sábado, 6 de enero de 2018

EL BAUTISMO DEL SEÑOR EN EL JORDÁN.




 Dios, con su voz, hace ver al pueblo quién es su Hijo. Se escuchó la voz del Señor entre los hombres. Esa voz poderosa de la que habla el salmo: “La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: « ¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno”. Sal 28, la y 2. 3ac-4. y 9b-10. La voz de Dios resuena por encima del ruido del mundo para manifestar que el amor de Dios es más grande y poderoso. Cristo se inclina ante un hombre, ante Juan, y recibe el sí de su Padre Dios: “Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:-«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.» Mateo 3, 13-17. Jesús se sumerge en las aguas del Jordán para darnos la vida; muere al mundo para nacer a la vida verdadera. Jesús recibe así el sí de Dios a su vida y recibe el amor más grande. Los Padres de la Iglesia siempre nos recuerdan que el sentido del bautismo de Jesús es doble: dejarnos una fuente de limpieza y traernos la Salvación. Nos muestra el camino que tenemos que seguir.
Vamos a tratar de adentrarnos en el misterio de esta fiesta.


EL PRIMER PASO DEL SEÑOR: CRISTO SE SUMERGE EN LAS AGUAS DEL JORDÁN.

La palabra Bautismo se deriva de la palabra griega “baptizein”, que significa lavar o sumergir. Sinembargo, nos pasa como a Juan, que no entendemos que Jesús tenga que pasar por el agua que purifica, porque Él está libre de pecado: “En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»”. Juan duda y teme bautizar a aquel a quien no es digno de desatarle las sandalias. Juan había pedido el arrepentimiento por los pecados cometidos a todo aquel que quisiera ser bautizado. El Bautismo de Juan erael comienzo de una vida nueva, para la cual era fundamental acabar con la vida anterior.


Sin embargo, Jesús no conocía el pecado, no tenía que dejar ninguna vida pasada. ¿Qué
sentido tenía entonces su bautismo? Jesús llevaba 30 años sumergido en el silencio de
Nazaret. El Hijo de Dios permanecía oculto a los ojos de los hombres. El primer paso
para comprender la epifanía de hoy se da cuando miramos a Jesús descender y
sumergirse en el agua el Jordán. Se oculta a los ojos de los hombres aquel que ha estado
oculto hasta ahora; quiere desaparecer bajo las aguas para mostrarnos el camino. Jesús
muere a los ojos del mundo al sumergirse bajo las aguas. Juan se convierte en testigo de
la humillación del hijo de Dios. La humillación de Cristo es el camino de vida que se nos
presenta. Morir al propio orgullo, a la propia vanidad, a los propios planes. Las aguas
cubren la vida para darnos una nueva vida. ¿A qué tenemos que morir en nuestro
corazón para que pueda vencer la vida de Cristo?.



EL SEGUNDO PASO: EL BAUTISMO EN EL JORDÁN ABRE UNA FUENTE DE GRACIA PARA TODOS.

Jesús logra que Juan acceda y le bautice en el Jordán. Dice Jesús: «Déjalo ahora. Está bien
que cumplamos así toda justicia (todo lo que Dios quiere)». Entonces Juan se lo permitió”. Pero
no es fácil de interpretar la respuesta de Jesús. Como dice Benedicto XVI importa el
sentido que se le dé a la palabra justicia: “En el mundo en que vive Jesús “Justicia” es la
respuesta del hombre a la Torá, la aceptación plena de la voluntad de Dios”8. Jesús le da un sí
incondicional a la voluntad de Dios. Es expresión “de solidaridad con los hombres, que se han
hecho culpables, pero que tienden a la justicia”9. Sin embargo, el sentido pleno del Bautismo
de Jesús se manifestará en la cruz, en la que Cristo carga con todos nuestros pecados. De
esta forma se interpreta su inmersión en el Jordán cargado con todas nuestras culpas. El
Bautismo es su muerte por nosotros y su paso a la vida, a la Resurrección. Por el
Bautismo de Jesús hemos sido salvados. El agua que toca a Jesús es el agua de nuestra
salvación, pues nos ha de traer la vida. Su presencia en el agua santifica la vida. Desde
ese momento todos tenemos una fuente de salvación. El agua del Bautismo nos renueva
y nos da vida nueva. Es la gracia que nos colma en el Espíritu. Dice S. Agustín: “El
Salvador quiso bautizarse no para adquirir limpieza para sí, sino para dejarnos una fuente de
limpieza. Desde el momento en que bajó Cristo a las aguas, el agua limpia los pecados de todos”.
Cristo convierte el agua en una fuente de vida para todos. Necesitamos experimentar
tantas veces el perdón y la misericordia en nuestra vida, la fuente de la vida verdadera.
Nos sabemos frágiles y pecadores. Pero el pecado no debe alejarnos de Dios. El otro día
leía:”El hombre percibe la vertiginosa distancia que lo separa del modelo y, avergonzado por su
vulgaridad, abrumado, siente la necesidad de limpiar su corazón de la negrura que lo espesa”  La experiencia de nuestra debilidad nos ha de acercar más al corazón de Dios, a las aguas
que nos purifican. Son aguas que nos liberan del pecado que esclaviza. Así como Josué
cruzó el Jordán para entrar en la tierra prometida (Jue 3,15ss), Jesús lo atraviesa para
llevarnos a la vida. ¿Cuándo recurrimos a recibir esa agua que nos limpia y purifica?.



