viernes, 12 de abril de 2019

SIGNIFICADO DE DOMINGO DE RAMOS




Qué es Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos es el día en que los cristianos conmemoran la entrada de Jesús en Jerusalén y su aclamación como Hijo de Dios.

El Domingo de Ramos es el acontecimiento que marca el fin de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, tiempo en que se celebra la pasión, crucifixión, muerte y resurrección de Cristo.

Jesús entró a Jerusalén montado sobre un asno y fue aclamado como rey por sus seguidores, quienes extendieron mantos, ramas de olivo y de palma a su paso. Gritaban: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”; “¡Hosanna en las alturas!”



Por esta razón, la eucaristía del Domingo de Ramos tiene dos momentos importantes. El primero es la procesión de las palmas y la bendición de las mismas por parte del sacerdote. El segundo es la lectura de la palabra que evoca la Pasión del Señor, en el evangelio de San Mateo.

De allí que el color litúrgico de Domingo de Ramos sea el rojo, ya que se conmemora la Pasión del Señor.

El Domingo de Ramos debe de ser visto por los cristianos como el momento para proclamar a Jesús como el pilar fundamental de sus vidas, tal como lo hizo el pueblo de Jerusalén cuando lo recibió y aclamó como profeta, Hijo de Dios y rey.



¿Qué simbolizan los ramos?

Se da a este día el nombre de Domingo de Ramos precisamente porque Jesús fue obsequiado con innúmeros ramos por sus seguidores, gentes sobre todo humildes.

Los ramos de olivo y de palma son el signo por excelencia de la renovación de la fe en Dios. Se les atribuye ser un símbolo de la vida y resurrección de Jesucristo. 


Asimismo, recuerdan también la fe de la Iglesia en Cristo y su proclamación como Rey del Cielo y de la Tierra.

Durante esta época, es costumbre que las personas tengan en sus casas los ramos benditos. Muchos hacen cruces con las palmas y las ponen o detrás de la puerta, o sobre el crucifijo, o en las imágenes sagradas o los cuadros de motivo religioso.

Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente:significados.com

CARRERA OFICIAL






La carrera oficial es el recorrido obligado que, en muchas localidades españolas, han de efectuar todas las cofradías que realizan estación de penitencia durante la Semana Santa. 


Características

Este recorrido, normalmente engalanado al efecto, se realiza por calles emblemáticas de la localidad, por lo que suele ser lugar privilegiado para ver el paso de las cofradías, a veces incluso desde palcos y sillas de alquiler. 


Suele estar dotado de la llamada tribuna oficial, desde la que presiden las autoridades locales. Normalmente, el recorrido trae consigo el paso de la estación de cada cofradía por la iglesia mayor de la localidad (catedral o colegiata), desde donde emprenden el camino de regreso a su sede. 


El historiador Juan Carrero Rodríguez, en su Diccionario cofradiero define a la carrera oficial como: ​

Calles de la ciudad, fiajadas por la autoridad, por la que han de pasar obligatorialente todas las cofradías en su anual recorrido para cumplir la estación penitencial, y donde en ciertos lugares fijos hay establecidos ciertos controles por el Consejo General [en otros casos, agrupación o federación] de Hermandades y Cofradías para hacer cumplir el horario durante el tránsito.



La carrera oficial y la asociación local de hermandades

La sucesión de vías urbanas que componen la carrera oficial suele ser muy estable, incluso tradición fijada y difícilmente alterable. ​ Por su parte, el horario de paso que le corresponde en ella a cada cofradía se fija anualmente por una asamblea de las corporaciones que van a concurrir a la misma. Esta asamblea se reúne en el seno de la institución que agrupa y gobierna a las corporaciones penitenciales (y normalmente de gloria) de la localidad: denominado unas veces consejo general (Sevilla, Écija), otras agrupaciones (Córdoba, Jaén, o Almería) o federación (Granada).




