplos para hacer lo que Él mismo nos enseñó: Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Aprendamos de estos videntes de la Virgen en Fátima, a vivir nuestra vida cristiana con los ojos puestos en lo esencial.

En el pequeño pueblo de Aljustrel, a menos de un kilómetro de Fátima, en Portugal; nacieron los pastorcitos que vieron a la Virgen María: Lucía y los hermanitos Francisco (nacido el 11 de junio de 1908) y Jacinta (nacida el 11 de marzo de1910).

Desde muy temprana edad, Jacinta y Francisco aprendieron en el calor del hogar paterno, a amar a Dios y a la Virgen.

Cuidaban sus rebaños con su prima Lucia, y en las largas jornadas de pastoreo, dedicaban entre sus juegos, un tiempo para rezar y hablar de Jesucristo.

Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, La Virgen María se les apareció en la Cova de Iría. A partir de este encuentro con la dulce Madre de Dios, su amor a Dios y a la Virgen creció considerablemente y ya no tenían otra razón para vivir que rezar y sufrir por la conversión de los pecadores. Durante las apariciones, soportaron con fortaleza las calumnias, injurias y persecuciones de mucha gente; e incluso fueron encerrados varios días en la cárcel y amenazados de muerte por agentes del gobierno enemigos de la Iglesia.

Francisco era de natural bondadoso; cuando veía a alguien pasar por alguna necesidad, experimentaba un gran deseo de ayudar y por ello era reconocido como un buen muchacho. "Consolad a vuestro Dios", le dijo el Ángel en su tercera aparición y en adelante se preocupará solo de hacer que el Señor este triste. Tuvo la intuición de que no viviría mucho y por eso decidió no ir a la escuela y pasar más tiempo cerca del Señor, por lo que se quedaba casi todo el día cerca del Tabernáculo de la Iglesia. En su enfermedad dijo a su prima: "¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él este así. Le ofrezco cuanto sacrificio yo puedo." Enfermo y después de cinco meses de continuo sufrimiento; se confesó, comulgó y se preparó para encontrarse nuevamente con la Virgen, quien lo recibió en el cielo el 4 de abril de 1919

Jacinta era de carácter muy vivaz, siempre se le veía corriendo de aquí para allá o bailando. Una niña muy alegre. Desde las apariciones iba a misa todos los días. Muchos de sus sacrificios los ofrecía por el Papa, pues había visto en una visión los sufrimientos del Sumo Pontífice por toda la Iglesia. Al ver en otra visión el infierno, en adelante solo tuvo el ideal de convertir pecadores: ¡Qué pena tengo de los pecadores!  ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno! El Señor quiso mostrarle el cielo el 20 de febrero de 1920. Solo tenía 10 años.

Los restos de Jacinta y Francisco fueron trasladados del cementerio al Santuario de Fátima. Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, encontraron que el rosario que le habían colocado en el pecho estaba enredado entre los dedos de sus manos. Y a Jacinta, la encontraron incorrupta 15 años después. El 13 de Mayo del 2000, el Santo Padre Juan Pablo II los declaró beatos en su visita a Fátima, donde también estuvo presente su prima Lucia. Francisco y Jacinta son los primeros niños no mártires en ser beatificados. El 13 de Mayo del 2017, el Santo Padre Francisco los declaró Santos en su visita a Fátima. 



LETANÍA DE LOS SANTOS FRANCISCO Y JACINTA.


Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.

Nuestra Señora del Rosario de Fátima, rogad por nosotros.
Nuestra Señora de los Dolores, rogad por nosotros.
Nuestra Señora del Carmen, rogad por nosotros.
Virgen de los Pastorcitos, rogad por nosotros.

San Francisco Marto, rogad por nosotros.
Santa Jacinta Marto, rogad por nosotros.

Niños llamados por Jesucristo, rogad por nosotros.
Niños llamados a contemplar a Dios en el Cielo, rogad por nosotros.
Pequeños a quien el Padre revela los misterios del Reino, rogad por nosotros.
Pequeños privilegiados del Padre, rogad por nosotros.
Alabanza perfecta de las maravillas de Dios, rogad por nosotros.
Imágenes del abandono filial, como niños en el cuello de la madre, rogad por nosotros.
Víctimas de reparación en beneficio del Cuerpo de Cristo, rogad por nosotros.