EL TERCER PASO: CRISTO RECIBE SU MISIÓN JUNTO AL JORDÁN.

 Isaías anticipa los rasgos del Mesías: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero”. El rasgo esencial de Cristo es revelado hoy a todos los hombres: Dios lo ha elegido y lo ha amado, lo ha preferido sobre todo hombre. La predilección de Dios se manifiesta en la fuerza del Espíritu: “Sobre él he puesto mi espíritu”. Cristo recibe el Espíritu en plenitud a través de Juan el Bautista. Dios usa los caminos que quiere y se sirve de nuestra indignidad de un hombre para manifestar su poder. Juan, el pequeño, el más indigno, es el instrumento de Dios para confirmar a Jesús en su misión. Una misión que tiene unos rasgos muy claros en las palabras de Isaías: “Para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas”. Una misión inmensa en las manos de un hombre pobre, hecho de carne como nosotros, pero hijo de Dios. Pedro va a recordar cómo Jesús fue fiel a su misión: “Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.» Hechos de los apóstoles 10, 34-38. Su filiación divina lo llena de poder y lo capacita para la misión. En pocas palabras se resume: “Pasó haciendo el bien”. La conciencia de ser hijo y el amor del Padre lo capacitan para el bien: “Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.» Isaías 42, 1-7. Dios lo ha formado y, en este día del Bautismo, deja caer sobre él todo su poder, su presencia y su amor. En este encuentro de intimidad con su Padre, en el amor del Padre, Cristo se revela como el Hijo enviado a amar al mundo.



EL CUARTO PASO: EL ALIMENTO DE CRISTO ES HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE.

 Es el camino que tenemos que recorrer y con el que concluye este tiempo de Navidad. La
manifestación de Cristo en el Jordán es la manifestación del sentido de nuestra vida:
amar como Dios nos ha amado. Lo único que vale es practicar la justicia, es decir, hacer
la voluntad de Dios y amar como Él nos ama. Es la misión de nuestra vida que se irá
concretando en la medida en que imitemos a Cristo. Como nos lo recuerda S. Vicente de
Paúl: “Debemos imitar lo que Cristo hizo, cuidando de los pobres, consolándolos, ayudándolos y
apoyándolos. Cristo quiso nacer pobre. Dios ama a los pobres y ama a los que aman a los pobres”.
El amor de Dios por nosotros se ha de manifestar en el amor que entreguemos a otros.
Comenta S. Agustín: “Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que
tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues
hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre”. El amor al prójimo, al que está a nuestro
lado, al más necesitado, debería ser el mensaje que nos llevemos grabado en el corazón al
acabar la Navidad. Cristo ha cargado con nuestros pecados para que aprendamos a
amar. Es necesario cargar con aquellos que Dios nos confía, con sus debilidades y
pecados. Hagamos como María, que llevaba todo en su corazón. Ella nos enseña a amar
con humildad y sencillez, sin exigir nada, dándolo todo en cada momento.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.
Fuente: Epifanía del Señor - Bautismo del Señor 6-9 Enero 2011 P. Carlos Padilla.


viernes, 5 de enero de 2018

LETANÍAS DE LOS MAGOS DE ORIENTE



¡Preciosas, para rezar ante nuestro Niño Jesús por toda la humanidad.... y por nuestros difuntos!





LETANÍAS DE LOS MAGOS DE ORIENTE

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, Rey de reyes, óyenos.

Cristo, Señor de los señores, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

Santa María, Reina de reyes, ruega por nosotros.

San José, padre adoptivo del Rey de todos, ruega por nosotros.