Esta asociación tiene a su cargo hacer públicos los horarios correspondientes a cada día de la semana, vigilar su cumplimiento por parte de las respectivas cofradías, e incluso —si ese fuera el caso— sancionar el incumplimiento de los mismos. Al efecto, la correspondiente asociación suele disponer a lo largo de la carrera oficial uno o varios puntos de control de paso (palquillos) donde los representantes de la cofradía en cuestión y de la asociación fiscalizadora firman conjuntamente un acta recogiendo el horario de paso efectivo de aquella que luego ha de surtir los efectos pertinentes. 



De este modo, donde la asociación de hermandades disfruta de la concesión municipal para explotar económicamente el alquiler de sillas y palcos dispuestos para presenciar el paso de las cofradías, los beneficios derivados de ello se distribuyen equitativamente entre todas las hermandades que hacen acto de presencia en la carrera,​ salvo que un incumplimiento del horario y los perjuicios que esto conlleva para las otras cofradías concurrentes, dé lugar a una penalización económica de la hermandad contraventora.




Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales

Fuente: wikipedia.org

jueves, 11 de abril de 2019

Las Procesiones: Su origen y su sentido, Sugerencias a los que organizan o participan en las procesiones






La Procesión y la vida

El hombre es un ser en camino. Se va haciendo mientras camina. No puede permanecer quieto; necesita metas que pongan en movimiento todas sus capacidades. El hombre es el ser permanentemente insatisfecho, el que no se conforma, el que camina impulsivamente tras la felicidad.

Y no es posible la aventura de la vida caminando en solitario. Vamos todos en el mismo barco y nuestra suerte está vinculada a la de los demás. Por eso, la fiesta y la procesión son un fuerte correctivo al individualismo insolidario.

En una sociedad tan secularizada como la nuestra, las fiestas y las procesiones siguen gozando de buena salud. No hay fiesta popular que se precie sin su correspondiente procesión.

La gente acude masivamente a las fiestas y a las procesiones porque: hay en ellas un rito que cumplir, un camino que recorrer, una música que disfrutar, una belleza que admirar, un santo a quien implorar, una memoria que acoger, una identidad que reconocer, un futuro que labrar...






Procesiones, ¿para qué?

Quien las observa desde fuera, puede preguntarse para qué sirve mover una imagen de un sitio a otro o hacer con ella un recorrido por la calle. Nos convendrá explicar un poco el significado de la palabra “procesión”.

La palabra “procesión” viene del verbo latino “pro-cedere”, que significa marchar, ir hacia delante.

Cuando esta marcha se realiza con otros, en grupo, suele manifestar el deseo de ir hacia el mismo sitio, la misma meta, alcanzar el mismo objetivo.

Crea en el grupo lazos de unión y se convierte en un lenguaje común de mucha expresividad: manifestaciones, marchas de protesta, desfiles festivos, peregrinaciones, procesiones, etc.

La procesión es una expresión de culto de carácter universal en la que la piedad y la liturgia establecen una relación muy peculiar.






La Eucaristía y la Procesión

La Eucaristía arroja una luz potente sobre el sentido de la procesión: toda procesión parte y al mismo tiempo nos conduce al encuentro de Cristo Salvador, salvación que se hace real y eficaz en la Eucaristía.

De hecho, dentro de la celebración de la Eucaristía tienen lugar una serie de procesiones que son necesarias para el desarrollo de la misma:

la procesión de entrada del ministro y los celebrantes;

la procesión hacia el ambón para proclamar el Evangelio;

la procesión para presentar las ofrendas;

el momento de recibir la comunión, que también se considera procesión.



Variedad de procesiones

Las procesiones cristianas se inician llevando al recién bautizado desde la pila bautismal hasta el altar, signo de que la vida que ha comenzado en el Bautismo ha de ser alimentada en la Eucaristía y en la que encontrará su plenitud.

La piedad popular amplió con el tiempo el número de procesiones, tanto para honrar a la Virgen y a los santos como para meditar los aspectos de la pasión.