Confidentes del Ángel de la Paz, rogad por nosotros.
Custodios, como el Ángel de la Patria, rogad por nosotros.
Adoradores como el Ángel de la Eucaristía, rogad por nosotros.
Videntes de la Mujer revestida con el Sol, rogad por nosotros.
Videntes de la Luz que es Dios, rogad por nosotros.
Hijos predilectos de la Virgen Madre, rogad por nosotros.
Oídos atentos a la solicitud materna de la Virgen María, rogad por nosotros.
Abogados del Mensaje de la Señora más brillante que el Sol, rogad por nosotros.
Mensajeros de la palabra de la Madre de Dios, rogad por nosotros.
Profetas del triunfo del Corazón Inmaculado de María, rogad por nosotros.
Cumplidores de los designios del Altísimo, rogad por nosotros.
Fieles depositarios del Mensaje, rogad por nosotros.
Emisarios de la Señora del Rosario, rogad por nosotros.
Misioneros de los pedidos de María, rogad por nosotros.
Portadores de las llamadas del Cielo, rogad por nosotros.
Celadores del Vicario de Cristo, rogad por nosotros.
Confesores de la vida heroica en la verdad, rogad por nosotros.
Consoladores de Jesucristo, rogad por nosotros.
Ejemplos de la caridad cristiana, rogad por nosotros.
Siervos de los enfermos y de los pobres, rogad por nosotros.
Reparadores de las ofensas de los pecadores, rogad por nosotros.
Amigos de los hombres al lado del trono de la Virgen María, rogad por nosotros.
Lirios de inocencia a exhalar santidad, rogad por nosotros.
Perlas brillantes resplandeciendo beatitud, rogad por nosotros.
Serafines de amor a los pies del Señor, rogad por nosotros.
Oblaciones a Dios para soportar los sufrimientos en acto de reparación, rogad por nosotros.

Ejemplo admirable en el compartir con los pobres, rogad por nosotros.
Ejemplo incansable en el sacrificio por la conversión de los pecadores, rogad por nosotros.
Ejemplo de fortaleza en los tiempos de la adversidad, rogad por nosotros.

Enamorados de Dios en Jesús, rogad por nosotros.
Pastorcitos que nos guiáis al Cordero, rogad por nosotros.
Discípulos de la escuela de María, rogad por nosotros.
Intercomunicadores de la humanidad, rogad por nosotros.
Frutos del árbol de la santidad, rogad por nosotros.
Don para la Iglesia Universal, rogad por nosotros.
Señal divina para el Pueblo de Dios, rogad por nosotros.
Testimonios de la gracia divina, rogad por nosotros.
Estímulo a la vivencia del bautismo, rogad por nosotros.
Experiencia de la presencia amorosa de Dios, rogad por nosotros.
Elocuentes en la intimidad de Dios, rogad por nosotros.
Intercesores, al lado de Dios, por los pecadores, rogad por nosotros.
Constructores de la Civilización del Amor y de la Paz, rogad por nosotros.
Lámparas que iluminan la humanidad, rogad por nosotros.
Luces amigas que iluminan las multitudes, rogad por nosotros.
Luceros que resplandecen en el camino de la humanidad, rogad por nosotros.
Llamas ardientes en las horas sombrías e inquietas, rogad por nosotros.
Candiles que Dios encendió, rogad por nosotros.

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

Oración conclusiva.

Dios de infinita bondad, que amáis la inocencia y exaltáis a los humildes, concédenos, por intercesión de la Inmaculada Madre de vuestro Hijo, que, a imitación de los bienaventurados Francisco y Jacinta, Os sirvamos en la simplicidad de corazón para poder entrar en el reino de los Cielos. Por Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que es Dios con vosotros en la unidad del Espíritu Santo. Amen.

Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

domingo, 18 de febrero de 2018

DECÁLOGO DEL COFRADE



I.- El cofrade, al salir en procesión, debe revestirse de Jesucristo y llenarse de misericordia, bondad, humildad y caridad.

II.- El cofrade estima y cuida su túnica, que cubre y simboliza su arrepentimiento.

III.- Durante la Estación de Penitencia, el cofrade medita la Pasión del Señor, reza el Rosario, eleva su corazón al cielo, y lleva su cruz tras la Cruz de Guía que le abre camino.

IV.- El cofrade hace la Estación de Penitencia con profunda devoción y recogimiento, en espíritu y verdad, y experimenta la misericordia divina, por el perdón de sus pecados.