Santo rey Gaspar, ruega por nosotros.

Santo rey Melchor, ruega por nosotros.

Santo rey Baltasar, ruega por nosotros.

Santísimos tres Reyes, rogad por nosotros.

Santísimos tres Magos de Oriente, rogad por nosotros.

Reyes de Tarsis, rogad por nosotros.

Reyes de los árabes y de Saba, rogad por nosotros.

Patriarcas de los fieles, rogad por nosotros.

Primicias de los gentiles, rogad por nosotros.

Príncipes de los pueblos, rogad por nosotros.

Vosotros, cuya expectación era Jesús, rogad por nosotros.

Vosotros, cuyo deseo era Jesús, rogad por nosotros.

Vosotros, cuyo gozo perfecto estaba en Jesús, rogad por nosotros.

Ilustrísimos en la fe, rogad por nosotros.

Robustísimos en la esperanza, rogad por nosotros.

Ferventísimos en la caridad, rogad por nosotros.

Esplendidísimos en el oro del amor, rogad por nosotros.

Religiosísimos en el incienso de la devoción, rogad por nosotros.

Incorruptísimos en la mirra de la paciencia, rogad por nosotros.

Profundísimos en la humildad, rogad por nosotros.

Fortísimos en la constancia, rogad por nosotros.

Amplísimos en la gratitud, rogad por nosotros.

Liberalísimos en la munificencia, rogad por nosotros.

Espejos de todas las virtudes, rogad por nosotros.

Vosotros, que aceptasteis reverentemente la divina inspiración al ver la estrella, rogad por nosotros.

Vosotros, que correspondisteis con diligente voluntad a la gracia eficaz, rogad por nosotros.

Vosotros, que dejasteis vuestra tierra y vuestros parientes y amigos por amor del Rey celestial, rogad por nosotros.

Vosotros, que no temisteis las molestias y dificultades del viaje, rogad por nosotros.

Vosotros, que indagasteis en Jerusalén por el recién nacido Rey de los Judíos, rogad por nosotros.

Vosotros, que confesasteis intrépidamente la fe en Cristo delante de Herodes, rogad por nosotros.

Vosotros, que fuisteis informados sobre el lugar de nacimiento del Mesías según las Escrituras por los Escribas y Fariseos, rogad por nosotros.

Vosotros, que fuisteis despachados a Belén por Herodes, rogad por nosotros.

Vosotros, que os llenasteis de gran gozo al ver de nuevo la estrella, rogad por nosotros.

Vosotros que la seguisteis mientras os guió hasta posarse sobre el lugar donde se hallaba el Niño, rogad por nosotros.

Vosotros, que, entrando en la casa, encontrasteis al Niño con María, su Madre, rogad por nosotros.

Vosotros, que, adelantándoos, adorasteis al Niño sentado sobre el virginal regazo, rogad por nosotros.

Vosotros, que, abriendo vuestros tesoros, ofrecisteis al Niño oro incienso y mirra, rogad por nosotros.

Vosotros, que testimoniasteis vuestra fe a todo el orbe mediante el misterio de vuestros dones, rogad por nosotros.

Vosotros, que declarasteis a Jesús Rey por el oro, Dios por el incienso y hombre mortal por la mirra, rogad por nosotros.

Vosotros, que proveísteis de qué vivir al Niño Jesús para cuando tuvo que huir a Egipto, rogad por nosotros.

Vosotros, que por vuestra humilde adoración nos disteis ejemplo de todas las virtudes, rogad por nosotros.

Vosotros, que nos enseñasteis a ofrecer a Dios el oro de la caridad, el incienso de la oración y la mirra de la paciencia, rogad por nosotros.

Vosotros, que, después de adorar al Señor y ofrecerle vuestros dones, saludasteis humildemente a la Santísima Virgen Madre y a san José, su esposo, rogad por nosotros.

Vosotros, que recibisteis con gozo la gratitud de la misma Santísima Virgen y su virginal esposo José por los obsequios ofrecidos, rogad por nosotros.

Vosotros, que os encomendasteis, junto con vuestros reinos y los pueblos gentiles a Cristo, a la Santísima Virgen y a su esposo rogad por nosotros.

Vosotros, que partisteis de la presencia de la misma Santísima Virgen y de su esposo con felicísimos augurios de toda clase de bienes, rogad por nosotros.

Vosotros, que, habiendo sido instruidos por la advertencia del ángel en sueños de no volver a la presencia de Herodes, regresasteis a vuestros países por otro camino, rogad por nosotros.