Riesgos

Pero las procesiones pueden conllevar también, si no se cuidan, ciertos riesgos, como pueden ser:

Que estas manifestaciones religiosas prevalezcan sobre los sacramentos.

Considerar la procesión como el acto principal de la fiesta.

Convertirla en un acto folclórico o cultural.

Convertirla en mero espectáculo.

Convertirla en manifestación de lujo y ostentación.



Sugerencias

La procesión no es una marcha sin rumbo. Nos convoca, a través de una imagen, alguien que nos conecta con algo que hemos oído, leído o celebrado en la Eucaristía. Ese alguien vive, no es un icono sin vida.






Por eso, algo tan simple como



·         el respeto a la imagen y lo que representa,

·         los adornos y el enrame que lleva,

·         las joyas que porta y la forma de colocarlas,

·         la devoción y el silencio en el recorrido,

·         la dignidad en el vestir y en las palabras,

·         la música o los cantos que suenan,

·         los bailes o los movimientos...

·         tienen que ser acordes con el Misterio de Dios, de la Virgen o de los Santos a los que se recuerdan, y a la dignidad de la persona que lo porta sobre sus hombros o lo acompaña.



Además, sobre las procesiones, hemos de tener en cuenta:



·         Han de tener carácter evangelizador.

·         Con recorridos cortos, concretos y fijos.

·         La organización de los actos religiosos de las fiestas patronales compete a la Parroquia.

·         Es a la parroquia a la que corresponde editar los programas de las fiestas religiosas que organiza.

·         Evitar la multiplicación de procesiones

·         Evitar varias imágenes de la Virgen o de Crucificados en la misma procesión.

·         Consultar al Párroco sobre las procesiones de promesa.






Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales









Fuente:piedadpopular.blogspot.com


martes, 9 de abril de 2019

La Piedad Popular y el "Vía Crucis"






Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el "huerto llamado Getsemani" (Mc 14,32) el Señor fue "presa de la angustia" (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cfr. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cfr. Jn 19,40-42).



Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.



 El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las "caídas de Cristo" bajo el peso de la Cruz; la devoción a los "caminos dolorosos de Cristo", que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las "estaciones de Cristo", esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.



En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.



El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo (cfr. Lc 12,49-50) y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los último días de su Esposo y Señor.



En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23)



Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.



 Para realizar con fruto el Vía Crucis pueden ser útiles las siguientes indicaciones:



- la forma tradicional, con sus catorce estaciones, se debe considerar como la forma típica de este ejercicio de piedad; sin embargo, en algunas ocasiones, no se debe excluir la sustitución de una u otra "estación" por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo, y que no se consideran en la forma tradicional;



- en todo caso, existen formas alternativas del Vía Crucis aprobadas por la Sede Apostólica o usadas públicamente por el Romano Pontífice: estas se deben considerar formas auténticas del mismo, que se pueden emplear según sea oportuno;



- el Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección; tomando como modelo la estación de la Anastasis al final del Vía Crucis de Jerusalén, se puede concluir el ejercicio de piedad con la memoria de la Resurrección del Señor.



Los textos para el Vía Crucis son innumerables. Han sido compuestos por pastores movidos por una sincera estima a este ejercicio de piedad y convencidos de su eficacia espiritual; otras veces tienen por autores a fieles laicos, eminentes por la santidad de vida, doctrina o talento literario.



La selección del texto, teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo, se deberá hacer considerando sobre todo las características de los que participan en el ejercicio de piedad y el principio pastoral de combinar sabiamente la continuidad y la innovación. En todo caso, serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo.



Un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.









Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales









Fuente:piedadpopular.blogspot.com

jueves, 4 de abril de 2019

IDEARIO DE LOS COSTALEROS





Ser costalero es más que llevar el costal, es más que vestirse de una forma especial.

Ser costalero es sentir que estas portando un algo tan especial que el sentimiento te inunda y hasta te hace llorar.