V.- El cofrade deja en las calles por las que pasa el testimonio de su Fe y de su compromiso personal con Cristo, su voluntad de ser seguidor suyo y corredentor con Él.

VI.- El cofrade lleva en la mente y en el corazón las necesidades de sus hermanos, y les ofrece su ayuda y su fraternal afecto.

VII.- El cofrade mantiene la unidad entre su Fe cristiana y su vida personal y cotidiana, procurando vivir ésta a la luz de su creencia y dar siempre testimonio a su alrededor de esa Fe que sostiene la vida.

VIII.- El cofrade lo es no solo durante la Estación de Penitencia sino también después de ella, porque a lo largo de todo el año mantiene encendido el cirio de su Fe.

IX.- El cofrade acompaña a Cristo y la Virgen en su caminar por la Vía Dolorosa pero, al mismo tiempo, es acompañado por ellos, que le guardan con su amor.

X.- La Estación de Penitencia es el peregrinaje necesario para alcanzar el perdón de Dios y resucitar con Cristo.




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente:http://www.stmocristodelaesperanza-algete.es/hermandad/semana-santa/decalogo-del-cofrade/

Los besapiés y besamanos




Los origenes de los besapiés y besamanos

Este artículo podría ser muy extenso y muy documentado pero por el ámbito donde se reproduce y el fin ilustrativo para el que se escribe, voy a dar una pequeña aproximación al tema usando solo “testimonios orales” sobre la cuestión y algunas citas obtenidas del ceremonial pontificio y hemeroteca de algunos periódicos. No tengo por tanto afán alguno de realizar un estudio académico, sino de hacer una breve aproximación a la cuestión de fondo.

Si bien en el ámbito de la piedad popular pueden ser un acto de reciente adopción (como se verá, se extienden durante el siglo XX), la tradición de besar los pies o las manos en señal de “gran respeto” o “profunda reverencia” es, en realidad, extremadamente antigua.

Parece unánime que el origen de esta costumbre proviene de Oriente y ya en el Imperio Aqueménida se veneraba al Emperador de los Persas de esta forma. Tras la invasión de Alejandro Magno (331 a.C.), los griegos traen esta costumbre consigo a Occidente consolidándose en el Imperio Romano como forma habitual de veneración al Emperador arrodillarse ante él y besar el filo de su manto de púrpura, así como el pie. Esta costumbre se mantuvo en el Imperio Romano de Oriente o Bizantino hasta su caída en 1453.

Mientras tanto en el Occidente medieval, el Papa Constantino I introdujo esta costumbre en el ceremonial pontificio en el año 709, no solo en actos solemnes, como por ejemplo, para jurar obediencia al Papa, sino como saludo protocolario en cualquier audiencia o encuentro con el Soberano Pontífice. El Papa San Juan XXIII aboliría esta costumbre ya a finales de los años 50 del Siglo XX.

Por otra parte, esta forma de mostrar respeto se daba igualmente en la Edad Media entre nobles y vasallos ya que estos últimos juraban fidelidad besando la mano de su señor con lo que se denominaba el osculum fidelitatis o beso de la fidelidad; exactamente eso es lo que hacemos cuando besamos el anillo de un Obispo, reconocer fidelidad.

Esta costumbre se extendió entre la Realeza que se “exponía” en besamanos en distintos actos ante la Corte y aún se realiza hoy, aunque no se besan las manos del Monarca propiamente y solo la de la Reina de modo figurado.

Como vemos, pues, besar las manos o pies de los Sumos Pontífices, Reyes, Obispos o señores feudales significaba un acto profundo de sumisión y respeto (Su última rémora a nivel social hoy es el beso en la mano que se figura como saludo respetuoso a las señoras cada vez más en desuso).


Hay por cierto una bellísima anécdota del Beato Papa Pablo VI al respecto al recibir la visita del Patriarca Melitón de Calcedonia en representación de toda la Ortodoxia, el día 14 de septiembre de 1975, el Papa le abrazó y luego, arrodillándose, le besó los pies en señal de humildad y reverencia para con toda la Iglesia Ortodoxa. Este gesto fue recibido con gran estupor y alegría por todos los ortodoxos y es tenido como un símbolo enorme en el camino ecuménico para la unión de católicos y ortodoxos.