Vosotros, que, por mandato divino, burlasteis a Herodes, rogad por nosotros.

Vosotros, que librasteis prudentemente al Niño Jesús, del peligro de ser matado, rogad por nosotros.

Santísimos tres Reyes, rogad por nosotros.

Nosotros, pecadores, os rogamos, oídnos.

Para que pidáis para nosotros una verdadera y perfecta contrición, os rogamos, oídnos.

Para que os dignéis aceptar ser nuestros patronos, os rogamos, oídnos.

Para que queráis reconciliarnos con el Rey de reyes y encomendarnos y presentarnos a Él, os rogamos, oídnos.

Para que ilustréis nuestras almas con vuestras virtudes, os rogamos, oídnos.

Para que nos obtengáis el oro de la caridad, el incienso de la devoción y la mirra de la mortificación, os rogamos, oídnos.

Para que merezcamos buscar y encontrar con vosotros a Cristo, nuestro Rey y Señor, os rogamos, oídnos.

Para que confesemos intrépidamente nuestra fe en Cristo frente a los herejes e infieles, os rogamos, oídnos.

Para que nunca volvamos a Herodes, es decir a los halagos del mundo y los deseos nocivos, en los cuales no se encuentra a Cristo, os rogamos, oídnos.

Para que al final lleguemos con vosotros por otro camino a la patria celestial, os rogamos, oídnos.

Para que nos asistáis en la agonía, cuando debamos abandonarlo todo, os rogamos, oídnos.

Para que enriquezcáis nuestra pobreza con vuestros preciosos dones, os rogamos, oídnos.

Para que inspiréis a la Iglesia militante un mayor amor y culto hacia vosotros, os rogamos, oídnos.

Para que preservéis, protejáis y defendáis con vuestro patrocinio a vuestros devotos y a los lugares destinados a vuestro culto de las insidias de los adversarios, de los desórdenes de la guerra, de los insultos de los enemigos, del hambre y de la peste, os rogamos, oídnos.

Para que mantengáis lejos de nosotros a los herejes pertinaces, os rogamos, oídnos.

Para que obtengáis a todos en cuyas manos está promover la santa religión el auxilio de la gracia eficaz, os rogamos, oídnos.

Para que, movidos por las plegarias y buenas costumbres del pueblo, nunca desamparéis los lugares donde sois honrados, os rogamos, oídnos.

Para que obtengáis a vuestros devotos la perseverancia y la gracia final, os rogamos, oídnos.



Para que os dignéis atendernos, os rogamos, oídnos.



Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosostros.

Cristo, Rey de reyes, óyenos.

Cristo, Señor de los señores, escúchanos.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Padre nuestro...

V. Y no nos dejes caer en la tentación.

R. Mas líbranos del mal.



V. Tres son los dones preciosos.

R. Que ofrecieron al Señor los Magos.

V. Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán regalos.

R. Los reyes de los árabes y de Saba llevarán dones.

V. Señor, escucha mi oración.

R. Y mi clamor llegue a Ti.



Oremos:



Oh Dios, que iluminaste admirablemente a los tres magos orientales y santos reyes Gaspar, Melchor y Baltasar, para que vieran y honraran a tu Hijo recién nacido en Belén: concédenos que, ayudados por su ejemplo e intercesión e iluminados por la verdadera fe en medio de las tinieblas de este mundo, reconozcamos en Ti a la luz eterna y avancemos con seguridad entre las prosperidades y las adversidades hasta que, apartados todos los obstáculos, lleguemos pronto hasta Ti, que habitas en la luz inaccesible. Por Cristo nuestro Señor. R. Amen.

V. Señor, escucha mi oración.

R. Y mi clamor llegue a Ti.

V. Bendigamos al Señor.

R. A Dios gracias.

V. Y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.


Epifanía del Señor – Los regalos de los reyes magos



Si buscamos en los textos sagrados, tan solo el Evangelio según San Mateo hace referencia a la figura de los magos:

“NACIDO JESÚS EN BELÉN DE JUDEA EN DÍAS DEL REY HERODES, VINIERON DE ORIENTE A JERUSALÉN UNOS MAGOS DICIENDO: ¿DÓNDE ESTÁ EL REY DE LOS JUDÍOS, QUE HA NACIDO? PORQUE SU ESTRELLA HEMOS VISTO EN EL ORIENTE Y VENIMOS A ADORARLE.” MATEO, 2, 1-2