Ser costalero es compartir, es vivir, es sentir tos por igual.

Ser costalero es disfrutar con mi marcha en esa calle peculiar, es animar y ser animado.

Ser costalero es recogerme en el silencio y en la oración.

Ser costalero es sentir una saeta que llega a lo más profundo del corazón.

Ser costalero es unirme a mi hermano en su oración, en su petición, en su plegaria.

 Ser costalero es hacerle partícipe de la mía.

Ser costalero es compartir experiencias que no se pueden describir.

Ser costalero es desfallecer y resurgir.

Ser costalero es llevar bajo el anonimato, el amor a mis tradiciones, a mis raíces y sobre todo a mis titulares.




Artículo enviado por:Jesús Manuel Cedeira Costales

miércoles, 3 de abril de 2019

La Piedad Popular y el "Vía Matris"










Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.



Como Cristo es el "hombre de dolores" (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col 1,20), así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).





Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen.



Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor.





El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.



El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.







Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales









Fuente:piedadpopular.blogspot.com




lunes, 1 de abril de 2019

¿QUE ES LA PAPELETA DE SITIO?





La papeleta de sitio, es el documento que, previo pago de una cuota, adquiere el cofrade para poder participar en la estación de penitencia. Ha de estar firmada por el secretario y en ella, además de señalarse la función que el hermano desempeñará en el cortejo -cirio paso cristo, cirio paso virgen, vara en tal o cual insignia, etc.-, debe figurar la hora a la que el cofrade tendrá que estar en el templo para formar parte del mismo en la salida procesional. 



Al mostrar la papeleta de sitio ante la puerta del templo, el nazareno da por concluida la primera parte de su estación de penitencia, la que realiza en solitario y en silencio desde su casa, siempre por el camino más corto, vestido con su túnica y con el rostro cubierto por el antifaz. Cuando salga de la iglesia para hacer la segunda parte de su estación de penitencia, lo deberá hacer ya integrado en el lugar exacto que tiene asignado dentro del cortejo o procesión.



La papeleta de sitio es lo más parecido al DNI de los cofrades. Se trata de un documento de carácter identificativo gracias al cual se puede participar en el cortejo de la estación de penitencia y en el que se recoge con todo detalle el puesto que el hermano ocupa dentro de la cofradía.


Para retirarla es necesario que el interesado se encuentre al día en el pago de la cuota anual de la hermandad y en algunos casos que abone además un coste adicional que suele variar en función de su lugar dentro del cortejo, siendo los puestos más cercanos a los pasos los más caros de todos. En otros casos, las hermandades tienen integrado este coste dentro de la cuota anual y por tanto no es necesario realizar ningún pago adicional para adquirir la papeleta.



El documento debe estar firmado por el secretario primero de la junta de gobierno y en ella, además de señalarse la función que el hermano desempeñará en el cortejo –cirio, vara, costalero, acólito, etc.–, debe figurar la hora a la que el interesado debe estar en el templo para la estación de penitencia. Por su parte, en el reverso se sitúan las normas y ordenanzas que debe cumplir el hermano para formar parte del cortejo.


Entre ellas, las características del hábito nazareno, el calzado y los calcetines, la prohibición de anillos –salvo la alianza– y otros elementos identificativos. También, y como recogen las Reglas, que debe llegar al templo en solitario y en silencio, por el camino más corto desde su casa, vistiendo la túnica de nazareno y con el rostro cubierto por el antifaz. Un rito que debe repetirse una vez que se recoja la cofradía.


El formato de las papeletas de sitio ha evolucionado mucho durante los últimos años. De hecho, hay algunas hermandades que incluso incluyen una fotografía del hermano para facilitar así su identificación. Para retirarla, cada corporación habilita un plazo de recogida, habitualmente entre una y dos semanas durante la Cuaresma, que suele entenderse como una de las grandes tradiciones del cofrade durante el tiempo de víspera.