A principios del Siglo XX hubo un movimiento grande en la Iglesia sobre la cuestión de la Realeza de Cristo (y por consiguiente de Su madre) que se plasmó en la institución de la Solemnidad de Cristo Rey por el papa Pio XI el día 11 de diciembre de 1925 a través de la Carta Encíclica Quas Primas.

No necesariamente ligado a este acontecimiento pero sí en la misma franja temporal comienzan a popularizarse los besamanos y besapiés a imágenes de devoción.

Parece que el primer besamano de la historia de las cofradías de Sevilla, al menos, fue el de la Virgen de la Esperanza Macarena, el 18 de diciembre de 1925.

El vínculo a la idea de reverencia y veneración a la Majestad es claro y de las ceremonias que hemos explicado es de donde toman su inspiración.

El colofón a esta trayectoria es la institución de la fiesta de la Realeza de María por el Venerable Papa Pio XII, el día 1 de Noviembre de 1954 en su Carta Encíclica Ad Caeli Reginam.

Por tanto, estamos ante un acto de piedad (que no un acto litúrgico ya que no proviene de los ritos de la Iglesia, sino de la iniciativa de los fieles) que, inspirado en ceremonias de corte que se remontan hasta la antigüedad, es utilizado para representar un acto de profunda reverencia a las imágenes sagradas y, de adoración, en suma, a Dios en la persona de Cristo o de veneración a Su Santísima Madre, la Virgen María.


Sentido cristiano del besa pies

Besar los pies es una tradición muy antigua. Refleja una época donde el poder de uno era puesto por encima del otro, y se expresaba inclinándose ante este y dando un beso en el pie. Besar los pies es un símbolo de respeto pero también de sumisión. Se trataba de un acto de adoración.

 Ya el libro del Génesis registra que Abraham al reconocer a los enviados de Dios, que eran unos ángeles fueron recibidos postrándose y besándoles los pies. En la tradición antigua de Persia, Roma, y Grecia, besar los pies tuvo una interpretación política: reconocer el poder del soberano. En ambos casos, besar los pies no se puede separar de la idea de una sociedad jerarquizada, donde el superior es servido por el que es considerado inferior al grado de darle culto con esta acción.

 Esta acción fue sustituida por la expresión “a sus pies”, que implica finalmente lo mismo aunque fue usada como una muestra de cortesía.

 En la tradición judía lavar los pies era un servicio que se hacía a alguien que llegaba de visita a una casa, pues como usaba sandalias, era un signo de cortesía y de acogida mandar a un sirviente a lavar los pies al visitante. Por eso, resulta un contrasentido que Jesús, considerado el superior y jefe se ponga a lavarles los pies a los discípulos. Por otra parte, para sorpresa de muchos, en la narración bíblica (Jn 13, 4-17) no aparece la escena del beso de los pies que posteriormente apareció en la liturgia del Jueves Santo.




 El gesto del lavatorio es propio del cristianismo pues en el ritual de la Pascua Judía no aparece, sin embargo hay que precisar que la acción de Jesús consistió sólo en lavar y secar los pies. Es hasta el siglo IV que el gesto del beso aparece en la liturgia católica del bautismo para hacer más evidente la actitud de humildad y de servicio del cristiano. Más tarde hacia el siglo VII la práctica de lavar los pies y besarlos se incorpora a los monasterios como signo de acogida a los visitantes. Esta acción se replica de manera similar en las iglesias católicas romanas y ortodoxas. En cuanto a las iglesias reformadas y evangélicas, los adventistas acompañaban la celebración de la Cena con el rito del lavatorio.

 Ahora bien, si actualmente se ha vuelto en la liturgia católica y ortodoxa una tradición besar los pies, podemos preguntarnos ¿qué significado tiene? ¿Se trata de un signo que refleje el sentido de servicio de una autoridad que se inclina ante quien dirige para reconocer que el que es servido es más importante?

 O por el contrario ¿se trata de un gesto que aunque tenga una justificación litúrgica, pueda ser usado por los grupos sacerdotales para mostrar su mismo poder? ¿Nos encontramos ante una forma de manifestar una actitud de servicio o ante el cumplimiento formal de las rúbricas que no cambia el modo de ejercer la autoridad?