Como comprobamos, en ningún momento habla de la realeza de los visitantes. Incluso, para algunos estudiosos, la palabra magos no hace referencia a que practicaran magia o hechicería, si no que posiblemente hace referencia a “hombres sabios” u “hombres de ciencia”. Además, tal y como reconoce el mismo evangelio, poseían conocimientos de las sagradas escrituras:

“ELLOS LE DIJERON: EN BELÉN DE JUDEA; PORQUE ASÍ ESTÁ ESCRITO POR EL PROFETA: Y TÚ, BELÉN, DE LA TIERRA DE JUDÁ, NO ERES LA MÁS PEQUEÑA ENTRE LOS PRÍNCIPES DE JUDÁ; PORQUE DE TI SALDRÁ UN GUIADOR, QUE APACENTARÁ A MI PUEBLO ISRAEL.” MATEO, 2, 5-6
Sí que se puede llegar a considerar, por los presentes que ofrecieron al recién nacido, que los magos gozaban de una alta posición social.

“Y AL ENTRAR EN LA CASA, VIERON AL NIÑO CON SU MADRE MARÍA, Y POSTRÁNDOSE, LO ADORARON; Y ABRIENDO SUS TESOROS, LE OFRECIERON PRESENTES: ORO, INCIENSO Y MIRRA.” MATEO, 2, 11
Además, los regalos recibidos por Jesús pueden interpretarse desde el simbolismo. El oro simboliza la realeza del niño, el incienso su divinidad, y la mira, usada para embalsamar los cadáveres, representa el sufrimiento y muerte que sufriría el niño.

El número de tres magos fue establecido en el siglo V de manera oficial por el Papa León I, considerando posteriormente, como algunos interpretan, que responde a los tres continentes conocidos en aquel momento: Europa (Melchor), Asia (Gaspar) y África (Melchor). Es por ello que se puede considerar la fiesta de la Epifanía como la manifestación de Jesús al mundo.


En la Epifania del Señor, los reyes magos le llevaron al niño Jesús regalos,  oro, incienso y la mirra, estos también tienen su significado.




El Oro.-  Reconocimiento de Jesús como rey, era costumbre que a los reyes se les llevase oro, no a cualquier persona le regalaban oro, solo a los reyes, Jesús por tanto es Rey.

Incienso.-  El incienso lo utilizaba el sacerdote en el templo cuando ofrecía sacrificios a Dios por el pueblo y obtener así de Dios para el pueblo el perdón de sus pecados, Jesús es el sumo y eterno sacerdote que intercede por nosotros ante el Padre para obtener el perdón de nuestros pecados, de manera que al ofrecerle incienso lo reconocen como intercesor ante nosotros, lo reconocen como salvador porque solo el sacrificio de Cristo nos limpió del pecado.

La mirra.- La mirra era un perfume que se mezclaba con aceite para ungir a los reyes, a los profetas, pero también se usaba para cubrir el cadáver de la persona que fallecía, acuérdense que María Magdalena y otras mujeres fueron al sepulcro para cubrir con mirra el cuerpo del Señor, pero ya no lo encontraron porque había resucitado. La mirra significa que ese niño nacido en Belén es el que va a morir crucificado, para salvarnos porque por sus llagas dice el profeta hemos sido curados.



Celebremos entonces con alegría la Epifania del Señor, la manifestación de Dios a todos los pueblos de la tierra.

Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuente: https://jovenespaponesleon.wordpress.com/2018/01/03/los-magos-de-oriente/

jueves, 4 de enero de 2018

“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?”



En nuestra peregrinación con los misteriosos Magos de Oriente hemos llegado  al  momento  que  san  Mateo  describe así en su evangelio:  "Entraron en la casa (sobre  la  que  se  había detenido la estrella), vieron al niño con María, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). El camino exterior de aquellos hombres terminó. Llegaron a la meta. Pero en este punto comienza un nuevo camino para ellos, una peregrinación interior que cambia toda su vida. Porque seguramente se habían imaginado de modo diferente a este Rey recién nacido. Se habían detenido precisamente en Jerusalén para obtener del rey local información sobre el Rey prometido que había nacido. Sabían que el mundo estaba desordenado y por eso estaban inquietos. Estaban convencidos de que Dios existía, y que era un Dios justo y bondadoso. Tal vez habían oído hablar también de las grandes profecías en las que los profetas de Israel habían anunciado un Rey que estaría en íntima armonía con Dios y que, en su nombre y de parte suya, restablecería el orden en el mundo. Se habían puesto en camino para encontrar a este Rey; en lo más hondo de su ser buscaban el derecho, la justicia que debía venir de Dios, y querían servir a ese Rey, postrarse a sus pies, y así servir también ellos a la renovación del mundo. Eran de esas personas que "tienen hambre y sed de justicia" (Mt 5, 6). Un hambre y sed que les llevó a emprender el camino; se hicieron peregrinos para alcanzar la justicia que esperaban de Dios y para ponerse a su servicio.