Para evitar las largas colas que se producen en cofradías con cortejos amplios se ofrece la opción de que los hermanos puedan hacer la reserva online de las papeletas de sitio o incluso retirarlas por internet. Un avance que, eso sí, aún no ha llegado a todas las hermandades.






Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales
  
Fuentes:
elcorreoweb.es
sevillapedia

jueves, 28 de marzo de 2019

Y PARA QUÉ SIRVE UN PREGÓN DE SEMANA SANTA







Sí: para qué sirve dar un pregón de Semana Santa, si siempre se dice más o menos lo mismo. Si ya sabemos de lo que se va a hablar. En este mes a lo largo y ancho de la Archidiócesis tendrán lugar numerosos pregones. 


Unos con más calidad literaria, otros con menos. Unos con más tradición, otros recién creados. Unos con más identidad cristiana y compromiso eclesial, otros con menos. ¿De verdad hacen falta tantos pregones?




Aunque algunos digan que es pecar de optimismos, es positivo e importante que tantas personas, en distintos lugares, nos hablen de los misterios de la Pasión a través de lo que significan las hermandades. En muchos de esos casos, las propias hermandades intentan escoger para su pregón a hombres y mujeres que nos hablen de la Semana Santa desde su vivencia personal. 


Sólo por eso, cada pregón es distinto. Cada uno de ellos es una experiencia, una vida, una emoción, relacionada con las cofradías y con el Señor y la Virgen Santísima.




Decimos que necesitamos heraldos que nos den testimonio de por qué han puesto su confianza en Jesucristo, plasmada en la devoción a una imagen. Es cierto que la piedad popular necesita constantemente ser revisada y purificada, como a las demás formas de acercarse a Dios nuestro Señor (también necesita constante revisión y purificación la teología). 


Pero en un pregón sincero, nacido de un alma creyente que sienta con y para la Iglesia, encontramos la sencilla inmediatez de una confesión a corazón abierto, como lo muestra la pasión que pone un pregonero al declamar sus palabras, pasión que pone también quien quiere escucharle.




¿Para qué sirve un Pregón de Semana Santa?

Pues para escuchar a alguien hablar de su fe. Aunque nos suene a lo de siempre, cada pregón será una confesión nueva. La fe es siempre la misma, que para eso Cristo la dejó depositada en manos de Pedro y los demás apóstoles, para que la custodiara hasta el fin de los tiempos. Siempre la misma fe, siempre el mismo pregón, pero voces y vivencias diferentes. Eso sí, no habrá pregón como tal y que, por tanto, deba llevar ese nombre, que no tenga presente esa dimensión fundamental de la fe. Pueden que se tenga una buena pieza literaria, pero no será un pregón de Semana Santa. 



El reconocimiento a todos los que se atreven a ponerse delante de un micrófono, y antes han estado semanas y semanas buscando palabras bellas y adecuadas para intentar contar lo que muchas veces no se puede describir porque pertenece a la esfera de los espiritual y de los sentimientos. Pregoneros de tantos pueblos de nuestra Archidiócesis que, cualidades como escritores u oradores aparte, han puesto la sinceridad de su fe (y en muchas ocasiones, la intimidad de su historia personal forjada desde la configuración con la cruz del Señor) a disposición de los que les escuchaban.




Así pues, por casi todos los rincones de nuestra Archidiócesis ya ha quedado pregonada la Semana Santa. Ahora no la desaprovechemos. No nos referimos, claro está, sólo a contemplar nuestras admirables cofradías. Nos referimos a vivir el Triduo Pascual, participando de la Misa de la Cena del Señor en el Jueves Santo, Día del Amor Fraterno. Y de la Celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo. Pero sobre todo, a la Vigilia Pascual. Si no tomamos parte en la Pascua de Resurrección, por muchos bellos pregones de Semana Santa que hagamos o escuchemos, vana será nuestra fe.



 Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuentes: Marcelino Manzano.

www.archisevilla.org

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