 Lamentablemente las respuestas se encuentran en cada sujeto sacerdotal o episcopal que besa los pies durante el lavatorio, pues corresponden al ámbito de la conciencia. Sin embargo, los signos –que siempre son externos– pueden mostrar el interior del sujeto, es decir, su conciencia. Dicho de manera simple, si quien lava los pies lo hace como un signo de reconocimiento del débil, del inferior, del marginado, y efectivamente esta es su convicción, el obispo o sacerdote estará alineando tradición y actualidad, pues ejercerá su actividad como servicio respetuoso de la dignidad del otro, desde el reconocimiento de la alteridad.

 De otra forma, el autoritarismo, el deseo de tener la última palabra y de creer que es la voz de Dios dejará al signo del besar los pies como una tradición muerta.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuentes: Textos de Víctor T. Rodríguez-Flores

www.upacoca.com

viernes, 16 de febrero de 2018

El Vía Crucis




Vía crucis

El vía crucis​ o viacrucis​ (en latín: «camino de la cruz») es una de las devociones o prácticas de oración más extendidas entre los cristianos. Refiere las diferentes etapas o momentos vividos por Jesús desde el momento en que fue aprehendido hasta su crucifixión y sepultura. La expresión se usa también comúnmente para expresar todo tipo de dificultades que se presentan en la vida cuando se quieren alcanzar ciertos objetivos.



También conocido como "estaciones de la cruz" y "vía dolorosa", se trata de un acto de piedad, un camino de oración que busca con la meditación de la pasión y muerte de Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de catorce imágenes de la Pasión, denominadas estaciones, correspondientes a incidentes particulares que, según la tradición cristiana, Jesús sufrió por la salvación de la humanidad basados en los relatos evangélicos y la tradición. También se llama via crucis al recorrido de cruces que señalan un camino o una ruta donde se puede realizar este ejercicio piadoso.



Historia

La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de la Vía Dolorosa (aunque no se llamaba así antes del siglo XVI) fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (siglo IV).



Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y San Jerónimo, Padre de la Iglesia, escribió sobre la multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoción en los primeros siglos.

Desde el siglo XII los peregrinos escriben sobre la "Vía Sacra", como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión. No sabemos cuándo surgieron las Estaciones según las conocemos hoy, ni cuándo se les comenzó a conceder indulgencias, pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el vía crucis, ya que a ellos se les concedió en 1342 la custodia de los lugares más preciados de Tierra Santa. Tampoco está claro en qué dirección se recorrían, puesto que, según parece, hasta el siglo XV muchos lo hacían empezando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato.



Ferraris menciona las siguientes estaciones con indulgencias:

En los siglos XV y XVI se erigieron estaciones en diferentes partes de Europa. El Beato Álvaro de Córdoba, fraile dominico (m. 1430), que en su regreso de Tierra Santa construyó una serie de pequeñas capillas en el convento dominico de Córdoba en las que se pintaron las principales escenas de la Pasión en forma de estaciones. Por la misma época, la Beata Eustochia, clarisa, construyó Estaciones similares en su convento en Mesina. Hay otros ejemplos. Sin embargo, la primera vez que se conoce el uso de la palabra "Estaciones" siendo utilizada en el sentido actual del vía crucis, se encuentra en la narración del peregrino inglés Guillermo Wey sobre sus visitas a la Tierra Santa en 1458 y en 1462. Wey ya menciona catorce estaciones, pero solo cinco de ellas corresponden a las que se usan hoy día, mientras que siete solo remotamente se refieren a la Pasión.

En los tiempos medievales, pocas de las Estaciones mencionan la segunda (Jesús carga con la cruz) ni la décima (Jesús es despojado de sus vestiduras). Por otro lado, algunas que hoy no aparecen, eran antes más comunes. Entre estas, el balcón desde donde Pilato pronunció Ecce Homo (he aquí el hombre).