Aunque otros se quedaran en casa y les consideraban utópicos y soñadores, en realidad eran seres con los pies en tierra, y sabían que para cambiar el mundo hace falta disponer de poder. Por eso, no podían buscar al niño de la promesa sino en el palacio del Rey. No obstante, ahora se postran ante una criatura de gente pobre, y pronto se enterarán de que Herodes -el rey al que habían acudido- le acechaba con su poder, de modo que a la familia no le quedaba otra opción que la fuga y el exilio. El nuevo Rey ante el que se postraron en adoración era muy diferente de lo que se esperaban. Debían, pues, aprender que Dios es diverso de como acostumbramos a imaginarlo.

Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos.



Debían cambiar su idea sobre el poder, sobre Dios y sobre el hombre y así cambiar también ellos mismos. Ahora habían visto:  el poder de Dios es diferente del poder de los grandes del mundo. Su modo de actuar es distinto de como lo imaginamos, y de como quisiéramos imponerlo también a él. En este mundo, Dios no le hace competencia a las formas terrenales del poder. No contrapone sus ejércitos a otros ejércitos. Cuando Jesús estaba en el Huerto de los olivos, Dios no le envía doce legiones de ángeles para ayudarlo (cf. Mt 26, 53). Al poder estridente y prepotente de este mundo, él contrapone el poder inerme del amor, que en la cruz -y después siempre en la historia- sucumbe y, sin embargo, constituye la nueva realidad divina, que se opone a la injusticia e instaura el reino de Dios. Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios.



Habían venido para ponerse al servicio de este Rey, para modelar su majestad sobre la suya. Este era el sentido de su gesto de acatamiento, de su adoración. Una adoración que comprendía también sus presentes -oro, incienso y mirra-, dones que se hacían a un Rey considerado divino. La adoración tiene un contenido y comporta también una donación. Los personajes que venían de Oriente, con el gesto de adoración, querían reconocer a este niño como su Rey y poner a su servicio el propio poder y las propias posibilidades, siguiendo un camino justo. Sirviéndole y siguiéndole, querían servir junto a él a la causa de la justicia y del bien en el mundo. En esto tenían razón. Pero ahora aprenden que esto no se puede hacer simplemente a través de órdenes impartidas desde lo alto de un trono. Aprenden que deben entregarse a sí mismos:  un don menor que este es poco para este Rey. Aprenden que su vida debe acomodarse a este modo divino de ejercer el poder, a este modo de ser de Dios mismo. Han de convertirse en hombres de la verdad, del derecho, de la bondad, del perdón, de la misericordia. Ya no se preguntarán:  ¿Para qué me sirve esto? Se preguntarán más bien:  ¿Cómo puedo contribuir a que Dios esté presente en el mundo? Tienen que aprender a perderse a sí mismos y, precisamente así, a encontrarse. Al salir de Jerusalén, han de permanecer tras las huellas del verdadero Rey, en el seguimiento de Jesús.




Queridos amigos, podemos preguntarnos lo que todo esto significa para nosotros. Pues lo que acabamos de decir sobre la naturaleza diversa de Dios, que ha de orientar nuestra vida, suena bien, pero queda algo vago y difuminado. Por eso Dios nos ha dado ejemplos. Los Magos que vienen de Oriente son sólo los primeros de una larga lista de hombres y mujeres que en su vida han buscado constantemente con los ojos la estrella de Dios, que han buscado al Dios que está cerca de nosotros, seres humanos, y que nos indica el camino. Es la muchedumbre de los santos -conocidos o desconocidos- mediante los cuales el Señor nos ha abierto a lo largo de la historia el Evangelio, hojeando sus páginas; y lo está haciendo todavía. En sus vidas se revela la riqueza del Evangelio como en un gran libro ilustrado. Son la estela luminosa que Dios ha dejado en el transcurso de la historia, y sigue dejando aún. Mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II, que está aquí con nosotros en este momento, beatificó y canonizó a un gran número de personas, tanto de tiempos recientes como lejanos. Con estos ejemplos quiso demostrarnos cómo se consigue ser cristianos; cómo se logra llevar una vida del modo justo, cómo se vive a la manera de Dios. Los beatos y los santos han sido personas que no han buscado obstinadamente su propia felicidad, sino que han querido simplemente entregarse, porque han sido alcanzados por la luz de Cristo.



De este modo, nos indican la vía para ser felices y nos muestran cómo se consigue ser personas verdaderamente humanas. En las vicisitudes de la historia, han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han elevado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo lo suficiente para dar la posibilidad de aceptar -tal vez en el dolor- la palabra de Dios al terminar la obra de la creación:  "Y era muy bueno". Basta pensar en figuras como san Benito, san Francisco de Asís, santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, san Carlos Borromeo; en los fundadores de las órdenes religiosas del siglo XIX, que animaron y orientaron el movimiento social; o en los santos de nuestro tiempo:  Maximiliano Kolbe, Edith Stein, madre Teresa, padre Pío. Contemplando estas figuras comprendemos lo que significa "adorar" y lo que quiere decir vivir a medida del Niño de Belén, a medida de Jesucristo y de Dios mismo.




Los santos, como hemos dicho, son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún:  sólo de los santos, sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo pasado vivimos revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, siempre se tomó un punto de vista humano y parcial como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?



Queridos amigos, permitidme que añada sólo dos breves ideas. Muchos hablan de Dios; en el nombre de Dios se predica también el odio y se practica la violencia. Por tanto, es importante descubrir el verdadero rostro de Dios. Los Magos de Oriente lo encontraron cuando se postraron ante el niño de Belén. "Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre", dijo Jesús a Felipe (Jn 14, 9). En Jesucristo, que por nosotros permitió que su corazón fuera traspasado, se ha manifestado el verdadero rostro de Dios. Lo seguiremos junto con la muchedumbre de los que nos han precedido. Entonces iremos por el camino justo.




Esto significa que no nos construimos un Dios privado, un Jesús privado, sino que creemos y  nos postramos ante el Jesús que nos muestran las sagradas Escrituras, y que en la gran comunidad de fieles llamada Iglesia se manifiesta viviente, siempre con nosotros y al mismo tiempo siempre ante nosotros. Se puede criticar mucho a la Iglesia. Lo sabemos, y el Señor mismo nos lo dijo:  es una red con peces buenos y malos, un campo con trigo y cizaña. El Papa Juan Pablo II, que nos mostró el verdadero rostro de la Iglesia en los numerosos beatos y santos que proclamó, también pidió perdón por el mal causado en el transcurso de la historia por las palabras o los actos de hombres de la Iglesia. De este modo, también a nosotros nos ha hecho ver nuestra verdadera imagen, y nos ha exhortado a entrar, con todos nuestros defectos y debilidades, en la muchedumbre de los santos que comenzó a formarse con los Magos de Oriente. En el fondo, consuela que exista la cizaña en la Iglesia. Así, no obstante todos nuestros defectos, podemos esperar estar aún entre los que siguen a Jesús, que ha llamado precisamente a los pecadores. La Iglesia es como una familia humana, pero es también al mismo tiempo la gran familia de Dios, mediante la cual él establece un espacio de comunión y unidad en todos los continentes, culturas y naciones. Por eso nos alegramos de pertenecer a esta gran familia que vemos aquí; de tener hermanos y amigos en todo el mundo. Justo aquí, en Colonia, experimentamos lo hermoso que es pertenecer a una familia tan grande como el mundo, que comprende el cielo y la tierra, el pasado, el presente y el futuro de  todas  las  partes de la tierra. En esta gran comitiva de peregrinos, caminamos junto con Cristo, caminamos con la estrella que ilumina la historia.




"Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron" (Mt 2, 11). Queridos amigos, esta no es una historia lejana, de hace mucho tiempo. Es una presencia. Aquí, en la Hostia consagrada, él está ante nosotros y entre nosotros. Como entonces, se oculta misteriosamente en un santo silencio y, como entonces, desvela precisamente así el verdadero rostro de Dios. Por nosotros se ha hecho grano de trigo que cae en tierra y muere y da fruto hasta el fin del mundo (cf. Jn 12, 24). Está presente, como entonces en Belén. Y nos invita a la peregrinación interior que se llama adoración. Pongámonos ahora en camino para esta peregrinación, y pidámosle a él que nos guíe.


Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
Fuente: vigilia con los jóvenes. Discurso del santo padre benedicto xvi, Colonia explanada de marienfeld sábado 20 de agosto de 2005.

martes, 2 de enero de 2018

Santísimo y Dulce Nombre de Jesús


Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo y DulceNombre de Jesús. “Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.