Comprendiendo la dificultad de peregrinar a la Tierra Santa, el papa Inocencio XI concedió en 1686 a los Franciscanos el derecho de erigir Estaciones en sus iglesias y declaró que todas las indulgencias anteriormente obtenidas por visitar devotamente los lugares de la Pasión del Señor en Tierra Santa las podían en adelante ganar los Franciscanos y otros afiliados a la orden haciendo las Estaciones de la Cruz en sus propias iglesias según la forma acostumbrada. Inocencio XII confirmó este privilegio en 1694 y Benedicto XIII lo extendió en 1726 a todos los fieles. En 1731 Clemente XII lo extendió aún más permitiendo las indulgencias en todas las iglesias, siempre que las Estaciones fueran erigidas por un padre franciscano con la sanción del ordinario (obispo local). Al mismo tiempo fijó definitivamente en catorce el número de Estaciones. Benedicto XIV exhortó en 1742 a todos los sacerdotes a enriquecer sus iglesias con el rico tesoro de las Estaciones de la Cruz. En 1773 Clemente XIV concedió la misma indulgencia, bajo ciertas circunstancias, a los crucifijos bendecidos para el rezo de las Estaciones, para el uso de los enfermos, los que están en el mar, en prisión u otros impedidos de hacer las Estaciones en la iglesia. La condición es que sostengan el crucifijo en sus manos mientras rezan Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria un número determinado de veces. Estos crucifijos especiales no pueden venderse, prestarse ni regalarse sin perder las indulgencias, ya que son propios para personas en situaciones especiales. En 1857 los obispos de Inglaterra recibieron facultades de la Santa Sede para erigir ellos mismos las Estaciones con indulgencias cuando no hubiese Franciscanos. En 1862 se quitó esta última restricción y los obispos obtuvieron permiso para erigir las Estaciones, ya sea personalmente o por delegación, siempre que fuese dentro de su diócesis.



Realización y actualización



La costumbre es hacer un recorrido grupal que puede tener lugar dentro del templo o por las calles, deteniéndose en cada estación y haciendo una oración en cada una, una lectura de algún pasaje del evangelio y también un cuento. La piedad dejó o hizo producir en el arte obras maravillosas representando las distintas escenas del vía crucis.


​ Existen vía crucis monumentales en muchos lugares, como el vía crucis de Lorca, que finaliza en un lugar único en el mundo, el de Ortigueira, que recorre las principales calles de esta villa costera, acompañando a Jesús Nazareno, el Monte Calvario, cerro sobre el que se construyeron una serie de ermitas a comienzos del s. XVII como alternativa a los peregrinos que no pudieran desplazarse a Tierra Santa, o en Mérida.


Otros vía crucis conocidos se encuentran en Lourdes, Fátima, Montserrat….



Estaciones



La forma tradicional de esta práctica piadosa antigua como en las siguientes:

 Primera estación: Jesús es condenado a muerte.

Segunda estación: Jesús lleva la cruz.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez.

 Cuarta estación: Jesús encuentra a su madre María.

Quinta estación: Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Sexta estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.

Octava estación: Jesús consuela a las mujeres que lloran por él.

Novena estación: Jesús cae por tercera vez.

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.

Decimotercera estación: Jesús es descendido de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.

Decimocuarta estación: Jesús es sepultado.



El Viernes Santo de 1991​ con la autoría de Juan Pablo II, se creó un nuevo viacrucis con 15 estaciones (el papa añadió una nueva estación) basadas todas ellas en momentos del Nuevo Testamento, ya que el primigenio se basa en pasajes recogidos de la Tradición cristiana, algunos recogidos en los evangelios apócrifos, entre los que se encontraban el encuentro de Jesús con María, su madre y el acto en el que la Santa Mujer Verónica le enjuga el rostro a Jesús.


Este nuevo viacrucis comienza con la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní y finaliza con la Resurrección de Cristo. Fue un intento de acercar ecuménicamente a todas las confesiones cristianas, y aunque se usa alternativamente al tradicional, en ningún caso lo ha sustituido.


El nuevo via crucis es:

Primera Estación: Jesús en el huerto de los Olivos.

Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas, es arrestado.

Tercera Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín

Cuarta Estación: Jesús es negado por Pedro

Quinta Estación: Jesús es condenado a muerte por Pilato

Sexta Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas.

Séptima Estación: Jesús carga la cruz.

Octava Estación: Jesús es ayudado por Simón el Cirineo a llevar la cruz.

Novena Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.

Décima Estación: Jesús es crucificado.

Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón.

Duodécima Estación: Jesús en cruz, su madre y el discípulo

Decimotercera Estación: Jesús muere en la cruz.

Decimocuarta Estación: Jesús es sepultado.

Decimoquinta Estación: Jesús resucita al tercer día de entre los muertos.

Regulaciones actuales sobre las indulgencias


Publicadas en el Enchiridion Indulgentiarum Normae et Concessiones, en mayo de 1986, Librería Editrice Vaticana (Traducción no oficial del inglés por el Padre Jordi Rivero:)

Se concede indulgencia plenaria a los fieles cristianos que devotamente hacen las Estaciones de la Cruz.