La palabra Jesús es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua” o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.
El Santísimo Nombre de Jesús comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.
San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella y, en el medio, se veía el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ).
Más adelante la tradición devocional le añade un significado a las siglas: "I", Iesus (Jesús), "H", Hominum (de los hombres), "S", Salvator" (Salvador). Juntos quieren decir “Jesús, Salvador de los hombres”.
San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.
El Nombre de Jesús, invocado con confianza:
Brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: "En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien" (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).
Da consuelo en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador el "padre del hijo pródigo" y el buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: "lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre." (Jn. 16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: "Por Jesucristo Nuestro Señor", etc. Así se cumple la palabra de San Pablo: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos." (Flp. 2,10).

    El único camino que conduce a esa hoguera divina (el amor) es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre. (Santa Teresa de Lisieux).




    Bendita salvación que nos trae la Carne y el Corazón del Bendito Niño. Late más fuerte cuanto Él sabe que lo necesitas. Dios es tan grande que puede cubrir toda la tierra de amor y, a la vez tan pequeño, que desea acurrucarse en nuestro corazón cuando somos fieles a su Espíritu. Seamos: sencillos como el Pesebre, pero robustos como la Cruz...Os invito a recitar con cariño ANTE EL NIÑO DE BELÉN...LA LETANÍA DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS...



    + LETANÍA DEL SANTO Y DULCE NOMBRE DE JESÚS



    -Señor, ten piedad de nosotros
    -Cristo, ten piedad de nosotros
    -Señor, ten piedad de nosotros
    -Cristo, óyenos
    -Cristo, escúchanos
    -Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros
    -Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros
    -Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros
    -Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Hijo de Dios vivo, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Esplendor del Padre, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Pureza de la luz eterna, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Rey de la gloria, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Sol de justicia, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Hijo de la Virgen María, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Amable, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Admirable, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Dios fuerte, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Mensajero del plan divino, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Todopoderoso, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Pacientísimo, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Obedientísimo, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Manso y humilde de corazón, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Amante de la castidad, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Dios de paz, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Autor de la vida, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Modelo de virtudes, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Dios nuestro, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Refugio nuestro, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Padre de los pobres, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Tesoro de los fieles, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Pastor bueno, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Luz verdadera, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Sabiduría eterna, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Bondad infinita, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Camino y vida nuestra, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Alegría de los ángeles, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Rey de los patriarcas, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Maestro de los apóstoles, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Doctor de los evangelistas, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Fortaleza de los mártires, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Luz de los confesores, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Pureza de las vírgenes, ten misericordia de nosotros
    -Jesús, Corona de todos los santos, Ten misericordia de nosotros.
    -Senos propicio: perdónanos, Jesús.
    -Senos propicio: escúchanos, Jesús.
    -De todo mal, líbranos, Jesús
    -De todo pecado, líbranos, Jesús
    -De las asechanzas del demonio, líbranos, Jesús
    -Del espíritu impuro, líbranos, Jesús
    -De la muerte eterna, líbranos, Jesús
    -Del menosprecio de tus inspiraciones, líbranos, Jesús
    -Por el misterio de tu santa Encarnación, líbranos, Jesús
    -Por tu Natividad, líbranos, Jesús
    -Por tu Infancia, líbranos, Jesús
    -Por tu Divinísima vida, líbranos, Jesús
    -Por tus Trabajos, líbranos, Jesús
    -Por tu Agonía y Pasión, líbranos, Jesús
    -Por tu Cruz y desamparo, líbranos, Jesús
    -Por tus Sufrimientos, líbranos, Jesús
    -Por tu Muerte y sepultura, líbranos, Jesús
    -Por tu Resurrección, líbranos, Jesús
    -Por tu Ascensión, líbranos, Jesús
    -Por tu Institución de la Santísima Eucaristía, líbranos, Jesús
    -Por tus Gozos, líbranos, Jesús
    -Por tu Gloria, líbranos, Jesús.
    -Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Jesús.
    -Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Escúchanos Jesús.
    -Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros Jesús.
    -Jesús, óyenos.
    -Jesús, escúchanos




    ORACIÓN

    Dios Padre Misericordioso te pedimos que quienes veneramos el Santísimo Nombre de Jesús podamos disfrutar en esta vida de la dulzura de su gracia y de su gozo eterno en el Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen.



    Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.


    Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-el-dia-del-santisimo-nombre-de-jesus-86549

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