El ejercicio devoto de las Estaciones de la Cruz ayuda a renovar nuestro recuerdo de los sufrimientos de Cristo en su camino desde el praetorium de Pilato, donde fue condenado a muerte, hasta el Monte Calvario, donde por nuestra salvación murió en la cruz.

Las normas para obtener estas indulgencias plenarias son:

Deben hacerse ante Estaciones de la Cruz erigidas según la ley.

Debe haber catorce cruces. Para ayudar en la devoción estas cruces están normalmente adjuntas a catorce imágenes o tablas representando las estaciones de Jerusalén.



Las Estaciones consisten en catorce piadosas lecturas con oraciones vocales. Pero para hacer estos ejercicios solo se requiere que se medite devotamente la pasión y muerte del Señor. No se requiere la meditación de cada misterio de las estaciones.

El movimiento de una Estación a la otra. Si no es posible a todos los presentes hacer este movimiento sin causar desorden al hacerse las Estaciones públicamente, es suficiente que la persona que lo dirige se mueva de Estación a Estación mientras los otros permanecen en su lugar.



Las personas que están legítimamente impedidas de satisfacer los requisitos anteriormente indicados, pueden obtener indulgencias si al menos pasan algún tiempo, por ejemplo, quince minutos en la lectura devota y la meditación de la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Otros ejercicios de devoción son equivalentes a las Estaciones de la Cruz, aún en cuanto a indulgencias, si éstos nos recuerdan la Pasión y muerte del Señor y están aprobados por una autoridad competente.



Para otros ritos. Los patriarcas pueden establecer otros ejercicios devotos en memoria de la Pasión y muerte de nuestro Señor, en manera similar a las Estaciones de la Cruz. Dejando claro que todo por lo que Jesús murió en la cruz fue por nosotros, para poder salvarnos.

Los requisitos de arriba son necesarios para obtener las indulgencias, pero siempre que se hacen las Estaciones con devoción en cualquier lugar, ya sea públicamente o en privado, se obtendrán muchas gracias. Claro que deben hacerse de corazón, con sincera intención de conversión.


Las Estaciones de la Cruz se pueden hacer con gran beneficio todo el año y son especialmente significativas durante la Cuaresma. Cada Viernes Santo, el Papa dirige las Estaciones de la Cruz desde el Coliseo en Roma para recordar a los mártires y nuestro llamado a seguir sus pasos.


El Vía Crucis es un modo óptimo de acercarnos al misterio central de la fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A partir de los textos de los santos padres y del magisterio de la Iglesia, este «Vía Crucis del ser humano de hoy» quiere combatir la violencia del mundo la violencia que se infligió a Cristo en la cruz y que hoy se sigue infligiendo a tantos hombres y mujeres mediante la oración y la meditación en el camino de la cruz, camino de la salvación por medio de Jesucristo. El Vía Crucis nos lleva a reflexionar sobre nuestro modo de vivir, nos invita a valorar adecuadamente las diferentes situaciones de nuestra existencia y nos permite ver la realidad con la justa perspectiva: el sufrimiento, al que a menudo nos enfrentamos, puede desembocar en el gozo de la resurrección. Siguiendo los pasos de Jesús, el mal y las limitaciones pueden convertirse en una oportunidad para llevar una vida cimentada en la esperanza y en el amor. Las imágenes o situaciones de lo cotidiano propuestas en cada una de las estaciones de este Vía Crucis nos ayudan a profundizar en el significado de cada etapa y, al mismo tiempo, sirven de llamadas de atención para una relectura de nuestra propia vida a la luz del misterio pascual. Puede ser utilizado en las parroquias y en grupos juveniles, así como en la reflexión personal. Jesús nos ha enseñado con su vida el camino que tenemos que recorrer.


Con cada martillazo en la cruz resuenan en nosotros las voces de los pobres: los que se ahogan en el Mediterráneo, los desempleados, las mujeres víctimas de trata... Pero Cristo vive y con él pervive, para ellos y para todos, la esperanza. Oraciones, lecturas y reflexiones ante una situación política y social que condena la pobreza y a muchos inocentes a morir diariamente.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Estandarte

  Estandarte Del fr. ant. estandart, y este del franco *stand hard”, mantente firme. Es una confección textil con colores y símbolos que rep...